Cómo las universidades de MENA pueden convertir la región en el próximo centro tecnológico del mundo

Visitors look at a model of King Abdullah University of Science and Technology (KAUST) displayed at the opening ceremony of the university in Jeddah September 23, 2009.
In the past 20 years, the MENA region has seen a growth in the creation of new universities.Image: REUTERS/Susan Baaghil
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Las universidades están en el centro de algunos de los ecosistemas de innovación económica más reconocidos de nuestra época. Aunque tradicionalmente se han considerado conservadoras, las instituciones de élite actuales están en el epicentro de Silicon Valley, la Ruta 128 y Cambridgeshire, por citar algunos ejemplos.

Su influencia ha sido, con frecuencia, no planificada e imprevista, incluida la creación por parte de desertores universitarios de cinco de las empresas públicas más valiosas del mundo. ¿Puede la planificación hacer este proceso más eficiente?

Las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial están alterando las industrias de casi todos los países, anunciando la transformación de sistemas enteros de producción, gestión, gobernanza y empleo. El mundo vuelve a presenciar una época tecnológica que afectará al futuro de todos.

Algunas naciones están más preparadas que otras para esta disrupción.

Los países previsores, entre ellos muchas naciones de MENA, están respondiendo con programas de transformación nacional de visión de futuro. Tomemos como ejemplo Omán 2040, que establece como una de las prioridades nacionales del Sultanato «la educación inclusiva, el aprendizaje permanente y la investigación científica que conducen a una sociedad del conocimiento y a talentos nacionales competitivos». La visión Centenario de los Emiratos Árabes Unidos 2071 es otro ejemplo, con su objetivo nada menor de convertir a los EAU en el mejor país del mundo mediante la educación y un enfoque en la tecnología avanzada y la ingeniería.

La Visión 2030 de Arabia Saudí es realmente transformadora tanto en sus ambiciones como en su alcance. Uno de sus tres temas clave se titula Una Nación Ambiciosa, cuyo eje central son los proyectos visionarios de NEOM, una megaciudad del futuro, y la Red Sea Development Company, la punta de lanza de la nueva estrategia turística de Arabia Saudí. La magnitud y amplitud de estos proyectos exigen literalmente que las nuevas innovaciones y tecnologías sean fundamentales para su realización.

En los últimos 20 años, la región de MENA ha experimentado un crecimiento en la creación de nuevas universidades: desde la Gulf University for Science and Technology de Kuwait, en 2002, y mi propia institución, la King Abdullah University of Science and Technology (KAUST), en 2009, hasta la Hamad Bin Khalifa University de Catar (2010) y la National University of Science and Technology de Omán, que abrió sus puertas en septiembre de 2018.

A escala mundial, estas universidades de ciencia y tecnología (USTs) obtienen mejores resultados que las universidades tradicionales gracias a su combinación única de investigación de alta calidad y un enfoque intensivo en la innovación, como muestra el gráfico siguiente.

Image: Times Higher Education

En algunos casos, al financiar estas nuevas instituciones, los dirigentes de cada país pueden haberlo hecho pensando en los programas de transformación nacional de su país. En el contexto de estos planes, las universidades se convierten en mecanismos de ejecución singularmente adecuados: soluciones milagrosas que harán realidad estas ambiciosas transformaciones nacionales y lo harán gracias a su enfoque natural en la colaboración, las alianzas y la sinergia entre los pioneros de la ciencia y la tecnología y la industria. Sin embargo, ¿están estas instituciones, innatamente conservadoras, posicionadas correctamente para desempeñar este papel del siglo XXI?

¿El próximo gran centro tecnológico del mundo?

Mi respuesta sería un «sí» con matices. Las USTs de la región de MENA están idealmente situadas, por temperamento y geografía, para asumir este desafío. Tienen el potencial de crear el próximo gran centro tecnológico del mundo, situado geográficamente a medio camino entre Silicon Valley y Shenzhen. Son instituciones jóvenes, ágiles, dinámicas y orientadas al exterior, y libres de convenciones obsoletas. Y están a la vanguardia de la investigación que impulsa la Cuarta Revolución Industrial.

La KAUST, por ejemplo, fue creada para la búsqueda y el avance del conocimiento científico y su amplia difusión y aplicación benevolente en cuatro áreas estratégicas nacionales y globales: alimentos, agua, energía y medio ambiente. Además, la KAUST ha incorporado la simulación computacional y el modelado en su ADN, para optimizar procesos importantes que contribuirán al progreso en las áreas mencionadas.

Así, la KAUST ha puesto en funcionamiento dos supercomputadoras clasificadas entre las 15 más potentes del mundo y, hasta 2018, fue la única universidad del mundo que operaba este tipo de máquinas en beneficio de sus propios investigadores y de sus colaboradores directos. La informática es el principal ámbito de investigación para un 46 % sin precedentes del profesorado de la KAUST contratado a escala mundial. En el futuro, la KAUST desarrollará nuevas iniciativas en IA y aprendizaje automático, para aplicarlas a la misma cartera de descubrimiento científico y diseño de ingeniería.

