Todas las personas merecen una oportunidad justa en la vida. Sin embargo, la realidad es que tener una oportunidad justa depende del contexto.
Hoy, decenas de millones de jóvenes africanos se incorporan al mercado laboral con la esperanza de encontrar empleo, pero no lo encontrarán. Como consecuencia, crece el descontento, los jóvenes alzan la voz y, en algunas capitales, salen a las calles. Hay muchas razones que explican estos altos niveles de desempleo, desde la falta de competencias hasta la baja calidad de la educación. En toda África, millones de niños y niñas siguen sin asistir a la escuela, lo que reduce drásticamente sus posibilidades de desarrollar su potencial. En particular, muchas niñas son obligadas a casarse a una edad temprana en lugar de continuar sus estudios. Al verse privadas de su derecho a la autodeterminación, terminan teniendo más hijos de los que habrían querido y se convierten en víctimas de abusos cuando el matrimonio pasa a ser su única fuente de sustento económico.
Los líderes africanos han reconocido la urgencia de invertir en las mujeres y los jóvenes de África para garantizar que sean agentes productivos de sus economías en crecimiento. De hecho, han formulado la Hoja de ruta de la Unión Africana para 2017 en torno al tema de aprovechar el dividendo demográfico. Pero no se puede seguir haciendo lo de siempre. Los Estados africanos deben invertir con ambición, enfoque y eficiencia para garantizar que los jóvenes que hoy reciben educación y empoderamiento se conviertan mañana en agentes productivos de sus economías en crecimiento. Además de formular políticas, los gobiernos tendrán que colaborar estrechamente con el sector privado, las organizaciones multilaterales y la sociedad civil para ampliar los programas que funcionan y hacer realidad esa agenda. En respuesta a ese llamamiento de la Unión Africana y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, se está formando una alianza mundial de partes interesadas de distintos sectores para asesorar y ofrecer soluciones prácticas que empoderen, eduquen y empleen a mujeres y jóvenes.

Estas son algunas de las principales prioridades:
Empoderar
Los jóvenes necesitan tener espacio para expresar sus aspiraciones y participar en la construcción del futuro de África. La participación cívica en la construcción de la nación es fundamental para reducir la vulnerabilidad de los jóvenes y maximizar las inversiones en capital humano. De hecho, los jóvenes tienen un papel que desempeñar para exigir cuentas a sus gobiernos y deben recibir el empoderamiento necesario para convertirse en los verdaderos responsables de su futuro.
Además, ningún país del mundo ha logrado un dividendo demográfico sin realizar una inversión considerable para facilitar el acceso a la planificación familiar. La fecundidad es más alta en África subsahariana que en cualquier otra parte del mundo y está disminuyendo muy lentamente. Allí, además de hacer cumplir las leyes para prevenir el matrimonio infantil y ampliar los programas de transferencias monetarias para fomentar la asistencia escolar, los gobiernos deben aprovechar las alianzas con la industria farmacéutica y los expertos en logística para ofrecer opciones de planificación familiar a las mujeres de todas partes, incluso en las zonas más remotas. Pueden garantizar que los seguros privados de salud cubran la planificación familiar y la educación, colaborar con los medios de comunicación para abrir conversaciones sobre la planificación familiar o la edad para casarse, y asociarse con organizaciones comunitarias para involucrar a las comunidades.
Educar
En las últimas décadas se han logrado avances en la matriculación escolar, ya que hoy más niños tienen acceso a la escuela que a comienzos de siglo. Sin embargo, todavía se niega el acceso a la educación a 130 millones de niñas en todo el mundo, 51 millones de ellas en África. Y entre las que tienen el privilegio de asistir a la escuela, muchas no aprenden ni terminan sus estudios.
Para cambiar esta situación, se necesita un cambio radical en la forma de financiar la educación y de utilizar esos fondos. Para empezar, se necesita más financiación para la educación, tanto de donantes internacionales como de recursos nacionales. Pero, sobre todo, todo aumento de la financiación debe ir acompañado de reformas a nivel nacional que mejoren la eficacia y la rendición de cuentas en torno al gasto. Esto incluye alianzas público-privadas para revisar y adaptar los planes de estudio y la formación a las necesidades del mercado. Las nuevas tecnologías abren la puerta a grandes avances tanto en el alcance como en la calidad de la educación, y los modelos de formación profesional han demostrado ser eficaces para acelerar la transición de la escuela al trabajo. Por último, al incentivar la inversión del sector privado mediante un mercado educativo competitivo, los gobiernos pueden fomentar la creación de instituciones educativas regionales de primer nivel.
Emplear
Es necesario acelerar drásticamente en el continente las políticas que facilitan la creación de empleo para absorber su creciente población en edad de trabajar. Los esfuerzos mundiales actuales, a través de la Unión Africana y el Pacto del G20 con África, pueden respaldar la creación de un número considerable de puestos de trabajo. Es imprescindible armonizar ambos procesos mundiales para crear sinergias que se refuercen mutuamente. El Pacto del G20 debe alinearse con lo que necesitan las economías africanas para aprovechar este dividendo demográfico. Sin embargo, las palabras no bastan: todas las partes interesadas, tanto regionales como internacionales, deben cumplir sus promesas y respaldar sus palabras con acciones.
Los gobiernos también deben incentivar el empleo juvenil y aprovechar las numerosas iniciativas existentes lideradas por el sector privado para ampliar las pasantías, los programas de aprendizaje y la formación en el puesto de trabajo. Además de estos empleos, los jóvenes necesitan políticas que faciliten el acceso al capital para emprender, algo que puede lograrse mediante programas de microcrédito y financiación para pymes en colaboración con el sector bancario. En general, es preciso mejorar la competitividad para que los mercados ofrezcan oportunidades a los emprendedores y atraigan a grandes inversores a sectores con efectos multiplicadores en el empleo, como la industria manufacturera, la agroindustria y las TIC.
Estas son algunas de las principales recomendaciones prioritarias. Y la buena noticia es que la mayoría de estas leyes y programas ya existen. Solo hay que aplicarlos o ampliarlos. Para ello, será necesaria la coordinación gubernamental en muchos ámbitos, la elaboración de planes nacionales claros y prácticos, y la participación óptima de la sociedad civil, el sector privado y la comunidad internacional en general, a fin de movilizar la capacidad y la inversión adecuadas.
Invertir en los jóvenes, en particular en las niñas, es una de las medidas más poderosas que puede tomar un país para impulsar el progreso y el desarrollo de todos sus ciudadanos. Para África, no es solo lo correcto: es imprescindible para que el continente sobreviva y prospere.
