Las industrias del futuro requerirán personas lo bastante creativas e innovadoras como para trabajar con la tecnología, en lugar de ser sustituidas por ella. Y los trabajadores necesitarán resiliencia y determinación, porque el fracaso, en la mayoría de los casos, forma parte del proceso de innovación.
Por desgracia, hoy en día las escuelas secundarias no ofrecen una plataforma para transmitir las competencias necesarias para que sus egresados compitan en los entornos laborales del futuro. Con algunas excepciones notables, las escuelas convencionales de la mayoría de los países siguen aisladas de las exigencias de la industria, lo que con demasiada frecuencia significa que están desconectadas de la rápida evolución de la economía en su conjunto. Para que los estudiantes estén mejor preparados, las escuelas y las empresas tendrán que aprender a cooperar más estrechamente que nunca en la formación de la fuerza laboral.
Varias empresas estadounidenses ya trabajan para cerrar la brecha. General Electric e IBM han abierto escuelas en las que los estudiantes pueden beneficiarse de un enfoque en matemáticas, ingeniería y ciencias. Udacity, la startup de educación en línea fundada por el profesor de Stanford Sebastian Thrun, imparte cursos certificados en colaboración con empresas, lo que da a los estudiantes una ventaja sobre los candidatos que solo han cursado formación en el aula. Según The Economist, más de 70 empresas, entre ellas Microsoft, Verizon y Lockheed Martin – todas ellas con dificultades para encontrar empleados cualificados, innovadores y con dominio tecnológico – trabajan en modelos similares con escuelas.
Las escuelas que piensan en colaborar con la industria suelen pensar, de forma natural, en las prácticas. Pero, en el caso de los estudiantes de secundaria en particular, este enfoque puede resultar problemático. Las oportunidades para colocar a jóvenes en prácticas son escasas, porque carecen de las competencias y los conocimientos que las empresas buscan. Y las empresas se muestran reacias a tener adolescentes en sus oficinas por muchas otras razones. (Por ejemplo, en Singapur, ningún menor de 18 años puede firmar un acuerdo de confidencialidad.)
Los estudiantes de secundaria que logran conseguir unas prácticas a menudo encuentran la experiencia poco gratificante; en lugar de aprender algo de valor, con frecuencia se les relega a hacer fotocopias y a realizar otras tareas de escaso nivel. Mientras tanto, los comités de admisión de las universidades saben que las prácticas no son experiencias productivas y, por tanto, no dan preferencia a quienes las han realizado sobre otros candidatos.
Los externships ofrecen a los estudiantes una forma mejor de adquirir competencias, porque se les brinda la oportunidad de ayudar a una empresa a resolver un problema del mundo real desde el aula. Entre los ejemplos figuran abordar retos de innovación relacionados con la prestación de servicios en distintos mercados, desarrollar aplicaciones tecnológicas para optimizar las operaciones y reducir costes, y producir prototipos de nuevos productos.
En muchos sentidos, los externships son un primo cercano de los programas de aprendizaje que son habituales en las escuelas secundarias de Europa. Lo que los diferencia son los requisitos de los estudiantes: menos conocimientos técnicos y mayor énfasis en competencias fundamentales como el espíritu emprendedor, el liderazgo, la comunicación y los conceptos básicos de tecnología.
Una solución consiste en crear programas que permitan a los estudiantes de secundaria abordar retos de innovación para empresas sin salir de sus aulas. En lugar de trabajar in situ en la empresa, los estudiantes aprenden las competencias necesarias para resolver las tareas junto con sus profesores y presentan sus ideas a las empresas en reuniones formales. Las empresas pueden supervisar a los estudiantes durante tan solo seis horas por externship.
Los externships pueden durar de uno a cuatro meses y siguen una trayectoria de aprendizaje en tres etapas. En la primera, los estudiantes intentan resolver los retos a los que se enfrentan las pequeñas y medianas empresas (pymes). Después, se enfrentan a las dificultades que preocupan a las empresas de la lista Fortune 500. Por último, trabajan en la identificación de problemas por sí mismos, en la formación de equipos y en la competición en foros internacionales.
Aprender a comunicar el proceso mediante el cual los estudiantes llegan a sus soluciones es fundamental en cualquier externship. Los estudiantes deben ser capaces de presentar propuestas a los líderes empresariales y aprender a aceptar el fracaso y las críticas de forma productiva.
Los externships se sitúan precisamente en la intersección entre el juego y el rigor, que es donde prospera la innovación. Para las pymes, los externships aportan una mano de obra creativa muy necesaria. Para las grandes empresas, son vías para la responsabilidad social corporativa y la innovación.
Cuando se integran adecuadamente en la educación de un estudiante, los externships pueden proporcionar una ventaja competitiva en los ensayos de solicitud universitaria y en las entrevistas en el campus o con antiguos alumnos, que los comités de admisión utilizan cada vez más para distinguir a los líderes del siglo XXI de la multitud de aspirantes con puntuaciones altas en las pruebas. Los externships ofrecen transparencia y responsabilidad a los educadores e inculcan en los estudiantes un espíritu de valentía.
Nuestro sistema educativo ya no puede permitirse aislarse del mundo de la industria. Su objetivo debería ser formar el tipo de estudiantes que el teórico de la organización John Seely Brown denomina “aprendices emprendedores”. Al ayudar a las empresas a resolver sus problemas del mundo real, los estudiantes pueden prepararse para afrontar los retos del futuro.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Ayesha Khanna es cofundadora y directora ejecutiva de The Keys Academy.
Imagen: Un estudiante lee bajo el sol de la tarde. REUTERS/Mike Segar.

