6 formas de preparar a las universidades para el futuro

A technology entrepreneurship class at Stanford University, California.
A technology entrepreneurship class at Stanford University, California.Image: REUTERS/Stephen Lam
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Los miembros de la comunidad del Foro Global de Líderes Universitarios se reunieron en la Reunión Anual 2019 del Foro Económico Mundial para debatir su papel en un mundo en constante cambio. Estos son seis temas que ocuparon un lugar destacado en la agenda mientras sus miembros reflexionaban sobre el futuro de la universidad y su papel en la sociedad.

1. Introducir los fundamentos de la ciencia de datos

Hoy, los datos están omnipresentes y a menudo resultan abrumadores. A modo de ejemplo, el informe Data Never Sleeps 6.0 de Domo señaló que en 2018 Google realizó un promedio de 3,8 millones de búsquedas por minuto.

Aunque no todos los graduados trabajarán en campos relacionados con los datos, las universidades comienzan a esforzarse por mejorar la alfabetización de datos de su alumnado mediante la incorporación de cursos de ciencia de datos y desafíos para estudiantes de ciencias sociales, de modo que los graduados puedan comunicarse eficazmente con sus pares y compañeros de trabajo orientados a los datos.

University College London exige a quienes solicitan con éxito ingresar a su licenciatura en Ciencias de la Gestión que tengan una sólida formación matemática para enfrentarse a esta nueva masa de datos. La Universidad Bocconi exige que sus estudiantes de primer año de máster aprendan el lenguaje de programación Python, ya que «es útil conocer, al menos en términos generales, la lógica de la programación informática».

2. Integrar la ética

Se diseñan nuevas tecnologías para aportar beneficios a la humanidad, pero la Cuarta Revolución Industrial plantea innumerables preguntas sobre los valores incorporados en ellas. A los estudiantes de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) les puede beneficiar el contacto con las disciplinas de artes liberales para ayudarles a abordar estas cuestiones más amplias.

Muchas instituciones están experimentando con formas de integrar la ética en los cursos habituales, ya que no existe una única interpretación de la ética. La Universidad de Harvard está recurriendo a estudiantes de posgrado de filosofía como docentes y asistentes en varios cursos de informática, además de promover cursos desarrollados conjuntamente en estas disciplinas y otras. La Universidad de Princeton pide a sus estudiantes de ingeniería que consideren su papel en la prevención del cambio climático.

El Foro Económico Mundial y la Universidad Carnegie Mellon también pusieron en marcha una iniciativa para entender cómo se enseña la ética en los cursos de inteligencia artificial (IA).

3. Hacer que los datos sean abiertos e interoperables

La ciencia abierta es una cuestión fundamental para la investigación actual. Uno de los aspectos más apremiantes de este tema son los datos abiertos.

Muchas innovaciones actuales dependen de la agregación de grandes conjuntos de datos. Por ejemplo, investigadores de las universidades de San Galo y Liechtenstein han destacado cómo el análisis de datos puede mejorar la asequibilidad y la personalización de productos y servicios.

Existe una necesidad urgente de crear la capacidad de federar o compartir conjuntos de datos sin renunciar al control de los datos subyacentes. Dado que las universidades y las organizaciones sin ánimo de lucro suelen custodiar esos conjuntos, las universidades pueden desempeñar un papel en el diseño de formas de compartir datos ampliamente y de manera interoperable.

4. Consultar a científicos sociales en la investigación tecnológica

El Financial Times calificó «reacción contra la tecnología» como una de las palabras clave que sintetizaron 2018. Las cuestiones sobre la ética y la lógica que rigen las nuevas tecnologías salen a la luz de forma espectacular solo cuando surgen problemas, en lugar de examinarse de manera proactiva.

Las ciencias sociales tienen un papel que desempeñar en la orientación de las invenciones y la mitigación de la «reacción contra la tecnología». Las metodologías consolidadas a lo largo del tiempo pueden sacar a la luz las cuestiones de gobernanza, las compensaciones y los beneficios que plantean las nuevas tecnologías, y ayudar a entender cómo podrían recibir las distintas opciones los consumidores y el público. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Campinas, Brasil mostró cómo la falta de educación pública sobre los avances de la biotecnología y los alimentos modificados genéticamente, 22 años después de que el primer alimento modificado genéticamente llegara al mercado, seguía obstaculizando la aceptación de estas técnicas.

Hoy existe una amplia oportunidad para consultar a científicos sociales en las primeras etapas del desarrollo y para que desempeñen un papel activo en los debates sobre la edición genética y los vehículos autónomos, por ejemplo.

5. Reconocer la utilidad del conocimiento inútil

En 1939, el educador estadounidense Abraham Flexner defendió en las páginas de Harper’s Magazine que la producción de conocimiento se desvinculara de las consideraciones sobre su utilidad:

«Las instituciones de enseñanza deberían dedicarse al cultivo de la curiosidad; cuanto menos las desvíen las consideraciones sobre la aplicación inmediata, más probable será que contribuyan no solo al bienestar humano, sino también a la satisfacción, igualmente importante, del interés intelectual, que bien podría decirse que se ha convertido en la pasión dominante de la vida intelectual en los tiempos modernos».

Flexner no era imparcial en su defensa: una década antes había fundado el Instituto de Estudios Avanzados para la investigación independiente, con una filosofía similar; pero sin duda tenía credenciales para hablar del tema, pues había redactado el informe que impulsó la estandarización de la educación médica en Estados Unidos.

Algunos de los mayores misterios de nuestro tiempo se están abordando mediante la investigación básica. Un ejemplo destacado es el trabajo del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), cuyo trabajo ha confirmado el modelo estándar de la física de partículas.

Sin embargo, en tiempos de austeridad, la investigación sin aplicación inmediata puede recibir calificativos como «ridícula» o «estúpida». Ese «conocimiento inútil» puede volverse pertinente de la noche a la mañana cuando cambian las circunstancias. Un informe exhaustivo sobre el brote de ébola de 2013-2016 en África occidental atribuyó la propagación y la falta de control, en parte, a factores culturales y de comportamiento que ya se habían puesto de manifiesto en investigaciones demográficas, antropológicas y sociológicas publicadas.

Las universidades necesitan que sus socios de los ecosistemas de innovación —en la industria y el gobierno— ayuden a promover la producción de conocimiento por el conocimiento mismo.

6. Encontrar el papel adecuado para la recapacitación

La recapacitación es un desafío inminente para la sociedad. El Informe sobre el futuro del empleo 2018 del Foro Económico Mundial concluyó que «para 2022, al menos el 54% de todos los empleados necesitará una importante recapacitación y mejora de sus competencias».

Las universidades saben que tienen un papel que desempeñar. Con este fin, la Universidad Nacional de Singapur puso en marcha el año pasado un programa de aprendizaje permanente. Permite a los antiguos alumnos acceder a cursos de formación continua y capacitación durante un máximo de 20 años desde su admisión, para garantizar que tengan las competencias adecuadas para nuestra economía global, que evoluciona rápidamente.

Las empresas también aprovechan la experiencia universitaria para conservar a su plantilla. AT&T puso en marcha una iniciativa de 1.000 millones de dólares llamada «Future Ready» para conservar a casi la mitad de sus empleados que ya no tenían las competencias adecuadas. Desarrollada en colaboración con universidades tradicionales como Georgia Tech, la Universidad de Notre Dame y la Universidad de Oklahoma, y con proveedores de cursos en línea como Coursera y Udacity, Future Ready permite a los trabajadores de AT&T obtener nuevas cualificaciones, que culminan en títulos de máster o en insignias que acreditan la adquisición de competencias específicas.

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