Un artículo que escribimos la semana pasada para The Conversation sobre Siete métodos de enseñanza «excelentes» que no cuentan con respaldo empírico provocó numerosos comentarios y debates. Una de las principales preguntas ha sido: bueno, entonces, ¿qué es lo que hace que la enseñanza sea excelente? Esta es la pregunta que nuestro reciente análisis de la evidencia para Sutton Trust se propuso abordar, junto con la cuestión de cómo pueden los docentes mejorar su enseñanza y, así, lograr un mejor aprendizaje para sus estudiantes.
Definir la enseñanza eficaz no es sencillo. Pero sin duda debe ser algo parecido a: «la enseñanza eficaz es aquella que conduce a un alto rendimiento de los estudiantes en términos de resultados valiosos». Muchas de las formas actuales de evaluar a los niños, en particular las que se utilizan en exámenes de alto impacto o en estudios de investigación existentes, no reflejan plenamente la variedad de resultados importantes que la educación de un niño procura alcanzar.
Identificar una buena enseñanza también es un desafío, porque observar a los niños y a los docentes permite estimar de forma muy limitada cuánto aprenden realmente los estudiantes con distintas prácticas. Tanto si los estudios se basan en la observación en el aula, en encuestas a estudiantes o en el examen de sus trabajos, su capacidad predictiva suele ser escasa. Incluso en estudios de investigación de alta calidad, es difícil mostrar resultados claros.
En la práctica, esto significa que, si usamos la observación en el aula para identificar a los docentes como «por encima» o «por debajo» del promedio en cuanto a su impacto en el aprendizaje de los estudiantes, acertaríamos alrededor del 60 % de las veces, frente a la probabilidad del 50 % de acertar si simplemente lanzáramos una moneda. ¡Mejor que el azar, pero no mucho!
Seis buenas prácticas
La investigación que revisamos sugiere que hay seis componentes comunes que caracterizan la enseñanza de buena calidad:
Conocimiento de la materia. Se da cuando los docentes tienen un conocimiento profundo de la materia que enseñan y pueden comunicar el contenido eficazmente a sus estudiantes. Encontramos pruebas sólidas de su impacto en los resultados de los estudiantes.
Calidad de la instrucción. Esto incluye que los docentes dominen la formulación eficaz de preguntas y el uso de la evaluación. Los buenos docentes también emplean técnicas como repasar aprendizajes anteriores y dar a los niños tiempo suficiente para practicar y afianzar las habilidades. Asimismo, introducen progresivamente nuevas habilidades y conocimientos, un proceso conocido como «andamiaje». De nuevo, hay pruebas sólidas de su impacto en el aprendizaje.
Clima de enseñanza. La calidad de las relaciones de enseñanza y aprendizaje entre docentes y estudiantes es importante. Una buena enseñanza plantea retos a los estudiantes, pero desarrolla en ellos una sensación de competencia: atribuye el éxito al esfuerzo, en lugar de a la capacidad. Encontramos pruebas moderadas de que el clima de enseñanza en el aula repercute en los resultados de los estudiantes.
Gestión del aula. El uso eficiente del tiempo de clase, la coordinación de los recursos y el espacio del aula, y la gestión del comportamiento de los estudiantes mediante reglas claras que se aplican de forma constante: encontramos pruebas moderadas del impacto de estos factores en el aprendizaje de los niños. Quizá sean condiciones necesarias para un buen aprendizaje, pero no bastan por sí solas. Un aula bien ordenada con una clase ineficaz no tendrá un gran impacto.
Creencias de los docentes. También hay algunas pruebas de la importancia de los motivos por los que los docentes adoptan determinadas prácticas y de los propósitos u objetivos que tienen para sus estudiantes. Por ejemplo, las investigaciones indican que las creencias de los docentes de primaria sobre la naturaleza de las matemáticas y sus teorías acerca de cómo aprenden los niños —y del papel que desempeñan en ese aprendizaje— son más importantes para los resultados de los estudiantes que el nivel de titulación en matemáticas del docente.
Conducta profesional. El desarrollo de habilidades y prácticas profesionales, la participación en formación profesional, el apoyo a los colegas y la función más amplia de relacionarse y comunicarse con los padres también contribuyen a una enseñanza eficaz. Encontramos algunas pruebas de que esto repercute en los resultados de los estudiantes.
Ayudar a los docentes a ayudar a los estudiantes
Hacer llegar a los docentes los resultados de esta evidencia es otra cuestión. Un análisis exhaustivo de la experta en educación neozelandesa Helen Timperley y sus colegas detalló cómo reaccionan los docentes cuando ven que una práctica determinada hace que los estudiantes aprendan más. Su análisis sugiere que la forma en que los docentes aprenden sobre su propia enseñanza puede repercutir directamente en los resultados de los estudiantes.
En conjunto, la evidencia indica que los docentes que mantienen el uso de buenas prácticas lo hacen centrando claramente su atención en mejorar los resultados de los estudiantes. Se debe proporcionar a los docentes comentarios claros sobre su enseñanza por medio de un mentor que les fije objetivos específicos y exigentes. Los líderes escolares también deben promover un entorno de aprendizaje y apoyo profesional para los docentes. Este proceso es notablemente similar a lo que sabemos sobre cómo aprenden los estudiantes en las escuelas.
Publicado en colaboración con The Conversation
Autor: Steve Higgins es profesor de Educación en Durham University. Robert Coe es director del Centre for Evaluation and Monitoring de Durham University.
Imagen: Un estudiante escucha a su profesor de ciencias de secundaria. REUTERS/Jim Young