Y, como las mejores USTs, hemos creado un entorno propicio para albergar centros de investigación de corporaciones multinacionales. De hecho, SABIC, Dow y Saudi Aramco ya tienen presencia física en el parque de investigación y tecnología, construido específicamente, de nuestro campus.

En total, tenemos 55 alianzas industriales con 26 socios y, a partir de ello, estamos viendo los inicios de un ecosistema de investigación industrial que puede escalarse para alcanzar objetivos económicos nacionales. Además, si pensamos como región y como posible colectivo de universidades pioneras, las USTs de esta región pueden convertirse en un ecosistema verdaderamente global de ciencia y tecnología y en un centro global entre Oriente y Occidente.

El espíritu emprendedor en su ADN

En su esencia, las USTs también son incubadoras de emprendimiento. Y quienes nos encontramos en la región de MENA podemos asegurar que nuestras startups puedan atender necesidades regionales desatendidas, al tiempo que catalizan el internacionalismo en toda la región.

Esto requiere apoyo, tanto en términos de financiación como de mentoría. La KAUST realiza inversiones de capital riesgo en startups de alta tecnología, desde la fase semilla (menos de 200 000 dólares) hasta las fases iniciales (hasta 2 millones de dólares), y se convierte en socia estratégica a largo plazo de estas empresas.

Este enfoque ya ha dado frutos considerables. Entre nuestros éxitos empresariales en fase inicial se cuentan MEDAD Technologies, que ha inventado un proceso de desalinización de agua de mar con energía solar que produce agua potable barata y de bajo consumo energético. FalconViz es una empresa registrada en Arabia Saudí centrada en el levantamiento topográfico y la cartografía 3D mediante sistemas aéreos no tripulados (UAS), con integración autónoma de aviones, helicópteros y soluciones de software 3D. Iyris Technology es una spin-off que trabaja en ventanas solares inteligentes capaces de convertir la luz solar incidente en electricidad.

¿Por qué solo un «sí» con matices?

Lo cierto es que las USTs se enfrentan a varios desafíos. En primer lugar, necesitan poder adaptarse constantemente. Al principio, esto era sencillo. Fueron fundadas como impulsoras del cambio, pero, a medida que maduran, corren el riesgo de quedarse atrás. Esto es especialmente cierto en Oriente Medio, donde el ritmo y la amplitud de las reformas son realmente impresionantes. Por ello, las universidades deben arraigar la agilidad en su cultura organizativa si quieren seguir respondiendo a las transformaciones nacionales.

También existe la cuestión de la autonomía institucional frente a la rendición de cuentas ante las partes interesadas.

Si bien la KAUST goza de independencia financiera gracias a su dotación, esto no significa que estemos por encima del escrutinio. Las USTs como la KAUST deben demostrar constantemente su valor y su retorno de la inversión ante partes interesadas cada vez más preocupadas por el impacto. En este contexto, el valor intrínseco de la investigación básica también debe justificarse, ya que siempre ha sido fundamental para las innovaciones que, en última instancia, impulsan las transformaciones económicas.

A su vez, los líderes institucionales deben navegar y equilibrar múltiples preocupaciones en conflicto, como: la economía a corto plazo frente a la visión académica a largo plazo; la autonomía institucional frente a la rendición de cuentas ante las partes interesadas; las agendas locales frente a las globales; los ideales académicos frente a las realidades políticas y sociales; y los horizontes a corto frente a los de largo plazo.

Por lo tanto, posicionar a las universidades, y en especial a las USTs, frente a los planes nacionales de transformación exige cierta transformación de la idea tradicional de universidad. Deben estar mucho más orientadas al exterior y conectadas que el modelo organizativo del siglo XX. Necesitarán ser proactivas y convertirse en asumidoras de riesgos, ya que eso también es un ingrediente clave de la innovación. Sus estructuras de gobernanza y operativas deberán ser más resilientes y flexibles, ya que serán los cimientos sobre los que puedan surgir el riesgo, la creatividad y, en última instancia, la innovación transformadora.

Sobre todo, estas universidades del siglo XXI deberán estar abiertas a la adaptación y resistirse al impulso institucional de adoptar convenciones rígidas. En resumen, las universidades más exitosas se volverán transformadoras por naturaleza. Para ello, creo que las universidades deberán abrirse e involucrarse más con la sociedad y sus partes interesadas.

Más allá de las universidades, es probable que las naciones más exitosas sean aquellas capaces de crear un ecosistema en el que las USTs puedan prosperar académicamente y, al mismo tiempo, contribuir a las prioridades de transformación nacional. Por eso países como Arabia Saudí, y otros de la región, marcan el ritmo y muestran cómo las universidades pueden posicionarse de verdad como parte del cambio transformador nacional.

Debido a las innovaciones tecnológicas, la evolución demográfica de la población, las prioridades de sostenibilidad y otras influencias quizá imprevistas, la próxima década podría dar lugar a un mundo apenas reconocible hoy. En este escenario, la importancia de las universidades de investigación para sus sociedades y economías de acogida puede aumentar considerablemente, siempre que aprendan a comunicarse mejor y que las sociedades comprendan y preserven los papeles complementarios de sus universidades.

Las USTs no solo están ayudando a transformar economías y sociedades; también están transformando la propia idea de universidad y el lugar de la academia en el siglo XXI.

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