En el momento álgido de la pandemia, 45 países de Europa y Asia Central cerraron sus escuelas, lo que afectó a 185 millones de estudiantes.
En toda la ECA, las evidencias muestran que el cierre de escuelas ha provocado una pérdida real de aprendizaje, conocida como “retroceso por COVID”.
Los cierres derivados de la segunda ola han causado nuevas disrupciones.
Para mitigar los efectos, el Banco Mundial ha propuesto 3 intervenciones: poner en marcha programas de recuperación del aprendizaje, proteger los presupuestos educativos y prepararse para futuras crisis.
Las primeras evidencias de una pérdida real de aprendizaje debida a la COVID-19 y de sus probables implicaciones para el futuro de la generación que actualmente está en la escuela demuestran que es esencial mitigar en la medida de lo posible los efectos a largo plazo de la pandemia.
Los cierres de escuelas provocados por la COVID-19 han causado importantes trastornos en la educación de Europa y Asia Central (ECA). Las evidencias emergentes de algunos de los países de mayor renta de la región muestran que la pandemia está provocando pérdidas de aprendizaje y aumentos de la desigualdad. Es probable que los países de menor renta sufran aún más. Para reducir y revertir los efectos negativos a largo plazo, los países deben poner en marcha programas de recuperación del aprendizaje, proteger los presupuestos educativos y prepararse para futuras crisis reconstruyendo mejor.
En el momento álgido de la pandemia, 45 países de la región cerraron sus escuelas, lo que afectó a 185 millones de estudiantes. Dada la brusquedad de la situación, los docentes y las administraciones no estaban preparados para esta transición y se vieron obligados a crear casi de inmediato sistemas de aprendizaje remoto de emergencia. A principios de diciembre, se habían perdido 5.623 días lectivos en todos los países de Europa y Asia Central. A partir de principios de marzo de 2020, la mayoría de los sistemas escolares de la ECA estuvieron cerrados.
Una de las limitaciones del aprendizaje remoto de emergencia es la falta de interacción entre docente y estudiante. Con las emisiones por radio o televisión esto no es posible. Sin embargo, varios países tomaron la iniciativa de utilizar otros métodos para fomentar la interacción entre los docentes y sus estudiantes, como las redes sociales, el correo electrónico, el teléfono e incluso el servicio postal.
Las pérdidas de aprendizaje son reales
En toda la ECA, las evidencias muestran que el cierre de escuelas ha provocado una pérdida real de aprendizaje: un “retroceso por COVID”. La investigación que analiza estos resultados está en curso, pero los primeros resultados de Bélgica, los Países Bajos, Suiza y el Reino Unido han mostrado tanto pérdidas de aprendizaje como aumentos de la desigualdad. También hay indicios en Kazajistán de una reducción significativa de los conocimientos existentes durante el cierre de las escuelas. Preocupantemente, se constata que estas pérdidas son mucho mayores entre los estudiantes procedentes de hogares con menor nivel educativo. Este hallazgo se ve reforzado por un estudio que muestra que los niños de familias socioeconómicamente favorecidas han recibido más apoyo de sus padres con sus estudios durante el período de cierre de las escuelas.
Panorama sombrío para otros países. Estos datos emergentes no solo aportan información sobre los países de mayor renta de la región, sino que también pueden utilizarse para predecir resultados en los países de renta media y baja, que probablemente sufran consecuencias aún peores. Pese a su considerable capacidad tecnológica, los países de renta alta de Europa han experimentado pérdidas de aprendizaje y un aumento de la desigualdad como resultado de la brusca transición al aprendizaje virtual, por lo que es probable que estos resultados sean aún más acusados en los países de menor renta, donde la capacidad tecnológica es mucho menor y una mayor proporción de familias vive por debajo del umbral de pobreza. En toda la ECA, un tercio de las naciones de la región no están plenamente conectadas a Internet. Además, solo el 50 por ciento de las escuelas dispone de equipamiento informático y conectividad a internet suficientes para impartir un nivel mínimo de contenidos educativos. Por ello, cabe esperar que las consecuencias negativas en los países de renta media y baja de la región sean significativas.
Fuera del aula, las pérdidas de aprendizaje pueden traducirse en retos aún mayores a largo plazo. Los descensos en las puntuaciones de los exámenes están asociados a futuros descensos del empleo. Por el contrario, los aumentos del rendimiento estudiantil se traducen en incrementos significativos de los ingresos a lo largo de la vida, al igual que los aumentos de los años de escolarización se asocian a un entre 8 y 9 por ciento de aumento de los ingresos a lo largo de la vida.
Como respuesta al aumento de casos de COVID-19, algunos países han implementado una segunda ola de cierres de escuelas. Otros siguen recurriendo a una enseñanza virtual parcial. Dado que el uso de la enseñanza virtual sigue siendo muy frecuente, es esencial que se adopten medidas ya para reducir en lo posible los efectos a largo plazo de la pandemia.
