¿Las princesas de Disney están fracasando como modelos a seguir?

A young girl wears a costume before a bat-signal is projected on City Hall in honor of late actor Adam West in Los Angeles, California, U.S., June 15, 2017. REUTERS/Mario Anzuoni - RTS17ASM
Granada University researchers have said that Disney princesses are too stereotypical for young girls today.Image: REUTERS/Mario Anzuoni
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A los dos años, la mayoría de los niños usa pronombres de género al hablar e identifica de forma proactiva a las personas como hombres y mujeres. Y cuando cumplen siete años, los niños y las niñas ya han aprendido mucho sobre lo que se espera de ellos dentro de nuestro sistema de género —binario—.

Gran parte de este aprendizaje es involuntario y se transmite a través de la cultura popular.

Hace unos años, un grupo de investigadores de la Universidad de Granada analizó 621 personajes de ambos sexos de 163 series de dibujos animados, entre ellas Monster High y Shin Chan. Descubrieron que las mujeres quedan relegadas en gran medida a papeles secundarios: novias, madres o acompañantes de los héroes y villanos animados.

Las mujeres de dibujos animados no solo rara vez son protagonistas, sino que además están plagadas de estereotipos. Los investigadores españoles señalaron que la mayoría de las mujeres animadas son materialistas, celosas y superficiales, están obsesionadas con su cuerpo y quieren complacer a los demás.

¿Cómo lideran las princesas?

Incluso cuando las mujeres sí son protagonistas, a menudo perpetúan viejos tópicos sobre ellas.

Con Pocahontas (1995), por ejemplo, Disney mostró que ni siquiera las mujeres de dibujos animados pueden «tenerlo todo». La princesa indígena debe elegir entre triunfar en la esfera pública y tener una vida amorosa feliz.

De hecho, los estudios han descubierto que, en todas las películas de princesas producidas por Disney entre 1989 y 1999, los personajes masculinos tienen tres veces más diálogo que los personajes femeninos.

Lingüistas estadounidenses descubrieron que los hombres hablan el 68 % del tiempo en La sirenita, el 71 % en La bella y la bestia, el 90 % en Aladdín y el 76 % en Pocahontas. Ariel, la propia sirenita, en realidad prefiere quedarse muda para siempre a cambio de un hombre.

Los niños no pasan por alto estas lecciones y saben muy bien que los superhéroes suelen ser niños y las princesas, niñas. Esto dificulta aún más que las jóvenes tengan modelos de liderazgo.

A diferencia de los superhéroes, que emplean sus extraordinarios dones para hacer el bien por la sociedad, las princesas de dibujos animados suelen centrarse en asuntos privados, no en el servicio público.

Disney ha mejorado algo desde los tiempos de la pasiva Blancanieves (1937) y la sumisa Cenicienta (1950). En los últimos años han aparecido líderes femeninas entre los personajes del estudio, sobre todo en Mulán (1998) y en el gran éxito de 2013, Frozen.

Pero los mensajes que transmiten no se alejan mucho de los estereotipos más convencionales de Disney.

Mulán es una audaz guerrera china, respetada y seguida por su pueblo… todos creen que es un hombre porque los ha engañado cortándose el pelo. La moraleja parece ser que, para convertirse en una buena líder, una mujer debe parecerse a un hombre y comportarse como tal.

Frozen fue aclamada como «una película de princesas fuera de lo común», porque muestra a dos hermanas que no necesitan que las rescate un apuesto príncipe. Al final de la película, Elsa y Anna se salvan la una a la otra gracias al amor fraternal que las une.

Pero la protagonista, Elsa, tiene dudosas dotes de liderazgo. Como hermana mayor, es responsable de gobernar, pero cuando se pone nerviosa, deja que sus emociones la dominen. A pesar de sus buenas intenciones, no logra ejercer el poder de manera eficaz.

Como resultado, congela su reino y se retira a un mundo solitario. En otras palabras, carece de inteligencia emocional.

Image: Polygraph

Lecciones sobre liderazgo femenino

1. ¿Qué hemos aprendido? Ahora, niños, repetid conmigo:

2. El liderazgo es masculino.

3. Las mujeres lideran mejor cuando parecen hombres y se comportan como ellos.

4. Una vida pública exitosa interfiere en la vida privada de una mujer.

Cuando las mujeres se implican emocionalmente, pierden la capacidad de razonar y su capacidad de liderazgo les falla.

No es de extrañar que las lecciones que hemos interiorizado desde la infancia se reproduzcan a diario en la cobertura mediática (adulta) de, por ejemplo, las mujeres políticas, que se enfrentan a estereotipos y obstáculos totalmente desconocidos para sus colegas varones.

Todo es diversión y juegos

Pero un momento, dicen algunos observadores culturales, ¿no estamos yendo demasiado lejos? Ver películas de Disney e interpretar a los personajes: ¡son cosas de niños, pura diversión y juegos!

No exactamente. El año pasado, académicos de la Universidad Brigham Young, en Utah, investigaron este tema, entrevistando y observando a 198 niños y niñas de preescolar y jardín de infancia.

Descubrieron que cuanto más se identificaban las niñas con la «cultura de las princesas», más mostraban patrones de comportamiento acordes con estereotipos femeninos que sugieren que la belleza, la dulzura y la obediencia son los bienes más preciados de las mujeres. El estudio valida empíricamente las preocupaciones que sociólogos y feministas llevan tiempo planteando.

Reconocer que el liderazgo femenino está poco representado en la sociedad occidental no significa que los niños no deban estar expuestos a estos productos culturales. Está bien que una niña juegue a ser princesa, siempre que también pueda darle patadas a un balón de fútbol, construir cosas con tuercas y herramientas, tocar la batería y soñar con ser científica, ingeniera, astronauta o bombera.

Del mismo modo, no hay razón para que un niño disfrazado de su superhéroe favorito no pueda fingir que cuida bebés, prepara la cena o pasa la aspiradora por la casa.

Juguetes sin género

Ese fue el mensaje de una campaña publicitaria navideña lanzada en 2015 por la cadena francesa de supermercados System U, que recordó a los consumidores que no hay juguetes para niños y juguetes para niñas: solo hay juguetes.

El anuncio, titulado #GenderFreeChristmas, comienza reflejando los clichés que rodean a los niños desde que nacen y afirma que las ideas sobre el género («A las niñas les gustan las cocinitas», «los niños juegan con pistolas») se forman a partir de lo que nos enseñan cuando somos muy pequeños.

Esas concepciones estereotipadas se desmoronan cuando se permite que un grupo de niñas y niños entre en una habitación llena de juguetes. Una niña corre hacia el circuito de coches de juguete; un niño elige una muñeca.

Ya sea por motivos de lucro o de responsabilidad social, las empresas son cada vez más conscientes de los estereotipos de género que promueven sus productos. En Suecia, las cadenas Toys R Us y BR-Toys han dicho que dejarán de publicar catálogos diferenciados por género y de dividir los juguetes en secciones para «niñas» y «niños».

Aun así, las familias deben hablar con los niños sobre el significado de lo que ven y asegurarse de que las niñas entiendan que las princesas son solo un tipo de modelo a seguir: también está la poderosa Wonder Woman, la inteligente Velma de Scooby-Doo y Peppa Pig (a quien un bloguero conservador calificó de «feminista rara»).

Y, por último, los adultos debemos asegurarnos de no reforzar mensajes negativos sobre el género en nuestra vida diaria haciendo que las niñas sientan que su mayor valor reside en parecerse a bonitas princesas.

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