Lo que la Amazonía puede enseñarnos sobre desarrollo sostenible

Lo que la Amazonía puede enseñarnos sobre desarrollo sostenible
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Descrita como el pulmón de nuestro planeta, la selva amazónica actúa como un enorme sumidero de carbono, absorbiendo dióxido de carbono de la atmósfera y produciendo oxígeno. Proporciona hábitat al 10 % de todas las especies conocidas por la ciencia y alberga el 20 % del agua dulce del mundo. También es hogar de 30 millones de personas, entre ellas 350 grupos étnicos indígenas; 60 de ellos siguen en gran medida aislados.

Los desafíos de gestionar las interacciones entre los seres humanos y el medio ambiente dentro de este extraordinario ecosistema representan un microcosmos de los dilemas de conservación y desarrollo a los que nos enfrentamos a escala mundial.

¿Cómo mantenemos los servicios vitales que proporciona la Amazonía mientras apoyamos a sus habitantes y atendemos la demanda internacional de los ricos recursos de la región, como el oro, la madera y el caucho? ¿Cómo garantizamos a escala mundial el aire y el agua limpios, los suelos sanos y los bosques y pesquerías prósperos, mientras atendemos las necesidades de los 7.000 millones de habitantes del planeta, de los cuales casi 3.000 millones viven con menos de US$ 2 al día?

Acabo de regresar de codirigir, junto con el profesor William Durham, un curso sobre la investigación de los dilemas de conservación y desarrollo en la Amazonía, para estudiantes y exalumnos de la Universidad de Stanford. Compartimos 10 días de intensivas conferencias y debates en el campus de Stanford antes de volar a la Amazonía peruana para explorar de primera mano los conceptos que habíamos examinado en clase.

Cada noche, los estudiantes presentaban exposiciones sobre desafíos concretos de conservación y desarrollo en la región. Debían plantear una hipótesis, contrastarla con bibliografía y entrevistas de campo, y extraer conclusiones. Los estudiantes exploraron posibles soluciones, incluido el potencial de los productos forestales no maderables —nueces de Brasil, semillas de urucum y plantas medicinales— para generar medios de vida sostenibles para las comunidades amazónicas. Analizaron el papel del ecoturismo a la hora de ofrecer a los gobiernos y a las comunidades una alternativa económica a explotaciones lucrativas pero destructivas, como la tala y la minería de oro.

Pasamos unos días con el pueblo ese eja para conocer mejor los posibles beneficios del ecoturismo. Tras asegurar en la década de 1990 sus derechos legales sobre su territorio ante el gobierno peruano, la comunidad se asoció con Rainforest Expeditions, empresa local fundada por Kurt Holle, miembro del Foro Económico Mundial como Joven Líder Mundial – para construir el ecolodge en el que nos alojamos.

Animado por esta alianza, Perú delimitó una zona de conservación en el área circundante, protegiendo más de un millón de hectáreas de selva tropical. Los miembros de la comunidad y los socios científicos han informado de un aumento de las poblaciones de varias especies en peligro de extinción dentro del área protegida, entre ellas jaguares, nutrias gigantes de río y guacamayos escarlata. Los ingresos de los ese eja han crecido en paralelo.

También exploramos nuevas relaciones entre comunidades y empresas que fomentan tanto el desarrollo económico como la conservación de la selva tropical. Los indígenas yawanawa de Brasil han trabajado con la empresa de cosméticos Aveda para cultivar y cosechar de forma sostenible semillas de urucum, que Aveda utiliza como pigmento rojo natural en sus productos de maquillaje. Según el jefe Tashka, líder de los yawanawa, Aveda ha ayudado a más que duplicar la superficie de los derechos territoriales de los yawanawa, hasta 178.000 hectáreas, y ha prestado apoyo para proteger la tierra. Esto, a su vez, beneficia al medio ambiente al evitar la liberación de 30 millones de toneladas de carbono.

Las empresas que buscan reducir su huella de carbono han formado alianzas con comunidades indígenas, pagándoles por preservar la selva tropical mediante un sistema de créditos de carbono certificados internacionalmente. Natura, la mayor empresa de cosméticos de Brasil, compró recientemente 120.000 toneladas de carbono al pueblo indígena paiter surui para avanzar en su objetivo corporativo de alcanzar la neutralidad en carbono. El pueblo surui utilizará los ingresos para impulsar su «plan de vida» de 50 años, diseñado para crear una economía sostenible que combine métodos científicos modernos con prácticas tradicionales de uso de la tierra, ecoturismo y aprovechamiento de productos forestales no maderables.

Uno de los mayores desafíos del siglo XXI es encontrar soluciones a los dilemas de conservación y desarrollo a los que nos enfrentamos, para avanzar hacia un futuro en el que las personas y el medio natural prosperen.

Presenciar las amenazas inminentes a la diversidad de la vida en la Amazonía y la lucha por la supervivencia de la población local puso de manifiesto la gravedad y la urgencia de este desafío. Sin embargo, las nuevas estrategias de gestión comunitaria que combinan las prácticas tradicionales con la ciencia occidental, y las alianzas emergentes entre comunidades indígenas y empresas mundiales, pusieron de relieve modelos transferibles de adaptación e innovación que tienen el potencial de impulsar la transición hacia una sociedad mundial más sostenible.

Autora: Julia Novy-Hildesley es profesora en la Universidad de Stanford. Su investigación y docencia se centran en las orientaciones de liderazgo del siglo XXI y en la emergencia de una economía sostenible. Es miembro del Foro Económico Mundial como Joven Líder Mundial.

Imagen: Un hombre trepa a un árbol en la Amazonía para recolectar plantas. REUTERS/Sergio Moraes.

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