En esta era de meritocracia de las máquinas, los sistemas tradicionales de aprendizaje y educación deben cambiar para adaptarse a la realidad de un futuro dominado por fenómenos como la cadena de bloques y la inteligencia artificial.
La educación autodidacta en casa ya es una realidad, pues el aprendizaje en línea a través de plataformas como Khan Academy, Coursera, TED, Wikipedia y YouTube figura entre los centros de conocimiento gratuito más destacados del mundo.
Sin embargo, pese a todos estos avances, los métodos convencionales de educación podrían prestar más atención al desarrollo personal de cada estudiante. Muchos estudiantes no suelen entender por qué aprenden los contenidos que se espera que aprendan, lo que hace que las clases parezcan arbitrarias y carentes de propósito. Se obliga a los alumnos a ceñirse a plazos estrictos en vez de dar rienda suelta a la creatividad y la curiosidad, y el énfasis en las calificaciones se traduce en un temor constante al fracaso. Por su parte, los docentes tienen una larga lista de tareas: desde planificar las clases y los trabajos hasta enseñar, calificar y prestar atención individualizada a los estudiantes.
Entonces, ¿cómo podría mejorarse la educación y llevarse al siguiente nivel? Las nuevas tecnologías, como la cadena de bloques y la inteligencia artificial, podrían desempeñar un papel importante.
La cadena de bloques es un registro público distribuido muy transparente, resiliente y eficiente, en el que un registro o una base de datos en la nube se distribuye geográficamente a través de una red de computadoras entre pares. Por ello, es un recurso global y abierto, en el sentido de que ninguna empresa ni persona es propietaria de la tecnología y esta no depende de un tercero de confianza.
En el ámbito educativo, la tecnología de cadena de bloques puede significar mucho más que el uso de macrodatos, la web social, los MOOC (cursos en línea masivos y abiertos) o la realidad virtual. Los responsables de educación pueden utilizarla en ámbitos concretos, como el registro de información de los estudiantes, el desarrollo de nuevos modelos de aprendizaje y el seguimiento del costo de la educación, incluida la deuda estudiantil.
Pensemos en los modelos de aprendizaje. Muchas instituciones educativas siguen centradas en el modelo de aprendizaje «de difusión», en el que el docente transmite el contenido y el estudiante es el supuesto receptor dispuesto de un mensaje unidireccional. Este modelo ya no resulta pertinente para una nueva generación de estudiantes que busca participar activamente en el futuro del aprendizaje. La cadena de bloques ofrece una plataforma para esa colaboración, con un intercambio de ideas y conceptos acompañado de un sistema de seguimiento de los resultados estudiantiles.
En cuanto a la deuda estudiantil, que ha aumentado considerablemente junto con las tasas de matrícula, la cadena de bloques y otras tecnologías pueden ayudar a los responsables de educación a encontrar alternativas a los préstamos. Por ejemplo, iniciativas como Learning Is Earning se basan en un modelo que ofrece a los estudiantes la posibilidad de amortizar sus préstamos estudiantiles enseñando a otros estudiantes o aplicando de inmediato sus nuevos conocimientos en el mercado laboral. Incluso puede que los empleadores estén dispuestos a pagar toda la educación de un estudiante a cambio de una parte de sus ingresos futuros, registrada en la cadena de bloques.
La inteligencia artificial, es decir, el uso de sistemas informáticos para tareas que requieren capacidades humanas de toma de decisiones, podría utilizarse en la educación superior para actividades como la tutoría y la escritura robótica. Aunque quizá no veamos robots parecidos a los humanos que actúen como docentes en un futuro próximo, la IA puede ayudar a los educadores a desarrollar una forma de aprendizaje más personalizada, identificando patrones en los datos y ofreciendo información que oriente a cada estudiante. Además, la IA puede ayudar a crear libros de texto personalizados para que la enseñanza pase de los conocimientos generales al dominio del aprendizaje.
Estas nuevas formas de educación pueden parecer fantásticas, pero todas son posibles mediante una integración inteligente del diseño, la tecnología y la visión. Lo único seguro sobre el futuro que nos espera es que sacudirá el presente hasta sus cimientos y, dado el rumbo que siguen la cadena de bloques y la inteligencia artificial, parece que tenemos una oportunidad sin precedentes para convertir la educación en cualquier cosa que podamos imaginar.


