Vivimos un renacimiento de nuevos medios y tecnologías digitales que están transformando el mundo que nos rodea. Un segmento amplio y cada vez mayor de la población mundial se ha sumergido en este mundo digital hiperconectado, lo que a su vez transforma nuestra manera de comunicarnos e interactuar. Al mismo tiempo, a medida que los medios y la tecnología digitales se vuelven una parte indispensable de nuestra vida cotidiana, crece la preocupación de que estemos perdiendo el control conforme aumenta nuestra dependencia de la tecnología.
Una cuestión clave es la escala y el alcance sin precedentes de los datos personales en línea que se generan, recopilan, analizan y monetizan, a menudo sin que los usuarios lo sepan o puedan controlarlo. En una encuesta reciente a más de 6.000 usuarios de medios digitales de todo el mundo, el Foro Económico Mundial constató que entre el 52 % y el 71 % de los encuestados creen que las empresas de TIC y las plataformas de medios digitales no hacen lo suficiente para ofrecer a los usuarios finales un control adecuado sobre la información personal que comparten en línea. Se han producido numerosos escándalos relacionados con la privacidad y filtraciones de datos, que han perjudicado aún más la percepción pública del sector. A los gobiernos también les cuesta regular el uso adecuado de los datos personales de los usuarios y desarrollar normas sólidas para protegerlos.
Como resultado, la confianza de la ciudadanía en los gobiernos y las industrias relacionadas con los medios digitales es inestable y vacilante. Abordar este problema es una prioridad para garantizar el crecimiento sostenible de este sector industrial y seguir desarrollando la economía digital a largo plazo. ¿Cómo podemos cerrar esta brecha de confianza?
La inteligencia digital fomenta la confianza pública
La confianza nace de la comprensión y el conocimiento. La inteligencia digital, o DQcomo también se la conoce, es un conjunto de capacidades colectivas para responder a las exigencias y los desafíos de la vida digital, incluidas las competencias de ciudadanía y alfabetización digitales. El punto de partida es que las personas sepan cómo se recopilan y utilizan sus datos personales en línea, y comprendan el impacto que esto tiene en sus vidas. Por desgracia, el nivel de DQ de la ciudadanía sigue siendo bajo. Según la encuesta, entre el 32 % y el 47 % de los encuestados no entendían el significado de «presencia en línea» y «datos derivados», ni siquiera después de leer sus definiciones. Es evidente que es importante reducir esta brecha de comprensión y dotar a las personas de las habilidades necesarias para usar los medios y la tecnología digitales de forma responsable.
La educación digital debe empezar desde pequeños
Por desgracia, los niños son el grupo más vulnerable y crucial de la sociedad en lo que respecta a las cuestiones digitales. Muchos niños no tienen control sobre su privacidad ni siquiera antes de que comience su vida digital, que puede empezar el día de su nacimiento, y no están debidamente preparados para gestionar su privacidad después. Sus propios padres comparten en línea su información personal, como fotos e información médica y educativa, a menudo sin darse cuenta de todas las consecuencias de sus actos. En otros casos, los sistemas sociales incluyen información sobre los niños en la nube sin comprender cabalmente las consecuencias. Según datos de la OCDE, más del 90 % de los jóvenes de entre seis y 17 años ya acceden a internet en toda Europa. Más del 50 % de los niños usan las redes sociales a los 10 años. Además, casi todos los niños que participan en los medios digitales y comparten información lo hacen sin comprender lo que eso significa para su privacidad.
Además, el uso temprano de los medios digitales aumenta la probabilidad de exponerse a diversos riesgos en línea, como la adicción a las pantallas, el ciberacoso, las conductas sexuales en línea y la ciberdelincuencia.
Del mismo modo que los jóvenes deben aprender las normas de circulación antes de conducir un automóvil, los niños necesitan educación digital antes de poder desenvolverse por su cuenta y de forma segura en el mundo en línea. Un estudio de 2016 de la Universidad Tecnológica de Nanyang demostró que un mayor nivel de alfabetización digital se correlaciona significativamente con un menor riesgo de involucrarse en conductas potencialmente dañinas, así como con competencias necesarias como la ciudadanía global, la empatía y el pensamiento crítico.

La falta de educación digital es una emergencia mundial
Dada la urgencia de estos problemas, los gobiernos nacionales y las industrias deben trabajar con rapidez, alcance e influencia junto con las demás partes implicadas, incluidas la academia y la sociedad civil. Los gobiernos deben dar prioridad a la educación digital como asunto clave de su agenda, con el apoyo de la sociedad civil y la academia. Las industrias deben aumentar la transparencia y la rendición de cuentas en materia de privacidad y seguridad de los usuarios, y colaborar con los gobiernos para implementar programas de educación digital e incorporar herramientas de aprendizaje digital en sus productos y servicios.
Una población digital informada y responsable, junto con gobiernos e industrias transparentes, promoverá una cultura de confianza. Esta confianza será fundamental para el desarrollo a largo plazo de una economía digital duradera e innovadora.

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Valorar los datos personales y reconstruir la confianza

