Los grandes escenarios del fútbol premian algo más que el talento: aprender del fracaso y desarrollar resiliencia son claves para el éxito a largo plazo en la élite.
Los sistemas educativos sólidos desempeñan un papel decisivo en el desarrollo de los jugadores, y existe una clara correlación entre el aprendizaje, el criterio y el éxito en el fútbol de alto nivel.
Alessandro Del Piero y Arsène Wenger abordaron estos temas junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el acto Davos Kick-off para la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Un campeón del mundo y un Invencible subieron al escenario de Davos para explicar por qué las mayores lecciones del fútbol suelen aprenderse mucho después del pitido final.
En la sesión Davos Kick-off para la Copa Mundial de la FIFA 2026, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y las leyendas del fútbol Alessandro Del Piero y Arsène Wenger hablaron de lo que hace tan especial al deporte rey y de qué esperar del torneo de este verano.
Por primera vez, 48 equipos competirán en tres países —Canadá, México y Estados Unidos— en lo que promete ser la Copa Mundial más grande de la historia. Pero, como dejaron claro Infantino, Del Piero y Wenger, el torneo abarca mucho más que cifras, sedes o trofeos.
Infantino abrió la sesión presentando el fútbol como una fuerza con un poder social único. Al mostrar un balón, lo llamó «un instrumento mágico que transforma a las personas en personas felices» y sostuvo que el fútbol puede cambiar el estado de ánimo de individuos, comunidades e incluso naciones. «No hay nada en ninguna parte que se acerque a lo que hace el fútbol», afirmó, aludiendo a su impacto económico, pero también a su capacidad para unir a las personas en momentos de alegría compartida.
Del Piero se hizo eco de esa idea del fútbol como un viaje humano al recordar la victoria de Italia en la Copa Mundial de 2006. Levantar el trofeo, dijo, te hace sentir «completo como futbolista, por supuesto, y también como ser humano». Sin embargo, su trayectoria no fue una sucesión ininterrumpida de éxitos. Del Piero habló con franqueza de la importancia de los errores y las derrotas, sobre todo para los jóvenes jugadores que avanzan por el sistema.
«También es bueno cometer errores», dijo. «Hay que equivocarse para crecer. Hay que perder partidos para [ganar] partidos… se aprende mucho más de las derrotas que de las victorias». Para Del Piero, el fracaso no es algo que haya que temer ni ocultar, sino una parte esencial del desarrollo. La presión actual sobre los jóvenes deportistas, amplificada por las redes sociales, puede generar miedo a equivocarse y, en última instancia, limitar el crecimiento. La resiliencia, sostuvo, se construye con la experiencia: afrontando la derrota, la presión y la decepción mucho antes de que los jugadores lleguen a la élite.
Wenger retomó esa idea y la extendió más allá del terreno de juego. Ahora, como director de Desarrollo Global del Fútbol de la FIFA, lleva años examinando por qué algunas naciones triunfan de forma constante. Una conclusión destaca sobre las demás. «Había una enorme correlación entre la calidad de la educación y la clasificación en la categoría absoluta», explicó. Los países con bases educativas más sólidas suelen rendir mejor en la élite del fútbol, no por casualidad, sino porque la educación moldea el criterio, la toma de decisiones y la capacidad de seguir aprendiendo a lo largo de la carrera.
Para Wenger, la educación futbolística no consiste solo en ejercicios o tácticas. «El error es educativo», afirmó. Hay que animar a los jóvenes jugadores a probar, tomar la iniciativa y procesar información con rapidez. Esa capacidad —reconocer situaciones, recordar experiencias pasadas y responder con decisión— es lo que distingue a los jugadores de élite del resto. En este sentido, la educación sustenta la resiliencia: proporciona a los jugadores las herramientas para adaptarse cuando las cosas salen mal.
Al volver la conversación a la Copa Mundial, ambos hablaron de la alegría, una palabra que Del Piero repitió varias veces. En un mundo volátil, el fútbol ofrece momentos de felicidad colectiva y conexión. El torneo de 2026, con su formato ampliado y alcance mundial, pondrá a prueba a los jugadores tanto mental como físicamente. También mostrará los valores que sostienen este deporte: aprender del fracaso, invertir en educación y desarrollar resiliencia con el tiempo.
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