Las matemáticas y las competencias informáticas serán clave para el futuro de nuestros hijos.
El acceso a la educación STEM es desigual.
El pensamiento crítico y versátil es esencial para superar desafíos, como la pandemia.
Como les ocurre a todos los padres primerizos, mi visión del mundo ha cambiado un poco, y me descubro pensando más estos días en los niños y en cómo podemos hacer de nuestro mundo un lugar mejor para ellos.
Nacida apenas unas semanas antes de que el coronavirus pusiera nuestras vidas patas arriba, mi bebé de dos meses aún no es consciente, felizmente, de la situación que nos rodea. Y sé que debo prepararla para afrontar todo lo que le depare el futuro —lo difícil y lo fácil— en los próximos años.
Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos. Siempre he creído que lo mejor que podemos hacer por ellos es ayudarles a convertirse en creadores y en personas capaces de resolver problemas de forma activa. Esta convicción se ha fortalecido aún más ahora que un virus ha sacudido bruscamente nuestra complacencia colectiva y nos desafía a pensar y resolver tantos problemas que nadie parece saber cómo abordar.
Ojalá de algún modo hubiéramos estado mejor preparados. ¿Qué aprendizaje habría hecho falta? ¿Qué competencias? Se trata de recurrir a todas estas fortalezas y, en el momento, aplicar el rigor necesario para identificar y resolver problemas, y afrontar un desafío que nunca antes habíamos superado. Ese es el poder que deben tener nuestros hijos. La informática, la programación y la robótica ofrecen plataformas ideales para que los niños aprendan mediante la experimentación y el juego. Les brindan oportunidades para imaginar de nuevo y reconstruir creativamente elementos del mundo que los rodea. Este «pensamiento computacional» acabará impregnando todo lo que hagan y les permitirá resolver desafíos difíciles, incluidos los problemas sociales. También resolverá el problema de quienes tienen acceso digital y quienes no: cuando la informática se convierta en un conocimiento tan fundamental, la brecha digital acabará desapareciendo. Por eso debemos hacer todo lo posible para enseñar a nuestros hijos a programar.
De hecho, un informe del Foro Económico Mundial sobre las Escuelas del Futuro considera el diseño tecnológico y la programación dos competencias clave que los niños necesitarán en los próximos años. Explica lo esenciales que serán para que desarrollen relaciones saludables con la tecnología, entiendan cómo gestionar los riesgos digitales y se conviertan en consumidores de tecnología más responsables. Sin embargo, muchos niños tienen muy poco acceso a la educación digital. En Estados Unidos, el 45 % de las escuelas públicas tiene dificultades para ofrecer cursos de informática que incluyan algún tipo de programación. Superar el desafío de acercar la educación digital a nuestros hijos es una tarea enorme que puede resolverse mucho más rápido mediante la colaboración público-privada. Hoy, muchas entidades se están uniendo para hacer lo correcto de muchas maneras.
Está Verizon, una empresa estadounidense que lleva la tecnología 5G a las aulas, convierte las lecciones en experiencias inmersivas, vivas y dinámicas, y despierta en los estudiantes el entusiasmo por crear con tecnología. Su objetivo es implementarla en 100 escuelas para finales de 2021. No es fácil resistirse al atractivo de los talleres en las tiendas de Microsoft. La Hora del Código de Minecraft, los sábados STEM, los talleres creativos en tienda y muchas otras actividades son un regalo para los niños y para quienes conservan el espíritu joven. Otro ejemplo es la Academia de Ciencias de Nueva York, que también es una de nuestras entidades asociadas. A través de la Alianza Global STEM están haciendo un gran trabajo al conectar a jóvenes estudiantes brillantes entre sí y con referentes profesionales de todo el mundo.
Algunas otras entidades vinculan su trabajo con una visión más amplia. Por ejemplo, code.org cree que la oportunidad de aprender informática de un estudiante no debería depender de su género, el color de su piel, los ingresos de su familia ni el barrio en el que crezca. Sin embargo, en Estados Unidos ocurre lo contrario en la enseñanza de informática desde preescolar hasta el último curso de secundaria. Code.org trabaja en todos los frentes —desde ofrecer planes de estudio a quienes reciben menos servicios hasta influir en los responsables políticos— para remediar la situación.

También está Code with Google, que aborda el problema ofreciendo nuevos recursos de informática para educadores. Reúne el plan de estudios gratuito de Google y programas para desarrollar competencias de programación que los docentes pueden integrar en sus clases para ayudar a los estudiantes a tener éxito.
Creo sinceramente que los docentes, si cuentan con una buena preparación para enseñar informática, serán la forma más rápida e intuitiva de ampliar nuestro alcance entre los niños. Sin embargo, los docentes de Estados Unidos están tan sobrecargados que encontrar tiempo para aprender nuevas competencias, sobre todo en clases presenciales o talleres intensivos, supone un desafío para muchos.
Por eso, en febrero de este año, con el fin de ampliar exponencialmente el desarrollo profesional continuo de los docentes de escuelas públicas desde preescolar hasta el último curso de secundaria, Infosys Foundation USA amplió el alcance de Pathfinders Institute, mediante su versión digital, Pathfinders Online Institute, para que docentes de todo Estados Unidos pudieran acceder a una formación digital inmersiva. Hoy, más de 14.000 docentes, que llegan a más de 4.700.000 niños estadounidenses, participan activamente en esta comunidad de aprendizaje y creación. Hace poco, cuando miles de escuelas de todo Estados Unidos cerraron debido a las normas de distanciamiento social, Infosys Foundation USA abrió su Pathfinders Online Institute a docentes, padres y estudiantes, y les dio acceso gratuito desde casa a contenidos educativos de informática de alta calidad en un aula virtual.
Marwin Minsky, cofundador del laboratorio de inteligencia artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts y gran defensor de la educación informática para los niños, menciona en uno de sus artículos sobre el aprendizaje la queja de un niño que tiene dificultades para aprender matemáticas: «El año pasado tuve que aprender la tabla de sumar y fue realmente aburrido. Este año tengo que aprender otra, más difícil, y pienso que, si me la aprendo, el año que viene habrá otra más y nunca habrá final para estas tonterías.»» Esta percepción de las matemáticas —y, más adelante, de todo lo relacionado con STEM y la tecnología— como una serie de tareas mecánicas debe desaparecer. Si logramos que nuestros hijos programen y jueguen, descubran —e incluso creen— nuevos mundos virtuales y apliquen el pensamiento de diseño para hacer el bien, quizá cambiemos el mundo para mi pequeña y para la tuya. Aunque sea un poquito.

