«La vida no es justa; acostúmbrate». La famosa primera regla de «11 reglas que nunca aprenderás en la escuela» de Bill Gates resuena en todo el mundo, pero probablemente más entre las mujeres que entre los hombres. Según el Índice Global de Brecha de Género, se necesitan 108 años para cerrar la brecha de género mundial. Mientras que los modelos económicos clásicos predicen que la discriminación por características como el género debería desaparecer de forma natural gracias a la competencia, la realidad parece contar otra historia.
La falta de mujeres en sectores dominados por hombres y con salarios altos, como STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), suele citarse como un factor clave de la brecha de género. Aunque las niñas obtienen resultados tan buenos como los niños en las pruebas estandarizadas de matemáticas y ciencias en la escuela, son menos las mujeres que se plantean una carrera profesional en estos campos. Las mujeres parecen enfrentarse a obstáculos distintos que tienen poco que ver con sus capacidades. Los estereotipos de género son uno de ellos.
¿Qué son los estereotipos de género?
Por lo general, se representa a los hombres con rasgos de agencia, como la competencia, la orientación al logro, la inclinación a tomar las riendas, la autonomía y la racionalidad; a las mujeres se las asocia con rasgos comunales, como la preocupación por los demás, la tendencia a establecer vínculos, la deferencia y la sensibilidad emocional. Estos rasgos no solo son diferentes, sino que tienden a ser opuestos: en promedio, la gente cree que los hombres no deberían ser excesivamente afectuosos (comunales) y que las mujeres no deberían ser excesivamente dominantes (de agencia). La investigación sobre estas generalizaciones ha sido extensa y demuestra que se mantienen constantes en distintas culturas, épocas y contextos.
Los estereotipos suelen servir de atajos para formarnos impresiones sobre las personas y guiar nuestras decisiones, sin que seamos plenamente conscientes de ello. Las ideas preconcebidas sobre el género tienen consecuencias importantes en el lugar de trabajo. Estos son algunos ejemplos:
• No se reconoce el mérito de quien lo merece
Cuando las mujeres trabajan con hombres en tareas que se asocian tradicionalmente con el género masculino, es más probable que se atribuyan a los hombres los éxitos compartidos y que se culpe a las mujeres de los fracasos conjuntos. Estas expectativas negativas sobre el desempeño solo pueden revertirse cuando la contribución individual de la mujer es incuestionable o su competencia en la tarea es muy alta.
• A los hombres se los asciende por su potencial; a las mujeres, por un desempeño demostrado
Las investigaciones muestran que a las mujeres se les exigen criterios más estrictos para ascender: las mujeres ascendidas tienen calificaciones de desempeño más altas que los hombres ascendidos, y las calificaciones de desempeño están más estrechamente relacionadas con los ascensos en el caso de las mujeres que en el de los hombres.
• El efecto de reacción adversa: competente, pero mandona y antipática
Cuando las mujeres desafían los estereotipos y rompen las expectativas sobre cómo «deberían» comportarse, pagan un precio: se percibe a las mujeres dominantes como menos simpáticas y menos contratables que a los hombres. Una encuesta de 2016 a más de 30.000 empleados reveló que las mujeres que negociaron ascensos tenían un 30 % más de probabilidades que los hombres de ser calificadas de intimidantes, mandonas o agresivas.
La paradoja: ¿desafiar o ajustarse?
Cuando las mujeres se ajustan a los estereotipos de género (por ejemplo, al mostrar sensibilidad emocional y preocupación por los demás), es probable que se las perciba como menos competentes. Pero si desafían esos estereotipos y se comportan «como un hombre» (por ejemplo, mostrando dominio, ambición y racionalidad), serán penalizadas con una reacción adversa. Las mujeres que tienen éxito en campos tradicionalmente masculinos conocen bien este efecto. En enero, durante la reunión anual de la Asociación Económica Estadounidense, Susan Athey, economista de renombre mundial, dijo: «Pasé todo el tiempo esperando que nadie recordara que era mujer.»
