Durante la pandemia de COVID-19, 1.600 millones de niños de todo el mundo se vieron afectados por el cierre de las escuelas.
Los análisis sugieren que aumentar la conectividad digital de las escuelas y, por consiguiente, el acceso de los estudiantes a la educación, puede elevar el PIB de un país y prolongar la escolarización de los alumnos.
Cartografiar y evaluar la conectividad de las escuelas de todo el mundo es un paso muy necesario para estimular la inversión y la infraestructura que se requieren para mejorarla.
Imaginemos que conectamos todas las escuelas del mundo a Internet. Es posible. También es necesario si queremos evitar que la brecha digital se convierta en un abismo digital.
Pensemos ahora en las escuelas y en el papel que desempeñan como eje de sus comunidades, así como en la importancia que han tenido en sus vidas. En todo el mundo, son lugares donde niños y adultos se reúnen para aprender. También son espacios donde comunidades enteras se congregan para celebrar, en tiempos de crisis, para votar o para acceder a servicios de salud y de emergencia.
Durante la pandemia de COVID-19, 1.600 millones de niños de todo el mundo se vieron afectados por el cierre de las escuelas. Cerca de 77 millones de niños y jóvenes han estado excluidos de las aulas durante los últimos 18 meses. Alrededor de una cuarta parte de los países sigue teniendo escuelas cerradas total o parcialmente.
Sin embargo, en este período difícil también hemos encontrado oportunidades. Hemos visto lo que se puede lograr cuando estudiantes, padres y docentes utilizan la conectividad digital para enseñar y aprender donde y cuando sea posible. Por desgracia, muchos estudiantes que no pudieron acceder a las herramientas digitales necesarias para continuar aprendiendo corren ahora el riesgo de quedarse aún más rezagados, incluso sin que la COVID-19 agrave la brecha
Antes de la pandemia, la falta de acceso a Internet no impedía necesariamente que los niños recibieran una educación. Pero, desde que la COVID-19 trastocó los sistemas educativos de todo el mundo, el vínculo entre la conectividad escolar y personal y el acceso a una educación de calidad está más claro que nunca. Así lo destaca Conectar a los estudiantes: reducir la brecha educativa, un informe de Economist Intelligence Unit (EIU) patrocinado por Ericsson en apoyo a UNICEF.
Conectar las escuelas beneficia a la economía
El informe de EIU sugiere que un aumento del 10 % en la conectividad escolar de un país puede incrementar el número efectivo de años de escolarización por estudiante, en promedio (una medida de la calidad de la educación, no solo de la cantidad), y elevar también el PIB per cápita en un 1,1 %. El modelo económico de EIU también sugiere que los países con menor conectividad del mundo, como Níger, podrían aumentar su PIB hasta un 20 % si la conectividad escolar alcanzara los niveles de un país desarrollado, como Finlandia.
Los autores también concluyeron que, para aprovechar plenamente la conectividad, los docentes y estudiantes deben contar con el apoyo y las herramientas adecuados, incluidos dispositivos, recursos de aprendizaje y ayuda para integrar la tecnología en los entornos educativos. Esto es válido en países de ingresos bajos, medios y altos, y tanto en zonas urbanas como rurales. La calidad y la asequibilidad de la conectividad también son cuestiones fundamentales que deben abordarse.
Los beneficios de la conectividad escolar no se limitan a cada estudiante. Los efectos indirectos de las escuelas conectadas benefician a comunidades enteras. Estas escuelas sirven como centros comunitarios para el aprendizaje y el desarrollo a lo largo de toda la vida, y mejoran la alfabetización digital de la población de las economías en desarrollo. Esto beneficia directamente al crecimiento económico al estimular el emprendimiento y el comercio.
Conectar todas las escuelas a Internet para 2030
¿Cómo podemos lograrlo? Es una tarea enorme, ya que nadie sabe con certeza cuántas escuelas hay en el mundo ni dónde están ubicadas exactamente.
En 2019, UNICEF y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) pusieron en marcha Giga, una iniciativa para conectar todas las escuelas del mundo a Internet. En un principio, trabaja con 19 países, y el número sigue creciendo. Giga cartografía en tiempo real la conectividad de las escuelas, crea modelos de financiación innovadores y respalda la contratación pública de conectividad escolar. Ahora se prepara para lanzar un bono de conectividad de 5.000 millones de dólares para financiar infraestructura de última milla y estimular la inversión.
Con la convicción de que la conectividad puede mejorar vidas y contribuir a abrir camino hacia un futuro sostenible, Ericsson se ha asociado con UNICEF para ayudar a afrontar el reto de cartografiar las escuelas y evaluar su conectividad en 35 países antes de finales de 2023. Junto con gobiernos nacionales y otros socios, Giga ya ha cartografiado 1 millón de escuelas y sus niveles de conectividad. Esta información permitirá agregar la demanda y orientar inversiones fundamentales hacia nueva infraestructura.
Por su parte, Ericsson combina sus capacidades en infraestructura de comunicaciones con su experiencia en ciencia de datos e inteligencia artificial para recopilar, validar, analizar, supervisar y visualizar datos de conectividad en tiempo real.
Necesitamos algo más que conectividad
La colaboración es fundamental: los gobiernos y el sector privado deben crear estrategias integrales para superar las barreras a la conectividad escolar. La inclusión digital también implica algo más que el acceso. Una conectividad no solo accesible, sino también asequible, podría transformar el aprendizaje, en particular en zonas remotas y en aquellas donde hay menos docentes disponibles.
Esta infraestructura digital, junto con el apoyo a docentes y estudiantes, también puede propiciar nuevas formas de aprendizaje que complementen y enriquezcan la enseñanza presencial. Las opciones híbridas, combinadas y en línea pueden contribuir a democratizar el acceso y hacer que la educación de alta calidad sea mucho más accesible para todos. También darán a los estudiantes más flexibilidad para decidir cuándo, dónde y cómo aprender, y podrían proporcionar información valiosa a docentes y padres para orientar mejor el apoyo presencial.
Imaginemos que ponemos el conocimiento acumulado del mundo al alcance de todos los niños y adultos, en su propio idioma. Es posible. En 2020 vimos la magnitud del gran salto digital que se podía dar. Tenemos que estar preparados para cambios de esa envergadura. No podemos seguir dejando atrás a miles de millones de personas.


