La COVID-19 ha afectado duramente a los niños. Así pueden ayudar las escuelas

COVID has left a lasting impact on education in a number of ways.
COVID has left a lasting impact on education in a number of ways.Image: UNSPLASH/National Cancer Institute
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  • La COVID-19 ha dejado una huella duradera en la educación: las carencias de aprendizaje en todas las etapas se enfrentan a atrasos, demoras y problemas complejos.

  • La pandemia ha puesto de relieve la importancia del bienestar y las relaciones humanas en el aprendizaje, especialmente por su impacto en el comportamiento de los alumnos.

  • La tutoría y las conversaciones individuales son herramientas valiosas que utilizan los docentes para ayudar a reducir los problemas de conducta y fomentar la escucha.

La COVID ha dejado una huella duradera en la educación de diversas maneras. Es posible que las carencias de aprendizaje nunca puedan subsanarse por completo; los atrasos, las demoras y la mayor complejidad en el ingreso a la universidad seguirán haciéndose sentir más adelante; la ansiedad y la depresión son más frecuentes.

Pero la pandemia también ha dado a los educadores la oportunidad de pensar en hacer las cosas de otra manera. A partir de la experiencia de los confinamientos y el distanciamiento social, así como de las oportunidades que ofrece un uso más creativo de la tecnología, las escuelas y universidades pueden ver la pandemia como una oportunidad para reajustar los sistemas, los procesos y toda la filosofía de la educación.

A menudo, las experiencias nos muestran no solo lo que está presente, sino también lo que falta y por qué aquello que falta es indispensable. Una de las principales lecciones de la COVID ha sido la centralidad del bienestar y las relaciones humanas en el aprendizaje. Durante el confinamiento y el distanciamiento, estudiantes, docentes, padres y administradores comprendieron que la buena relación y la conexión emocional, la comunidad y la presencia eran fundamentales.

El aprendizaje no es un ejercicio árido y técnico. Es un fenómeno emocional y social. Es algo que los psicólogos saben desde hace mucho tiempo.

Disciplina

Varios artículos señalan que, tras la COVID, están surgiendo graves problemas disciplinarios en las escuelas. En Estados Unidos, las escuelas informan de un aumento de las peleas, el vandalismo y la indisciplina, lo que lleva a los docentes a renunciar. En Sudáfrica, los graves problemas disciplinarios se han disparado tras la COVID y se registran casos de acoso, abuso verbal, agresiones físicas, intimidación e incluso apuñalamientos.

Los especialistas afirman que hay más casos tras la COVID que en el pasado.

Dirijo una gran escuela de educación primaria y secundaria (desde el jardín de infancia hasta el último año de secundaria). Hemos resistido la COVID y parece que estamos saliendo adelante. He observado ansiedad entre los alumnos, lagunas de aprendizaje y problemas disciplinarios en la forma en que los jóvenes responden a lo que ha sido un trauma mundial. Pero, cuando analizamos la disciplina, salen a la luz ciertos principios universales que conviene tener en cuenta.

Los psicólogos educativos saben que los problemas disciplinarios están relacionados con el entorno familiar. La conducta positiva de los padres, las rutinas diarias (como cenar en familia todas las noches) y el apoyo social (escuchar, conversar y pasar tiempo juntos) tienen un efecto enormemente positivo en los alumnos.

Pero no todos los alumnos cuentan con el apoyo familiar necesario para brindarles pleno respaldo emocional y psicológico.

Tutoría y conversaciones individuales

Como director de una escuela, creo firmemente en establecer una buena relación individual con los alumnos. La mayoría de las escuelas son grandes y es fácil que algunas personas queden desatendidas. Cada alumno debería saber que en el centro hay un adulto de confianza, y cada docente debería acompañar a un grupo determinado de alumnos. Cuanto más pequeño sea el grupo de alumnos a cargo de un docente, mejor.

Si cada niño tiene la oportunidad de sentarse con un docente y hablar sobre cómo le van las cosas, eso ayuda a afianzar la relación y a expresar cualquier tensión que pueda estar acumulándose. Cada año me reúno con mis alumnos y les hago algunas preguntas clave. Los docentes pueden hacer lo mismo, asumiendo el papel de mentores en estas conversaciones y planteando preguntas importantes como:

  • ¿Cómo estás?

  • Cuéntame tu historia.

  • ¿De qué te gustaría hablar?

  • ¿Cómo van las cosas en tu vida?

Estas preguntas dan a los alumnos la oportunidad de abrirse y expresarse. También mejoran con el tiempo las relaciones entre el personal docente y los alumnos. Esto es importante porque es menos probable que las personas incurran en conductas antisociales cuando están en compañía de personas que conocen y en quienes confían, especialmente si estas ocupan puestos de autoridad.

Un programa de mentoría basado en la confianza y en conversaciones significativas sobre el crecimiento es una forma segura de reducir las tensiones y promover el bienestar. Quizá no baste para erradicar por completo los problemas disciplinarios, pero permite que se pueda hacer entrar en razón a los alumnos con mayor rapidez. Ya existe cierto capital social al que recurrir para restablecer la calma cuando sea necesario. Además, la posibilidad de conversar abiertamente con un adulto conocido sirve como válvula de escape y reemplaza la violencia.

Renovación de la sociedad

Una escuela es un microcosmos de la sociedad que la rodea. Esto no significa que no podamos cambiar la sociedad a través de las escuelas.

En lugar de limitarse a reflejar las dificultades del mundo adulto, las escuelas también son espacios seguros donde los jóvenes pueden aprender y desarrollarse en paz. Los docentes que cada día se ponen en primera línea para defender este bien público esencial merecen reconocimiento y agradecimiento.

Si dedican aún más atención a construir relaciones individuales, las escuelas pueden contribuir a crear un mundo más pacífico, basado en la escucha y la valoración de los demás.

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