La educación superior mundial experimentó un período de cambios extraordinarios durante los primeros 15 años del siglo XXI. Cinco tendencias clave que afectan a las universidades de todo el mundo ilustran cómo, pese al mayor acceso a la información, nuestra comprensión de la educación superior sigue siendo limitada.
1. Cada vez más personas van a la universidad
Desde el año 2000, la participación en la educación superior ha aumentado significativamente. Las cifras de la UNESCO sobre matriculación en la educación terciaria muestran que, a escala mundial, la participación aumentó del 19% en 2000 al 32% en 2012. Aunque las proporciones de matriculados varían entre países y regiones, los aumentos se han dado prácticamente en todas partes. Por ejemplo, la matrícula terciaria en el África subsahariana se ha duplicado, del 4% al 8%, durante este período.

Porcentaje de quienes dejaron la educación secundaria hace cinco años y accedieron a la educación terciaria.
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Aunque los aumentos de participación se han observado en todas partes, existen diferencias entre países en cuanto a quiénes van a la universidad. Education at a Glance 2014 de la OCDE ofrece cifras sobre la probabilidad relativa de participar en la educación superior entre quienes tienen padres que cursaron estudios terciarios y quienes tienen padres que no lo hicieron.
En Italia y Polonia, es 9,5 veces más probable cursar estudios terciarios si los padres lo hicieron; en cambio, en Corea del Sur y Finlandia, la proporción es algo superior a uno. El Reino Unido y Estados Unidos se encuentran entre los países con las proporciones más altas: los jóvenes cuyos padres cursaron estudios terciarios tienen más de seis veces más probabilidades de matricularse. Estas cifras muestran grandes diferencias en el grado de equidad de la expansión de la educación superior en todo el mundo y no parecen guardar relación con las diferencias en las tasas de matrícula.
Más allá de las generalizaciones fáciles sobre cómo funcionan las jerarquías sociales en las distintas culturas nacionales, no estamos mucho más cerca de comprender el origen de esta inquietante variación.
2. Las personas viajan más lejos
Aunque las cifras sobre la proporción de estudiantes terciarios matriculados muestran aumentos claros, resultan algo engañosas porque dividen el número total de estudiantes entre el total de personas que terminan la educación escolar en un país. Esto significa que la inclusión de estudiantes internacionales (tanto los que llegan como los que salen) y la proporción de estudiantes adultos pueden hacer que estas proporciones sean mayores o menores de lo que son en realidad. Por ejemplo, Estados Unidos y Europa occidental son importadores netos de estudiantes, mientras que el África subsahariana y Asia meridional y occidental son exportadores netos.
Según la OCDE, el número de estudiantes que cursan estudios en el extranjero se más que duplicó : pasó de 2,1 millones en 2000 a 4,5 millones en 2012. Aunque la mayoría de los países anfitriones de estos estudiantes internacionales se ha mantenido igual durante este período, China es la excepción. En 2000 no figuraba entre los países anfitriones, pero en 2012 el 8% de los estudiantes internacionales estudiaba allí, lo que situó al país en tercer lugar, detrás de Estados Unidos y el Reino Unido.
El impacto relativo de estos estudiantes varía según el tamaño del sistema de educación superior de que se trate. En Estados Unidos, más de 800.000 estudiantes internacionales representan apenas el 4% del alumnado, mientras que el Reino Unido tiene aproximadamente la mitad del número de estudiantes internacionales, pero estos representan el 20% del alumnado.
En el Reino Unido, esto ha dado lugar a noticias sobre el predominio de los estudiantes internacionales en determinados cursos, pero aún estamos tratando de comprender el impacto de las distintas proporciones de estudiantes internacionales en las culturas de enseñanza y aprendizaje de las universidades.
3. El auge de la experiencia estudiantil
A medida que han aumentado el número y la movilidad de los estudiantes, también se ha ampliado la variedad de experiencias que se les ofrecen: desde la experiencia limitada y pasiva de un curso en línea masivo y abierto (MOOC) mal diseñado, hasta la participación de los estudiantes como socios en el diseño de sus planes de estudio y de sus experiencias de enseñanza y aprendizaje.
