Como quizá sepan, creo sinceramente que todo ser humano está hecho para hacer el bien, ¡sí, incluso los banqueros! Por eso me alegra mucho regresar al Foro Económico Mundial. Davos es conocido como un encuentro de personas muy importantes y, bueno, tengo un mensaje muy importante que transmitir.
La humanidad ha logrado grandes avances en las últimas décadas, de eso no cabe duda. Hay millones más de niños escolarizados, la salud general y la esperanza de vida mejoran en todo el mundo, y se está cerrando la brecha entre los países ricos y los pobres. Pero, por supuesto, esta no es toda la historia. Al mismo tiempo, también estamos viendo un fuerte aumento de la desigualdad, especialmente de la desigualdad de ingresos. Los ricos son cada vez más ricos, mientras que todos los demás parecen ir hacia atrás.
Ya no podemos ignorar esta creciente distancia entre ricos y pobres: corremos el riesgo de deshacer todos los avances que hemos logrado y de hacer que el mundo sea aún más incierto y volátil. Es hora de cerrar la brecha. Es hora de hablar de cambios reales para que el mundo sea más equitativo.
Incluir la equidad en la agenda
¿Qué significa «equidad»? Significa justicia. No significa que todo el mundo viva de la misma manera; al fin y al cabo, elegimos caminos distintos y debemos valorar nuestra rica diversidad. Pero sí significa igualdad de oportunidades: igualdad de acceso a la atención sanitaria, la educación, un trabajo digno y un salario justo.
Sé que en Davos conoceré a muchos hombres y mujeres poderosos. Han trabajado duro, han aprovechado los talentos que Dios les ha dado y se han convertido en algunos de los empresarios, políticos y agentes de cambio más exitosos del mundo. Pero cuando pensamos en el mundo que hemos creado para nuestros hijos, no miramos a estas figuras ilustres. No: al juzgar nuestro éxito, debemos fijarnos en los más desfavorecidos.
El mundo visto desde Davos parece muy alejado del sufrimiento y la degradación de los países y comunidades más pobres. Puede ser difícil ver cómo las preocupaciones de quienes luchan por sobrevivir afectan directamente la vida de los ricos y poderosos reunidos aquí. Pero ninguno de nosotros vive ni actúa en el vacío. El concepto de ubuntu enseña que mi humanidad está ligada a la tuya: que todos estamos conectados. En esta era de globalización, esta interdependencia es más evidente que nunca.
Cuando millones de jóvenes con estudios están sin trabajo; cuando los más pobres entre nosotros son quienes más sufren los efectos del cambio climático; cuando cada día se niega a millones de niños el derecho a las necesidades básicas de la vida, como la comida y el agua, ¿qué dice esto del mundo que hemos construido? ¿Puede alguien afirmar realmente que hemos tenido «éxito» cuando la gran brecha entre quienes tienen y quienes no tienen provoca aún más estrés, infelicidad y violencia en nuestras sociedades? Un mundo más equitativo es un mundo más estable y próspero para todos.
Este año en Davos, quiero hablar de equidad social y económica. Quiero que las necesidades y aspiraciones de las mujeres, los jóvenes y nuestros hermanos y hermanas más pobres y marginados ocupen un lugar en la agenda mundial. Es responsabilidad de cada uno de nosotros hacer oír sus voces y construir un mundo digno de ellos, un mundo digno de todos nosotros.
Desmond Tutu es arzobispo emérito de Ciudad del Cabo, laureado con el Premio Nobel de la Paz y veterano activista por la paz, ampliamente considerado «la conciencia moral de Sudáfrica». Preside The Elders, un grupo de líderes mundiales independientes que trabajan juntos por la paz y los derechos humanos. Cuenta oficial de Twitter: @TheElders

