5 pasos para evitar que los niños de MENA se queden atrás

5 pasos para evitar que los niños de MENA se queden atrás
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En una región considerada de ingresos medios, es inaceptable que uno de cada 40 niños de Oriente Medio y Norte de África (MENA) muera durante su primer año de vida, principalmente por causas prevenibles. Tampoco tiene sentido que una quinta parte de su población más joven sufra retraso del crecimiento debido a la malnutrición y que más de la mitad no reciba micronutrientes esenciales, como el yodo presente en la sal, cuya carencia perjudica el desarrollo cognitivo. Además, dado que solo el 27 por ciento de los niños de 3 a 5 años está matriculado en preescolar —casi la mitad del promedio mundial—, tres cuartas partes de los niños de la región pierden la oportunidad de sentar las bases para estar preparados para la escuela y adquirir las habilidades que necesitarán para llevar una vida feliz, autónoma y saludable.

¿Qué implicaciones tienen estas tendencias alarmantes?

Las investigaciones muestran que la nutrición temprana y la estimulación psicosocial durante los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo cerebral y un crecimiento saludable. También existen pruebas sólidas de que los programas de desarrollo de la primera infancia (DPI), dirigidos a niños menores de 5 años, generan efectos positivos significativos a lo largo de la vida, especialmente en comparación con las inversiones realizadas más adelante. Algunos ejemplos son los programas que promueven la salud y la nutrición, la educación para la crianza, la matriculación en preescolar y los medios educativos infantiles.

También sabemos que la desigualdad comienza en la primera infancia y que las carencias de los primeros años son difíciles y costosas de remediar más adelante, y tienden a perpetuar los ciclos de pobreza y desigualdad.

Un nuevo informe del Banco Mundial ha reunido un conjunto integral de datos de toda la región sobre la situación del DPI. El informe concluye que las inversiones en DPI se encuentran entre las más bajas del mundo y que también existe una gran desigualdad de oportunidades entre los niños de todos los países de la región. Por ejemplo, un niño de los hogares más ricos de Túnez tiene un 97% de probabilidades de asistir a servicios de atención y educación para la primera infancia, mientras que uno de los hogares más pobres tiene solo un 4% de probabilidades.

La experiencia mundial también ha demostrado que las intervenciones dirigidas a los niños más pobres pueden contrarrestar las tendencias negativas y promover un aprendizaje de calidad y el crecimiento físico. De hecho, invertir en los niños pequeños es una de las inversiones más inteligentes que puede hacer un país.

En un contexto de aumento de los conflictos, inestabilidad política y violencia generalizada en toda la región durante los últimos años, los responsables de formular políticas podrían considerar las inversiones en DPI un lujo, en lugar de una necesidad. Pero nosotros sostendríamos lo contrario: el DPI es una inversión crítica y urgente, especialmente para hacer frente a graves desafíos en materia de desarrollo humano, estabilidad social y crecimiento equitativo. Por lo tanto, no invertir ahora mismo en DPI en la región de MENA sería extremadamente miope, pues acarrearía consecuencias costosas y a menudo irreversibles para la próxima generación.

La pregunta clave es: ¿cómo podemos usar los datos sobre el desarrollo de la primera infancia para colaborar con los responsables de formular políticas en la creación de programas y la ampliación de su cobertura, con un costo suficientemente bajo para que sean asequibles y sostenibles?

Quisiéramos proponer cinco consideraciones clave para que los responsables de formular políticas logren el máximo impacto:

  1. Campañas que lleguen a toda la familia con mensajes sobre crianza, no solo a la madre. Todos los miembros del hogar que participen en las decisiones sobre la crianza de los niños o en las interacciones cotidianas con los integrantes más pequeños de la familia (por ejemplo, padres, abuelas, suegras y hermanos, entre otros) deben conocer la importancia de una nutrición adecuada y de la estimulación temprana para los niños pequeños.

  2. Tener presente la calidad de los servicios: Ampliar la atención en centros (incluidos las guarderías y los centros preescolares) puede promover el desarrollo infantil y, al mismo tiempo, liberar tiempo de las madres para que continúen sus estudios o realicen actividades generadoras de ingresos. Sin embargo, las familias dejarán de acudir y los niños participantes no se beneficiarán —con lo que se frustrará el propósito de los centros— si la calidad de la atención y la educación no alcanza ciertos estándares.

  3. Implementar el DPI de forma inclusiva. Muchas discapacidades aparecen en la primera infancia y, si no se detectan o no se abordan, pueden acentuar las desigualdades. Los países de MENA tienen ahora la oportunidad de ampliar sus inversiones en DPI de manera que se promueva la detección temprana de discapacidades, se establezcan vínculos con servicios adicionales cuando sea necesario y se ofrezca atención inclusiva en centros.

  4. Colaborar con actores no estatales. Ampliar las inversiones en DPI de modo que se llegue a las personas más vulnerables con programas de calidad rara vez puede lograrse únicamente mediante los sistemas estatales. Los responsables de formular políticas deberían explorar alianzas mutuamente beneficiosas con el sector privado, las ONG, las organizaciones religiosas, los medios de comunicación y otros actores, para llegar a otros segmentos de la población y promover cambios de comportamiento, incluso mediante tecnologías como los teléfonos móviles y la programación de televisión o radio.

  5. Evitar que lo mejor sea enemigo de lo bueno. Elaborar estrategias, políticas y programas multisectoriales que atiendan verdaderamente las necesidades integrales de los niños pequeños (salud, nutrición y desarrollo social y cognitivo) es importante, pero puede llevar tiempo. Mientras tanto, los países deberían considerar la posibilidad de elegir uno o dos «puntos de entrada estratégicos», como los programas de crianza para aumentar la estimulación temprana o la atención en centros, y avanzar progresivamente a partir de ahí.

Para la mayoría de los países de la región de MENA, ahora es el momento ideal para empezar.

Este artículo se publicó originalmente en Education for Global Development del Banco Mundial. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autoría: Claudia Costin, ciudadana brasileña, es directora sénior de Educación del Banco Mundial. Sophie Naudeau es la responsable del Grupo de Soluciones Globales para el Desarrollo de la Primera Infancia del Grupo Banco Mundial.

Imagen: Estudiantes asisten a una clase en su escuela en Saná, 8 de abril de 2014. REUTERS/Khaled Abdullah.

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