¿Estamos perdiendo a una generación por el desempleo?

¿Estamos perdiendo a una generación por el desempleo?
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Hasta 200 millones de personas en todo el mundo quieren trabajar y no encuentran empleo, tras casi cuatro años de crisis financiera global e incluso cierto crecimiento económico.

Para los jóvenes, el desempleo no es solo cíclico, sino una condición crónica que les está arrebatando un futuro seguro y priva a la sociedad de sus contribuciones a una sociedad más sana y económicamente más productiva.

Me parece inaceptable. Corremos el peligro de perder a una generación.

A pesar de los numerosos esfuerzos por integrar a los jóvenes en la fuerza laboral mediante programas de formación e inversiones en educación, más de 75 millones siguen sin un empleo formal. Los jóvenes tienen tres veces más probabilidades que los adultos de estar desempleados.

En muchos lugares donde el desempleo es elevado, existe un desajuste entre lo que necesitan los empleadores y los conocimientos y las competencias que poseen los jóvenes. Los educadores necesitan una colaboración constante con las empresas privadas para asegurarse de que enseñan las competencias que demanda el mercado. Igualmente importante es eliminar los obstáculos a la creación de empleo para las pequeñas y medianas empresas, que aportan la mayor parte del empleo en la mayoría de las economías.

Necesitamos una verdadera alianza público-privada, como se describe en el próximo informe del Consejo de la Agenda Global sobre el Desempleo Juvenil del Foro Económico Mundial. Proponemos vincular a educadores, reguladores gubernamentales, empresas privadas, sociedad civil y estudiantes en un esfuerzo conjunto para que la educación superior y la formación profesional sean más pertinentes. También necesitamos mejorar el clima empresarial para que las empresas puedan crecer y contratar.

Tomemos el caso de Túnez. Antes de los levantamientos de la Primavera Árabe, me reuní con el primer ministro tunecino, Beji Caid el Sebsi, quien solicitó la ayuda del Banco Mundial para reducir la tasa de desempleo del 30 % entre sus jóvenes ciudadanos con títulos universitarios. Para estos jóvenes, la educación superior no trajo oportunidades de empleo, sino que solo elevó unas expectativas que la economía no podía satisfacer.

El primer ministro creía que un país pequeño como Túnez podría ser competitivo en el sector de las tecnologías de la información. Pero su país no contaba con el entorno regulatorio ni de inversión para atraer a esta industria.

En los 18 meses transcurridos desde que la autoinmolación del vendedor de fruta tunecino Mohamed Bouazizi extendió la protesta por Oriente Medio y el Norte de África, el pueblo tunecino ha conseguido una voz política; sin embargo, el desempleo sigue tan alto como siempre. Queda mucho por hacer para crear oportunidades económicas. Nuestro Consejo aspira a contribuir con lo que pueda para ayudar a Túnez a superar estos desafíos.

Partiendo del trabajo de e4e, una iniciativa de educación profesional de la Corporación Financiera Internacional y el Banco Islámico de Desarrollo, nuestro Consejo llevará a cabo un proyecto piloto para crear una red público-privada que mejore la educación.

Nuestro objetivo es fomentar la inversión de proveedores del sector privado en programas de educación y formación terciaria, profesional y de preparación para el trabajo. Potencialmente, dichos proveedores podrían realizar inversiones directas en un fondo de capital riesgo.

Trabajaremos para mejorar el clima de inversión a fin de facilitar una mayor inversión del sector privado en educación, emprendimiento y desarrollo de las pymes, una agenda que abarca el crecimiento económico, el acceso a la financiación y la competencia.

Esta es solo una de las iniciativas del Consejo de la Agenda Global sobre el Empleo Juvenil. Les invito a leer el informe completo.

Autor: Lars Thunell es vicepresidente ejecutivo y director ejecutivo de la IFC

Imagen: Personas hacen fila para entrar en una feria de empleo en Nueva York, el 18 de abril de 2012. REUTERS/Shannon Stapleton

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