El mundo está cambiando. La Cuarta Revolución Industrial ya está aquí y tiene impacto en todo, incluido el futuro del trabajo. Se prevé una evolución significativa del mercado laboral en los próximos 10 años, y todavía no conocemos por completo todos los empleos del futuro.
Dada la hipertransformación de la tecnología, los modelos de negocio y el trabajo, es importante comprender y anticipar lo que esto significa para los jóvenes, la sociedad, las empresas y los gobiernos, de modo que todos tengan la oportunidad de participar en la economía digital. Ahora más que nunca, necesitamos invertir en un nuevo paradigma en la forma en que adquirimos las competencias necesarias para los empleos: un modelo que permita un desarrollo de competencias perpetuo y renovable.
Imagine un futuro en el que las instituciones educativas, los empleadores y las personas trabajen juntos de una forma completamente nueva. Colaboran plenamente para sentar las bases del aprendizaje perpetuo, de modo que todos puedan participar en la Cuarta Revolución Industrial.
Este nuevo paradigma abordaría el desarrollo continuo de competencias y fomentaría el empleo continuo, tanto para los estudiantes actuales como para los futuros. Se desarrollan nuevos modelos de consumo sinérgicos, respaldados por nuevos modelos de ingresos para las instituciones educativas. Se crea un centro de aprendizaje e innovación mutuamente beneficioso, basado en una nueva relación entre las instituciones educativas, los empleadores y las personas, con un compromiso a largo plazo para garantizar la empleabilidad continua.
Los límites entre las instituciones educativas y los empleadores son mucho más flexibles. Trabajan juntos para crear un ecosistema de economía digital sostenible, innovador y emprendedor en el que todos puedan participar, en cualquier etapa de la vida: jóvenes, trabajadores desplazados, subempleados y desempleados.
El concepto de formación, recualificación y aprendizaje permanente no es nuevo. Lo nuevo es que el ritmo de la disrupción es más rápido que nunca; las trayectorias educativas y profesionales están menos definidas; y la necesidad de un aprendizaje perpetuo se ha convertido en la nueva normalidad. En este modelo, las universidades desempeñan el papel de orquestadoras del ecosistema de talento, que incluye los colleges comunitarios, las instituciones de formación profesional, los proveedores de cursos en línea, los campamentos de programación intensiva (boot camps), el trabajo basado en proyectos y los retos emprendedores. Juntas, crean nuevas relaciones con los empleadores y la industria de sus zonas para proporcionar talento cualificado y pertinente para todo, desde un proyecto hasta empleos de corta o larga duración.
Las organizaciones del sector privado colaboran con el profesorado y comparten estrategia, de modo que todas las partes tengan una comprensión común de las competencias necesarias que impulsan el futuro del trabajo. Las universidades y las empresas mantienen una relación simbiótica en la que las universidades aportan talento de su ecosistema y los empleadores se centran en las nuevas tecnologías y el desarrollo de mercados.
Los estudiantes eligen una universidad no solo por el título o la facultad, sino por el ecosistema de empleadores, proyectos y experiencias al que pueden acceder. Los estudiantes disponen de una forma integrada, asequible y accesible de aprender a lo largo de la vida, con amplias oportunidades educativas en cualquier etapa del aprendizaje o punto de entrada de la trayectoria profesional.
Este tipo de cambio de paradigma puede parecer bastante sustancial, pero algunas universidades y organizaciones ya han dado un paso en esta dirección. Varias universidades, por ejemplo, mantienen sólidas relaciones previas con colleges comunitarios para la matriculación, y trabajan con socios comunitarios locales para ofrecer experiencias de emprendimiento y formación para el trabajo. Otras universidades colaboran con empresas para suministrar talento u ofrecer oportunidades de prácticas.
En el ámbito del sector privado, algunas empresas ayudan a sus empleados a obtener titulaciones y a desarrollar competencias para futuros puestos, ya sea a través de universidades o de cursos masivos abiertos en línea (MOOC). Las empresas también están creando planes de estudio y certificaciones relevantes para la industria, impartidos a través de instituciones educativas, como la Cisco Networking Academy, que ayuda a estudiantes de diversos orígenes y etapas de la vida, desde estudiantes universitarios hasta exreclusos, personas con capacidades diversas y personas que buscan reorientar su carrera, a desarrollar competencias digitales. En los últimos 20 años, este programa ha formado a cerca de 9,3 millones de estudiantes en todo el mundo.
Aunque todos estos esfuerzos tienen un gran impacto, es poco probable que sean suficientes para responder a las exigencias de la Cuarta Revolución Industrial. Las empresas y las instituciones educativas pueden liderar el camino para ayudar a crear un futuro más inclusivo, pasando de los modelos tradicionales y uniéndose para impulsar el aprendizaje perpetuo. No solo podemos preparar a las personas con las competencias adecuadas y ayudarlas a participar en la economía digital, sino que también podemos garantizar, de forma colectiva, que nadie se quede atrás.



