Actualmente se están llevando a cabo reformas curriculares en varios países y regiones del mundo más desarrollados económicamente. Gales, Nueva Zelanda, Columbia Británica y otros están transformando sus sistemas educativos para dar una respuesta radical a los cambios provocados por la globalización y las tecnologías digitales.
En Gales, las escuelas primarias, secundarias y especiales desempeñan un papel fundamental en el desarrollo del nuevo currículo del país, que se publicará en enero de 2020 y empezará a implantarse en 2022. El modelo de reforma se basa en el principio de subsidiariedad, según el cual las políticas se elaboran de abajo arriba. Esto significa que unas 180 escuelas «pioneras» participan activamente en la definición del nuevo currículo.
Para nuestro estudio, que se publicará próximamente escuchamos las esperanzas y los temores de más de 600 docentes de estas escuelas «pioneras» respecto al nuevo currículo. En general, a partir de las encuestas, los cuestionarios y las entrevistas realizados, constatamos que los docentes están entusiasmados y son optimistas ante los nuevos cambios. Sin embargo, también salieron a la luz preocupaciones serias, sobre todo por los efectos que el cambio curricular podría tener en el nivel de conocimientos específicos de las materias del alumnado.
Esperanzas
Una de las principales esperanzas que señalaron los docentes fue que el alumnado recibiera una enseñanza basada en un currículo más amplio e integral. Creen que este dejará atrás el sistema actual, oneroso y prescriptivo, que ejerce demasiada presión sobre estudiantes y docentes. En cambio, se espera que la enseñanza se centre en más aspectos del desarrollo de los estudiantes y no solo en los resultados de los exámenes, y que les ayude a comprender la relevancia de los estudios en su vida cotidiana. Los docentes también creen que las clases serán más «emocionantes e inspiradoras» y fomentarán una mayor motivación entre el alumnado.
La segunda esperanza más mencionada estaba relacionada con el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Los docentes con quienes hablamos creen que el nuevo currículo debería centrarse más en desarrollar competencias, incluidas más habilidades profesionales, combinar el «aprendizaje técnico» con contenidos de la «vida real» y ayudar al alumnado a desarrollar competencias y cualidades personales como el pensamiento crítico, la creatividad y la confianza en sí mismo.
Estas últimas ideas se reflejan en los ya publicados cuatro objetivos fundamentales del currículo, que, entre otras cosas, buscan que el alumnado se convierta en ciudadanos y ciudadanas ambiciosos, emprendedores, éticos y saludables, y que contribuya a la sociedad. Muchos docentes dijeron que esperan que estas ideas sigan ocupando un lugar central cuando se implante el currículo y que tengan flexibilidad para diseñar experiencias de aprendizaje en torno a ellas.
En última instancia, los docentes consideran que el nuevo currículo puede «elevar» a Gales en materia educativa y mejorar la vida y la movilidad social del alumnado del país. Por ejemplo, actualmente, un tercio de los jóvenes de 17 añoscree que tendrá que marcharse de Gales para encontrar el trabajo que desea. Un currículo nuevo, marcadamente galés, podría renovar el optimismo de los jóvenes sobre su futuro en Gales.
Temores
Pero los docentes con quienes hablamos también tienen reservas sobre el nuevo currículo. El mayor temor señalado era que no recibieran suficiente apoyo ni tiempo para desarrollarlo. Les preocupa que esto provoque un fracaso general en su implantación y que, finalmente, se abandone. También salieron a la luz varios problemas relacionados. A los docentes les preocupan el aumento de la carga de trabajo, la falta de financiación y la falta de compromiso y «energía» de algunos educadores para afrontar este desafío.
Reconocen que sus aspiraciones para el nuevo currículo exigirán cambios en los sistemas de titulaciones y rendición de cuentas. Sin estos cambios, es poco probable que se cumplan los aspectos más integrales del nuevo currículo. Sin embargo, esto ha suscitado dudas sobre si las partes interesadas más amplias, como empleadores, centros de formación profesional y universidades, aceptarán estos cambios, y sobre cómo evitar las diferencias en la oferta educativa entre escuelas. Aún deben tomarse las decisiones definitivas sobre las titulaciones y es poco probable que los docentes se comprometan de forma significativa hasta conocerlas.
Quizá la preocupación más importante fue la posibilidad de que el alumnado perdiera conocimientos específicos de las materias, lo que podría afectar a su progreso después de los 16 años. Un número considerable de docentes —el 47 % de las 575 personas que respondieron a la encuesta— no sabía si el alumnado adquiriría la misma cantidad de conocimientos con el nuevo currículo. Expresaron su temor a que, como resultado de las reformas, el alumnado quedara en desventaja y dijeron cosas como: «No estará vinculado con los estudios de GCSE, A-Level y grado, y el alumnado tendrá menos conocimientos».
Tensiones que hay que resolver
Nuestros datos muestran que, en general, los docentes están muy entusiasmados con los posibles beneficios del nuevo currículo. Sin embargo, existe una incertidumbre real y, a veces, inquietud por cuestiones importantes que aún no ven resueltas. Es de esperar, sobre todo si tenemos en cuenta algunas de las tensiones presentes en las respuestas de los docentes. Por ejemplo, quieren flexibilidad, pero les preocupan las diferencias entre escuelas.
No hay respuestas fáciles para estas tensiones, pero sí indican que se necesita más claridad sobre cómo se medirán los resultados de las escuelas, cómo se evaluará al alumnado y cómo se garantizará su acceso al conocimiento. Solo la transparencia ayudará a las escuelas a abordar algunas de estas preocupaciones y aumentará la probabilidad de que se hagan realidad más esperanzas que temores.