En ausencia de cualquier intervención, las pérdidas de aprendizaje derivadas de la pandemia de COVID-19 es probable que tengan un efecto negativo acumulativo a largo plazo en el bienestar futuro de los niños. Esto incluye pérdidas de aprendizaje, menor acceso a la educación superior, menor participación en el mercado laboral y menores ingresos futuros.
Intervenciones recomendadas
Para mitigar estos retos y, al mismo tiempo, construir un sistema más resiliente capaz de resistir futuras crisis, formulamos tres recomendaciones principales: poner en marcha programas de recuperación del aprendizaje, proteger los presupuestos educativos y prepararse para futuras crisis.
1. Poner en marcha programas de recuperación del aprendizaje.
En primer lugar, los gobiernos deben garantizar que los estudiantes que se han quedado atrasados reciban el apoyo que necesitan para alcanzar los objetivos de aprendizaje previstos. El primer paso debe ser realizar evaluaciones en el momento oportuno para identificar a estos estudiantes y sus necesidades de apoyo.
La investigación ha demostrado que los programas de tutoría de 12 semanas de tutoría pueden permitir que los estudiantes avancen lo que cabría esperar de entre tres y cinco meses de escolarización normal. En Italia, los estudiantes de secundaria que recibieron tres horas semanales de tutoría en línea a través de un ordenador, una tableta o un teléfono inteligente registraron una mejora del 4,7 por ciento en matemáticas, inglés e italiano.
Otro método probado para mejorar rápidamente las puntuaciones en lectura es Enseñar al nivel adecuado, un enfoque que funciona de la siguiente manera: evaluar los niveles de aprendizaje de los niños, agrupar a los niños según su nivel de aprendizaje y no según su edad o curso, utilizar una variedad de actividades de enseñanza y aprendizaje atractivas, centrarse en las competencias básicas más que únicamente en el currículo y hacer un seguimiento del progreso de los niños. Con este enfoque, los ensayos aleatorizados han demostrado que los sistemas educativos adaptados que hacen que la enseñanza sea más acorde con el nivel actual de competencias de los estudiantes tienen un impacto significativo en los resultados de aprendizaje, especialmente entre los estudiantes rezagados. A medida que los docentes identifiquen los mejores programas de recuperación del aprendizaje para sus estudiantes, es imprescindible prestar especial atención a los estudiantes de bajos ingresos y en situación de desventaja que se quedaron más rezagados durante el cierre de las escuelas. Con ello, los gobiernos también deben dotar a los docentes de más recursos y de formación adicional.
2. Proteger el presupuesto educativo. Dada la importante presión financiera que han sufrido las economías durante la pandemia, cabe esperar recortes presupuestarios por parte de los gobiernos, lo que podría poner en peligro los avances logrados en los últimos años en materia de acceso a la educación y de mejora de los resultados. Para garantizar una recuperación resiliente, es esencial proteger el presupuesto educativo y apoyar a las escuelas que más necesitan financiación. Para ayudar a los estudiantes más vulnerables, los gobiernos deberían destinar gran parte de la financiación y los recursos a apoyar a las escuelas que imparten enseñanza a distancia, sobre todo si atienden a poblaciones con alta pobreza y alta proporción de minorías. Para animar a los estudiantes a permanecer en la escuela, los incentivos como las becas podrían tener que implementarse.
Los programas de recuperación del aprendizaje no serán viables sin un apoyo financiero sustancial. Con recortes presupuestarios, las familias acomodadas podrán seguir financiando apoyos educativos como la tutoría; sin embargo, las familias de menores ingresos no podrán cubrir esta brecha con la misma facilidad. Por ejemplo, el Reino Unido anunció un fondo de recuperación para alumnos de 1.000 millones de libras, que incluía una partida destinada a tutorías y al Programa Nacional de Tutorías, con un presupuesto de 76 millones de libras. Por tanto, se necesitan asignaciones presupuestarias significativas y nuevas medidas para volver a los niveles de aprendizaje previos.
3. Prepararse para futuras crisis reconstruyendo mejor. Mirando al futuro, no solo es imperativo que nos recuperemos de la pandemia, sino que también utilicemos esta experiencia para estar mejor preparados ante futuras crisis. Para ello, los países deben desarrollar su capacidad para ofrecer educación virtual en el futuro. Las escuelas deberían estar mejor preparadas para cambiar con facilidad entre la enseñanza presencial y a distancia según sea necesario. Con esto en mente, será necesario desarrollar currículos flexibles que puedan impartirse de forma presencial o en línea. Además, los docentes deben estar mejor preparados para gestionar una amplia gama de dispositivos informáticos en caso de un futuro confinamiento. Ofrecer cursos de formación breves para mejorar sus competencias digitales será de ayuda. Aprovechar la etapa posterior a la pandemia para reconstruir los sistemas educativos y hacerlos resilientes es una prioridad. Al mismo tiempo, es importante construir el sistema educativo del futuro que no esté sujeto a pérdidas de aprendizaje durante la próxima pandemia.

