A pesar de los alentadores signos de progreso, las estadísticas son claras: existe una brecha de género y las mujeres siguen rezagadas. ¿Cómo puede la tecnología ayudar a cerrar la brecha de género en la participación económica mejorando el acceso de las mujeres a la salud y la educación?
Los resultados en salud del mundo en desarrollo muestran las marcadas diferencias de género que existen: 70% de las personas más pobres del mundo son mujeres. Las niñas tienen tres veces más probabilidades de sufrir desnutrición que los niños. Más de 280.000 mujeres mueren cada año por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto.
La salud móvil (mHealth) proporciona acceso a información y recursos de una forma que antes no era posible. Según Patricia Mechael, directora ejecutiva de la mHealth Alliance, la salud móvil ha despegado porque «más personas han priorizado las tecnologías móviles de lo que las propias empresas tecnológicas preveían». Organizaciones como la Mobile Alliance for Maternal Action proporcionan información basada en mensajes de texto a mujeres embarazadas y a trabajadores sanitarios locales. Han llegado a más de 530.000 personas en el sur de Asia y África.
La brecha de género también existe en la educación. Casi dos tercios de los analfabetos del mundo son mujeres. Alrededor de 72 millones de niñas en edad de educación primaria y secundaria no asisten a la escuela. Los temores por la seguridad y las agresiones sexuales obligan a las niñas a abandonar la escuela y a casarse en edad temprana. Los conflictos agravan estos temores y, en los campamentos de refugiados sirios, el 51,3 % de las mujeres se casa antes de cumplir los 18 años.
El aprendizaje autodirigido, potenciado por la tecnología, ha demostrado su eficacia en comunidades desfavorecidas. Inspirado en el proyecto indio Hole in the Wall , el profesor de matemáticas Sergio Juárez Correa aplicó el aprendizaje autodirigido para desarrollar el pensamiento crítico de sus alumnos en una escuela de un entorno empobrecido de México. Las calificaciones del examen nacional pasaron de una tasa de suspensos del 45 % a una media de aprobados elevada, con un estudiante que obtuvo la puntuación más alta de todo México y 10 estudiantes en el percentil 99,99. Y en zonas rurales de Pakistán, un programa Mobilink-UNESCO está aumentando las competencias de alfabetización mediante mensajes SMS, lo que permite a las niñas aprender desde la seguridad de sus hogares.
La salud, la educación y el empoderamiento económico están interrelacionados. Las estadísticas muestran que, cuando se respetan los derechos humanos de las niñas, tienen seis veces menos probabilidades de casarse siendo niñas, tienen menos hijos y más sanos, y aumentan sus aportaciones a los ingresos del hogar en un 18 %. Por cada año que una niña permanece en la escuela, su potencial de ingresos aumenta entre un 15 y un 25 %. Un aumento del 10 % en la educación de las niñas genera un incremento del 3 % en el PIB. La tecnología puede ayudar a cerrar la brecha de género mejorando el acceso de las mujeres a derechos humanos básicos, como la salud y la educación, lo que constituye una poderosa inversión social y económica.
Autor: Noa Gafni es un Global Shaper del Hub de Londres. El Informe sobre la Brecha de Género Global 2014 del Foro Económico Mundial se publicará el 28 de octubre.
Imagen: Jayla estudia en un ordenador en el refugio donde vive, en Los Ángeles, California, el 9 de febrero de 2011. REUTERS/Lucy Nicholson

