Investigadores han desarrollado un programa educativo basado en el juego que puede enseñar a los bebés un segundo idioma con solo una hora al día.
Desde hace años, científicos y padres destacan los beneficios de introducir a los bebés a dos idiomas: se ha demostrado que la experiencia bilingüe mejora las capacidades cognitivas, especialmente la resolución de problemas.
Y, para los bebés que crecen en hogares donde se hablan dos idiomas, ese aprendizaje bilingüe ocurre casi sin esfuerzo. Pero ¿cómo pueden desarrollar esas habilidades los bebés de hogares monolingües?
«Como investigadores que estudiamos el desarrollo temprano del lenguaje, a menudo hablamos con padres deseosos de ofrecer a sus hijos la oportunidad de aprender otro idioma, pero que no pueden permitirse una niñera de otro país y tampoco hablan un idioma extranjero», afirma Naja Ferjan Ramirez, investigadora científica del Institute of Learning & Brain Sciences (I-LABS) de la Universidad de Washington.
Un nuevo estudio de investigadores del I-LABS, publicado en la revista Mind, Brain, and Education, es uno de los primeros en investigar cómo pueden aprender los bebés un segundo idioma fuera del hogar.
Los investigadores se propusieron responder una pregunta fundamental: ¿Se puede enseñar un segundo idioma a los bebés si no están expuestos a una lengua extranjera en casa y, de ser así, qué tipo de exposición y cuánta se necesita para iniciar ese aprendizaje?
Los investigadores llevaron su pregunta hasta Europa: desarrollaron un método y un plan de estudios intensivos de inglés basados en el juego y los pusieron en práctica en cuatro centros públicos de educación infantil de Madrid, España.
Enseñanza con «parentese»
Dieciséis estudiantes universitarios y recién graduados participaron como tutores en el estudio. Antes de viajar a España, recibieron dos semanas de formación en el I-LABS para aprender el método de enseñanza y el plan de estudios. El amplio sistema de educación pública del país permitió a los investigadores incluir a 280 bebés y niños de familias con distintos niveles de ingresos.
Basado en años de investigación del I-LABS sobre el desarrollo del cerebro y el lenguaje en los bebés, el método hace hincapié en la interacción social, el juego y la calidad y cantidad del lenguaje que emplean los docentes. El enfoque utiliza el «habla dirigida a los bebés» —a menudo llamada «parentese»—, el estilo de habla que usan los padres con sus bebés, con una gramática más sencilla, un tono más agudo y exagerado y vocales alargadas.
«Nuestra investigación muestra que el parentese ayuda a los bebés a aprender el lenguaje», afirma Ferjan Ramirez.
Durante 18 semanas, bebés de entre 7 y 33,5 meses recibieron sesiones de inglés de una hora al día, mientras que un grupo de control participó en el programa bilingüe habitual de las escuelas de Madrid. Al principio y al final de las 18 semanas se evaluó a ambos grupos en español y en inglés.
«La ciencia indica que el cerebro de los bebés es la mejor máquina de aprendizaje jamás creada…»
Los niños también llevaron chalecos especiales equipados con grabadoras ligeras que registraron su aprendizaje del inglés. Se analizaron las grabaciones para determinar cuántas palabras y frases en inglés decía cada niño.
Los niños que recibieron el nuevo método mejoraron rápidamente su comprensión y producción del inglés y superaron significativamente a sus pares del grupo de control, a todas las edades y en todas las pruebas de inglés.
Al final del programa de 18 semanas, los niños del programa de los investigadores producían una media de 74 palabras o frases en inglés por niño y por hora; los niños del grupo de control producían 13 palabras o frases en inglés por niño y por hora.
Ferjan Ramirez afirma que los resultados muestran que incluso los bebés de hogares monolingües pueden desarrollar habilidades bilingües a una edad tan temprana.
«Con el enfoque adecuado, basado en la ciencia y que combine las características que, como sabemos, impulsan el desarrollo del lenguaje infantil, es posible ofrecer a niños muy pequeños la oportunidad de empezar a aprender un segundo idioma con solo una hora de juego al día en un centro de educación infantil», afirma. «Esto tiene grandes implicaciones para nuestra forma de pensar sobre el aprendizaje de idiomas extranjeros».
«Las mejores máquinas de aprendizaje»
Las pruebas de seguimiento realizadas 18 semanas después mostraron que los niños habían retenido lo aprendido. Las mejoras en inglés fueron similares entre los niños que asistían a las dos escuelas de barrios predominantemente de bajos ingresos y los de las dos escuelas de zonas de ingresos medios, lo que sugiere que la riqueza no era un factor significativo en la capacidad de los bebés para aprender un idioma extranjero.
La lengua materna de los niños (el español) siguió desarrollándose mientras aprendían inglés, y la introducción de un segundo idioma no la perjudicó.
«La ciencia indica que el cerebro de los bebés es la mejor máquina de aprendizaje jamás creada y que el aprendizaje infantil depende del momento. Nunca tendrán más facilidad para aprender un segundo idioma que entre los 0 y los 3 años», afirma Patricia Kuhl, coautora del estudio, codirectora del I-LABS y profesora de ciencias del habla y la audición.
Según Kuhl, los resultados podrían transformar la forma de abordar la enseñanza temprana de idiomas en Estados Unidos y en todo el mundo:
«Los padres de Madrid, de Estados Unidos y de todo el mundo desean ofrecer a sus hijos la oportunidad de aprender pronto un idioma extranjero. El censo de Estados Unidos indica que actualmente el 27 por ciento de los niños estadounidenses menores de 6 años están aprendiendo en casa un idioma distinto del inglés.
«Aunque estos niños son plenamente capaces de aprender tanto el idioma de sus padres como el inglés, a menudo no tienen suficiente exposición al inglés antes de entrar en el jardín de infancia y, por ello, suelen quedarse atrás respecto a sus compañeros cuando empiezan la escuela», afirma.
«El nuevo trabajo del I-LABS muestra que podemos crear en un entorno educativo un ambiente de aprendizaje bilingüe temprano para quienes aprenden dos idiomas y que, con una hora al día, los bebés pueden iniciar el aprendizaje de un segundo idioma antes y con mucha más facilidad de lo que pensábamos. Esto está al alcance de todos», afirma Kuhl.


