Ser multilingüe altera tu percepción del tiempo

Pedestrians walk through the Canary Wharf business district in London September 12, 2011. Britain's banks face some of the world's toughest regulations under reforms outlined on Monday, which require them to insulate their retail lending activities and store up billions in extra capital at an annual cost of up to 7 billion pounds ($11 billion). REUTERS/Suzanne Plunkett (BRITAIN - Tags: BUSINESS POLITICS) - LM1E79C16AT01
Different languages embody different worldviews and different ways of organising the world around us.Image: REUTERS/Suzanne Plunkett
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Resulta que Hollywood acertó a medias. En la película La llegada, Amy Adams interpreta a la lingüista Louise Banks, que intenta descifrar un idioma extraterrestre. Descubre que la forma en que los alienígenas hablan del tiempo les da la capacidad de ver el futuro; así que, mientras Banks aprende su idioma, también empieza a ver a través del tiempo. Como dice un personaje de la película: «Aprender un idioma extranjero reconfigura el cerebro».

Mi nuevo estudio —en el que trabajé junto con el lingüista Emanuel Bylund— demuestra que las personas bilingües sí piensan en el tiempo de forma diferente, según el contexto lingüístico en el que calculen la duración de los acontecimientos. Pero, a diferencia de lo que ocurre en Hollywood, por desgracia las personas bilingües no pueden ver el futuro. Sin embargo, este estudio demuestra que aprender una nueva forma de hablar del tiempo realmente reconfigura el cerebro. Nuestros hallazgos constituyen la primera evidencia psicofísica de flexibilidad cognitiva en personas bilingües.

Hace tiempo que sabemos que las personas bilingües alternan rápidamente entre sus idiomas y, a menudo, de forma inconsciente: un fenómeno llamado alternancia de códigos. Pero los distintos idiomas también encarnan diferentes visiones del mundo y distintas maneras de organizar el mundo que nos rodea. La forma en que las personas bilingües manejan estas distintas maneras de pensar ha sido durante mucho tiempo un misterio para los investigadores del lenguaje.

El tiempo, la imaginación y el lenguaje

El tiempo es un buen ejemplo. Es fascinante porque es muy abstracto. No podemos tocarlo ni verlo, pero organizamos toda nuestra vida en torno a él. Lo realmente interesante del tiempo es que nuestra forma de experimentarlo depende, en cierta medida, de la imaginación y del idioma. Como es tan abstracto, la única manera de hablar de él es usando términos de otro ámbito de experiencia más concreto: el del espacio. Por ejemplo, en sueco, la palabra para «futuro» es framtid y literalmente significa «tiempo delante». Visualizar el futuro delante de nosotros (y el pasado a nuestras espaldas) también es muy común en inglés. Esperamos con ilusión los buenos tiempos que se avecinan y dejamos atrás el pasado.

Pero para los hablantes de aimara (lengua hablada en Perú), mirar hacia delante significa mirar al pasado. La palabra para «futuro» (qhipuru) significa «tiempo detrás», por lo que el eje espacial se invierte: el futuro queda detrás y el pasado, delante. La lógica del aimara parece ser esta: no podemos mirar al futuro, del mismo modo que no podemos ver lo que hay a nuestras espaldas. El pasado ya lo conocemos; podemos verlo, como cualquier cosa que aparece en nuestro campo visual, delante de nosotros.

Estas diferencias en la forma de visualizar mentalmente el tiempo afectan a cómo los hablantes de aimara hacen gestos al hablar de acontecimientos. Quienes son bilingües en español (un idioma en el que el futuro está delante, como en inglés) suelen hacer gestos hacia delante, mientras que quienes saben poco español o no lo hablan gesticulan hacia atrás (en consonancia con la idea aimara de que el futuro está detrás) al hablar del futuro. El chino mandarín emplea un eje vertical del tiempo además de uno horizontal. La palabra xià (abajo) se usa para hablar de acontecimientos futuros; así, para decir «la semana que viene», un hablante de chino mandarín diría literalmente «semana de abajo». La palabra shàng (arriba) se usa para hablar del pasado; así, «la semana pasada» se convierte en «una semana arriba». Esto afecta la forma en que los observadores perciben el desarrollo espacial del proceso de envejecimiento.

Image: The Conversation

En un estudio, se pidió a personas bilingües en chino e inglés que ordenaran imágenes de Brad Pitt y Jet Li jóvenes, maduros y mayores. Colocaron las imágenes del primero horizontalmente, con el Brad Pitt joven a la izquierda y el mayor a la derecha. Sin embargo, las mismas personas ordenaron las imágenes de Jet Li verticalmente: el joven aparecía arriba y el mayor abajo. Este cambio de comportamiento según el contexto muestra que la cultura y el significado están estrechamente ligados.

Nuestro estudio mostró que estas diferencias lingüísticas tienen efectos psicofísicos en la mente bilingüe: alteran la forma en que una misma persona experimenta el paso del tiempo, según el contexto lingüístico en el que se encuentre. Por ejemplo, los hablantes de sueco e inglés prefieren indicar la duración de los acontecimientos aludiendo a distancias físicas: una pausa corta, una fiesta larga. En cambio, los hablantes de griego y español suelen indicar el tiempo aludiendo a cantidades físicas: una pausa pequeña, una fiesta grande. Los hablantes de inglés y sueco ven el tiempo como una línea horizontal, como una distancia recorrida. Los hablantes de español y griego, en cambio, lo ven como una cantidad, como un volumen que ocupa espacio.

Por consiguiente, las personas monolingües que hablan inglés y sueco calculan cuánto tiempo tardan unas líneas en alargarse en la pantalla de una computadora basándose en cuánto se expanden. Si dos líneas se alargan hasta alcanzar longitudes distintas durante el mismo periodo, los participantes consideran que la línea más corta recorrió el trayecto en menos tiempo del que realmente tardó, y que la más larga lo recorrió en más tiempo del real. Por otro lado, las personas monolingües que hablan español y griego basan sus estimaciones del tiempo en cantidades físicas: cuánto líquido ha llenado un recipiente. Si dos recipientes se llenan hasta niveles diferentes durante el mismo periodo, los participantes consideran que el recipiente con menos líquido se llenó en menos tiempo del que realmente tardó, y viceversa.

Bilingües flexibles

Pero las personas bilingües en español y sueco son flexibles. Cuando se les daba la palabra sueca para «duración» (tid), calculaban el tiempo usando la longitud de una línea. El volumen del recipiente no les afectaba. Cuando se les daba la palabra española para «duración» (duración), calculaban el tiempo basándose en el volumen del recipiente. La longitud de la línea no les afectaba. Parece que al aprender un idioma nuevo, de repente uno se vuelve sensible a dimensiones perceptivas que antes no advertía.

El hecho de que las personas bilingües alternen sin esfuerzo y de forma inconsciente entre estas distintas maneras de calcular el tiempo concuerda con un conjunto cada vez mayor de pruebas que muestran la facilidad con que el idioma puede influir en nuestros sentidos más básicos, como las emociones, la percepción visual y, según parece, también nuestro sentido del tiempo.

Pero también demuestra que las personas bilingües piensan con mayor flexibilidad, y hay indicios de que alternar mentalmente entre distintos idiomas a diario mejora la capacidad de aprender y realizar varias tareas a la vez, e incluso aporta beneficios a largo plazo para el bienestar mental.

Así que, para volver (¿o avanzar?) a La llegada: nunca es demasiado tarde para aprender un segundo idioma. No verás el futuro, pero sin duda verás las cosas de otra manera.

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