Los bebés saben que otros idiomas sirven para comunicarse

A two-year-old boy cools himself off at a beach in Mumbai May 5, 2006. With the summer temperatures reaching upto 37 degrees Celsius (99 Fahrenheit) people resort to different ways to cool themselves off. REUTERS/Adeel Halim
New research shows that babies are able to tell that, when we speak in a different language, it serves a purpose.Image: REUTERS/Adeel Halim
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Los bebés reconocen que el habla en un idioma distinto del suyo sirve para comunicarse, según indica un nuevo estudio.

Los resultados ofrecen nuevas perspectivas sobre cómo se procesa el lenguaje a una edad temprana.

«Al cumplir un año, los bebés entienden que los idiomas extranjeros pueden transmitir información entre las personas, aunque ellos mismos no entiendan ese idioma», explica Athena Vouloumanos, profesora asociada del departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York y autora del estudio publicado en Cognition.

«Esto nos indica que el procesamiento que hacen los bebés de los aspectos formales del lenguaje, como los sonidos del habla y el aprendizaje de palabras, es independiente del procesamiento de los aspectos comunicativos del lenguaje, en concreto, de la transmisión de información», afirma Vouloumanos.

Desde hace tiempo se sabe que los bebés entienden que el habla en su lengua materna permite a las personas comunicarse. Está menos claro si esta comprensión se limita a su lengua materna o si se extiende a idiomas que no son nativos y con los que no tienen experiencia.

Para abordar esta cuestión, Vouloumanos llevó a cabo una serie de experimentos en los que bebés de 12 meses observaron a actores comunicarse de varias maneras. Un observador registró las respuestas de los bebés, como la dirección de su mirada. El tiempo que mantienen la mirada es una medida que se utiliza habitualmente para detectar la comprensión del lenguaje y de conceptos en los bebés.

En los experimentos, los bebés veían a un actor, el Comunicador, elegir repetidamente uno de dos objetos. Cuando el Comunicador ya no podía alcanzar el objeto deseado, pero un segundo participante, el Receptor, sí podía, el Comunicador pronunciaba una frase sin sentido en inglés (la lengua materna de los bebés), español (con un ritmo distinto) o ruso (con una estructura distinta), o tarareaba (una vocalización no verbal). Los bebés nunca habían oído español ni ruso.

En los tres idiomas —nativo y no nativos—, pero no cuando se tarareaba, los bebés miraban durante más tiempo cuando el Receptor entregaba al Comunicador el objeto que no era el deseado que cuando le entregaba el objeto deseado. En cambio, cuando el Comunicador tarareaba, los bebés miraban por igual los resultados en que se entregaba uno u otro objeto.

Al mirar durante más tiempo cuando el Receptor entregaba el objeto no deseado, los bebés parecían reconocer que se había producido un malentendido o que la interacción verbal tenía algún valor comunicativo, aunque no fuera en su lengua materna.

«Estos resultados indican que los bebés pueden ir más allá de su experiencia concreta con su propia lengua materna y reconocer que todos los idiomas permiten que las personas se comuniquen», explica Vouloumanos.

«A los 12 meses, los bebés no suelen asociar palabras de idiomas no nativos con objetos ni distinguir la mayoría de los contrastes fonéticos de esos idiomas, pero sí pueden entender que los idiomas no nativos transmiten información a otras personas», afirma Vouloumanos.

El Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver, que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud, financió el trabajo.

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