Los hombres también pueden ser penalizados cuando no se ajustan a estos estereotipos de género. Un estudio reciente reveló que el género de quien ocupaba inicialmente un puesto (en este caso, el de gerente de préstamos de microcrédito) bastaba para influir en la autoridad de quienes ocuparan ese puesto más adelante. En otras palabras, cuando se asignaba a un prestatario una gerente, este asociaba el puesto con el género femenino y se mostraba menos dispuesto a cumplir que si inicialmente se le hubiera asignado un gerente. Este sesgo persiste incluso después de que lo gestione una persona del otro género (es decir, un gerente en nuestro ejemplo).
Los estereotipos nos perjudican a todos
Los estereotipos son creencias arraigadas, perpetuadas tanto por hombres como por mujeres y presentes en nuestra mente desde la infancia. Cualquiera puede caer fácilmente en esta trampa. ¿Tienes curiosidad? Puedes poner a prueba tus asociaciones inconscientes entre género y ciencias o artes haciendo el Test de Asociación Implícita entre Género y Carrera. El 70 % de las personas que hicieron esta prueba en 34 países asociaron la ciencia más con los hombres que con las mujeres.
Por desgracia, las leyes contra la discriminación, los códigos de conducta, los criterios de diversidad o las acciones legales no pueden combatir esta forma más sutil de discriminación. No puedes demandar a tu jefe por creer, consciente o inconscientemente, que no tienes lo necesario para triunfar.
La pelota está en nuestro tejado
Crear conciencia sobre estos desafíos no basta. Para cambiar mentalidades, las mujeres deberían hacer tres cosas:
1. Aprender: porque el conocimiento es poder
¿Alguna vez has sentido que el taller de reparaciones se aprovechó de ti? Si es así, no eres la única persona. Un artículo de investigación reveló que los talleres de reparación de automóviles modifican sus presupuestos según lo informadas que parezcan las personas que llaman sobre los precios. Cuando quienes llamaban daban a entender que no tenían ni idea de cuánto debería costar la reparación, a las mujeres se les cotizaba un precio más alto que a los hombres. Sin embargo, estas diferencias de género desaparecían cuando se indicaba un precio de referencia.
Este ejemplo muestra cómo un solo dato puede ayudar a reducir la discriminación de precios por motivos de género (y quizá también empezar a cambiar las expectativas de los mecánicos sobre las mujeres). Curiosamente, el estudio también descubrió que los talleres tenían más probabilidades de ofrecer un precio más bajo si quien lo pedía era una mujer que si era un hombre. Así, las mujeres informadas acababan teniendo ventaja sobre los hombres.
El movimiento #SheCANics es un poderoso ejemplo de cómo empoderar a las mujeres mediante la concienciación, la educación y el apoyo.
2. Adentrarse con confianza en ámbitos dominados por hombres y alzar la voz
Seamos sinceros: los estereotipos no desaparecerán mientras la gente no entienda que son perjudiciales. Las mujeres en entornos dominados por hombres pueden ayudar a crear conciencia. Los modelos a seguir desempeñan un papel crucial en la promoción de la igualdad de género y la lucha contra los estereotipos de género (por ejemplo, Billie Jean King en el deporte, la iniciativa Lean In de Sheryl Sandberg, Lean In y la campaña #banbossy). Incluso los anunciantes están entrando en este terreno y empiezan a dirigirse activamente a las mujeres (por ejemplo, el anuncio de Gillette «Lo mejor que un hombre puede ser» o el anuncio de Serena Williams para Bumble).
3. Prepararse para reaccionar
Las mujeres deberían anticiparse y prepararse para reaccionar ante comentarios inapropiados o discriminatorios. Por ejemplo, cuando a la celebridad estadounidense Lauren Conrad le preguntaron por radio «¿Cuál es tu posición favorita?», hizo una breve pausa y respondió: «Directora ejecutiva».
Aunque antes esas preguntas o comentarios fueran aceptables, hoy nos corresponde asegurarnos de que ya no se toleren. Quienes perpetúan los estereotipos de género deberían afrontar las consecuencias de ese comportamiento. Un ejemplo reciente es la disculpa de Martin Solveig tras hacer un comentario sexista durante la ceremonia del Balón de Oro. Debemos aceptar que existen sesgos, asumirlos y reeducar nuestro cerebro para superarlos. Puede que la vida no sea justa, pero podemos hacer algo al respecto.

