Deberías leer con tus hijos incluso después de que aprendan a leer. Esta es la razón

Children read books at Montevideo's Independencia square while participating in the activity "Al Aire Libro" that encourages reading in public spaces, September 4, 2015. REUTERS/Andres Stapff - RTX1R5PA
Research has typically found that shared reading experiences are highly beneficial for young people.Image: REUTERS/Andres Stapff
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Muchos recordamos lo agradable que era leer juntos: que nos leyeran y compartir la lectura con nuestros padres. Sin embargo, mi investigación ha descubierto que, de los 997 alumnos de 4.º y 6.º curso de 24 escuelas que participaron en el Estudio de Australia Occidental sobre la lectura de libros infantiles de 2016, casi tres quintas partes afirmaron que nadie les leía en casa.

Algunos de estos niños también participaron en entrevistas en las que les pregunté qué pensaban de la lectura compartida. A unos pocos no les importaba que ya no les leyeran, pero otros se sintieron decepcionados cuando dejaron de hacerlo. Por ejemplo, cuando le pregunté a Jason cómo había sido que sus padres le leyeran, explicó:

… más o menos dejaron de hacerlo cuando aprendí a leer. Sabía leer, pero aun así me gustaba que mi mamá me leyera.

Su experiencia es común; otras investigaciones recientes sugieren que más de un tercio de los encuestados australianos de entre seis y 11 años cuyos padres habían dejado de leerles querían que siguieran haciéndolo.

Pero ¿por qué es tan importante que sigamos leyendo con nuestros hijos todo el tiempo que podamos?

Las investigaciones suelen demostrar que las experiencias de lectura compartida son muy beneficiosas para los jóvenes. Entre sus beneficios están enriquecer la exposición al lenguaje y favorecer el desarrollo de las habilidades de escucha, la ortografía, la comprensión lectora y el vocabulario, además de sentar las bases esenciales de la alfabetización. También se valoran como una oportunidad para que padres e hijos compartan un momento y fomenten actitudes positivashacia la lectura.

Leer en voz alta a los niños también beneficia a su desarrollo cognitivo, ya que la lectura entre padres e hijos activa zonas del cerebro relacionadas con la comprensión narrativa y la creación de imágenes mentales. Aunque la mayoría de las investigaciones en este ámbito se centra en los niños pequeños, eso no significa que estos beneficios desaparezcan de algún modo a medida que crecen.

Las actitudes de los jóvenes hacia la lectura reflejan sus experiencias de lectura en casa y en la escuela durante la infancia y después, por lo que ofrecer en casa una experiencia agradable de lectura compartida puede ayudar a que nuestros hijos se conviertan en lectores para toda la vida.

Sin embargo, no todas las experiencias de lectura compartida son agradables. Algunos niños describieron experiencias poco satisfactorias cuando les leían, y por lo general no disfrutaban leyendo con padres distraídos o demasiado críticos. En algunos casos, los padres intentaron delegar esta responsabilidad en los hermanos mayores, con resultados dispares.

Aunque muchos niños disfrutaban mucho de los aspectos sociales de leer y de que les leyeran, y valoraban ese tiempo con sus padres, también sentían que aprendían de esas experiencias. Por ejemplo, consideraban que escuchar les daba la oportunidad de ampliar el vocabulario y mejorar la pronunciación. Gina recordó lo que perdió cuando sus padres dejaron de leerle:

… cuando me leían de pequeña, aprendía palabras; me gustaría aprender más palabras con los libros más largos y saber qué significan para poder hablar más sobre ellos.

Del mismo modo, Craig explicó que el hecho de que le leyeran le dio una ventaja académica en lectoescritura, porque «me enseñaban a decir más palabras» y «por eso voy por delante de todos en ortografía, lectura e inglés». Craig se sintió decepcionado cuando dejaron de hacerlo «solo porque mi mamá pensó que ya era lo bastante listo para leer solo y empezó a leerme libros por capítulos».

Además, a veces los niños tenían mucho miedo de leer en voz alta en clase, y ese temor podría reducirse si tuvieran más oportunidades de practicar en casa.

La ansiedad de Hayden al leer en voz alta en la escuela se debía a su falta de confianza y a que tendía a comparar sus habilidades con las de sus compañeros. Se describió así: «siempre estoy de pie ahí temblando, me tiemblan las manos, no quiero leer, así que simplemente empiezo a leer. Y sueno bastante raro». Nadie leía con él en casa, así que tuvo pocas oportunidades de ganar confianza y mejorar sus habilidades.

Esta investigación sugiere que no deberíamos dejar de leer con nuestros hijos solo porque hayan aprendido a leer por su cuenta.

Deberíamos seguir leyendo con nuestros hijos hasta que ya no quieran compartir la lectura con nosotros, y procurar que estas experiencias sean agradables, pues pueden influir en sus futuras actitudes hacia la lectura y, además, desarrollar su confianza y competencia como lectores. Vale la pena hacer un esfuerzo por encontrar tiempo para compartir esta experiencia con nuestros hijos durante sus primeros años y después.

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