Hay cifras récord de niños atrapados en conflictos sin un final a la vista; los riesgos que afrontan hoy tendrán consecuencias que perdurarán más allá de la infancia.
Solo invirtiendo en la infancia y en la arquitectura humanitaria global diseñada para protegerla podremos construir de verdad un futuro estable.
Las alianzas nuevas e innovadoras entre el sector público y el privado, como la Alianza para la Infancia en Emergencias, son clave.
Nos encontramos en una encrucijada que determinará el futuro del planeta y de sus habitantes. Los conflictos nuevos y prolongados, el aumento del hambre, los recortes de la financiación mundial y el colapso de los servicios básicos están llevando las necesidades humanitarias de la infancia a niveles extremos en todo el mundo. La violencia, el desplazamiento, el hambre y el miedo están marcando la infancia, en lugar de la seguridad, el afecto, el crecimiento saludable, el juego y el aprendizaje que los niños merecen.
Se calcula que este año 200 millones de niños necesitarán asistencia humanitaria en todo el mundo, mientras sus derechos están bajo ataque constante. El número de niños desplazados de sus hogares sigue batiendo récords, y muchos permanecen atrapados en situaciones de desplazamiento prolongado durante años. Sin embargo, en los últimos dos años, la disminución general de las contribuciones humanitarias, junto con el aumento de la asignación de fondos a fines específicos, ha reducido la financiación flexible disponible para atender las necesidades críticas de la infancia.
Las madres y los niños que he conocido en los últimos meses, durante misiones a Sudán y Sudán del Sur, me preguntan por qué el mundo se ha olvidado de ellos. El hambre y las enfermedades los acechan; sus vidas están amenazadas por la violencia y por fenómenos meteorológicos cada vez más extremos. Sus historias se parecen a las que cuentan los niños de las 34 crisis humanitarias a las que respondemos en todo el mundo, muchas de ellas silenciosas y ajenas a los titulares.
A medida que aumentan las violaciones graves contra la infancia, se reduce el acceso humanitario y se produce un descenso sin precedentes de la ayuda internacional. Ahora, los sistemas de los que dependen los niños se están desmoronando justo cuando más los necesitan.
La infancia paga el precio de la geopolítica
Esta crisis de la infancia pone en riesgo los programas de emergencia que salvan vidas y amenaza la seguridad y la supervivencia de los niños. Los equipos de UNICEF están en primera línea ante este desmoronamiento del apoyo internacional y, día tras día, en países como Bangladesh, Haití y la República Democrática del Congo, se ven obligados a tomar decisiones imposibles. ¿Deben concentrar los escasos suministros y servicios en los niños de un lugar en detrimento de los de otro? ¿Cómo pueden elegir entre intervenciones de inmunización o nutrición que salvan vidas? ¿Qué suministros de los que depende la supervivencia de los niños deberían reducirse primero?
Ningún niño debería pagar el precio de la geopolítica. La Fundación Gates ha advertido que 2025 probablemente será el primer año, tras décadas de avances extraordinarios, en que aumente el número de muertes de niños menores de cinco años. Esto es inaceptable y debería conmocionar al mundo entero.
Esta no es solo una crisis para la infancia, sino también una amenaza más amplia para la salud, la seguridad y la prosperidad mundiales. Tras ocho décadas trabajando con socios para prestar servicios a los niños y defender sus derechos, sabemos que invertir en un niño beneficia a toda su familia, su comunidad, su país y la economía local y nacional.
El rendimiento de la inversión impresionaría a cualquier consejo de administración. En la última generación, el mundo ha reducido en un asombroso 61 % las muertes de niños menores de cinco años. La inmunización, que salva 4,4 millones de vidas cada año y cuesta solo 35 dólares por niño, ha generado más de 1,5 billones de dólares en beneficios para la salud mundial y la economía. Pero el coste de la inacción podría ser catastrófico, ya que los brotes de enfermedades no respetan las fronteras.
Alianza para la Infancia en Emergencias
Por eso UNICEF lanzará la Alianza para la Infancia en Emergencias en Davos para reunir a empresas comprometidas con la protección de los niños afectados por conflictos, desastres o desplazamientos y aprovechar su experiencia en ámbitos como la gestión de la cadena de suministro y la innovación tecnológica y financiera.
Mediante financiación flexible, conocimientos especializados e influencia, la Alianza es un ejemplo de cómo una fuerza colectiva puede respaldar una respuesta rápida y la resiliencia a largo plazo allí donde y cuando más se necesitan. Los líderes empresariales entienden que invertir en la infancia no es solo un imperativo moral, sino también una decisión económica inteligente.
Hoy, los niños afrontan crisis climáticas y provocadas por conflictos más rápidas y profundas, pero la mayor parte de la financiación sigue llegando solo después de quelas crisis previsibles provoquen malnutrición, desplazamientos y abandono escolar. Ampliar la financiación preestablecida y basada en los riesgos puede salvar vidas infantiles y mejorar su bienestar, al tiempo que reduce el coste total de la respuesta humanitaria y fortalece la resiliencia. Los datos muestran que cada dólar invertido en intervenciones anticipatorias genera entre aproximadamente 2 y 7 dólares en pérdidas evitadas y beneficios adicionales.
La iniciativa Hoy y Mañana de UNICEF es la primera solución de financiación preestablecida y basada en desencadenantes destinada a proteger a los niños frente a los riesgos climáticos y de desastres. Hemos vinculado más de 11,5 millones de dólares en pagos de seguros con inversiones superiores a 13 millones de dólares en 8 países, y hemos llegado a al menos 1 millón de beneficiarios, la mitad de ellos mujeres y niñas.
Ante la profunda incertidumbre y el aumento de las necesidades mundiales, UNICEF está más centrado que nunca. Ochenta años después de nuestra fundación, nacida de una crisis que el mundo prometió no permitir que se repitiera, redoblamos nuestros esfuerzos en lo esencial, guiados por un propósito claro y un compromiso inquebrantable con la infancia.
Mediante la acción colectiva, la financiación innovadora y nuevas alianzas entre los sectores público y privado, podemos acabar con la malnutrición, inmunizar a los niños contra enfermedades mortales, protegerlos incluso en los entornos más frágiles y garantizar una educación de calidad para todos.