Este enfoque en la experiencia estudiantil ha supuesto una corrección importante de los enfoques tradicionales de la enseñanza superior, centrados en el docente. Sin embargo, existe el peligro de que destacar la «experiencia estudiantil» haya ocultado el papel esencial que desempeña la interacción de los estudiantes con el conocimiento en el potencial transformador de la educación superior. Es el conocimiento lo que transforma la comprensión que los estudiantes tienen de sí mismos y del mundo.
4. La calidad de la enseñanza bajo escrutinio
A medida que ha aumentado el interés por la experiencia estudiantil, también se ha intensificado el escrutinio de la calidad de la enseñanza. En Europa, esto se ha visto influido en parte por el proceso de Bolonia, concebido para armonizar los sistemas de educación superior de toda Europa. La posición en las clasificaciones nacionales e internacionales de educación superior se ha convertido en una forma dominante de representar esa calidad. Su atractivo es comprensible: circulan en una variedad de contextos y entre distintos públicos, tienen resonancia para los futuros estudiantes y sus familias, los empleadores, los responsables de formular políticas, los académicos y las universidades, así como los organismos internacionales.
Sin embargo, sus deficiencias son igualmente evidentes: suelen combinar medidas inconexas e incomparables en una única puntuación mediante algoritmos y ponderaciones carentes de credibilidad estadística. Y, lo que es crucial, la estabilidad de las instituciones que ocupan los primeros puestos refuerza los privilegios: las instituciones de mayor prestigio tienden a admitir una mayor proporción de estudiantes privilegiados.
Las clasificaciones sugieren, de forma contundente y equivocada, que los estudiantes que han asistido a estas instituciones han recibido una educación de mayor calidad. Pero esto distorsiona nuestra comprensión de la enseñanza: la reduce a la historia y el prestigio, en lugar de centrarse en cómo se facilita a los estudiantes el acceso al conocimiento poderoso.
5. La agenda de impacto
Desde el cambio de milenio, se espera cada vez más que la investigación beneficie a la sociedad que la financia. Esto es ahora un elemento habitual de la financiación de la investigación en la Unión Europea y Sudáfrica.
Aunque es muy razonable esperar que la investigación produzca beneficios sociales más amplios, el enfoque particular que se ha adoptado para medir este impacto ha resultado distorsionador. El énfasis en cómo los proyectos individuales repercuten en las sociedades revela una incomprensión básica de la manera en que la investigación tiene impacto.
Los proyectos de investigación individuales contribuyen al acervo colectivo de conocimientos de una disciplina o un campo profesional. Son estos acervos de conocimientos los que generan impacto, no los estudios individuales. Pese a ello, ahora tenemos innumerables estudios de caso sobre impacto que pretenden mostrar los cambios que han producido estudios aislados; nos ofrecen mucha más información sobre el impacto, pero pueden ocultar nuestra comprensión de las relaciones entre el conocimiento y la sociedad.
Una bendición a medias
La mayor cantidad de información que tenemos sobre la educación superior en todo el mundo es una bendición a medias. Los procesos de medición y seguimiento que generan y comunican esta información —como las clasificaciones universitarias— distorsionan lo que se considera valioso en la educación superior.
El peligro es que se otorgue más valor a los elementos individuales, duraderos y estables de la educación superior, que pueden medirse fácilmente, que a aquellos que son colectivos, complejos, cambiantes y específicos de cada país. Ante esto, debemos volver a hacer hincapié en la creación y el intercambio comunitarios de conocimientos a los que contribuyen las universidades del mundo.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Paul Ashwin es profesor de educación superior en la Universidad de Lancaster.
Imagen: Perfil de estudiantes que toman asiento para la ceremonia de graduación en la Universidad de Harvard, en Cambridge. REUTERS/Brian Snyder.

