El sistema educativo tradicional es obsoleto en la nueva normalidad catalizada por la COVID-19.
La investigación demuestra que una combinación de aprendizaje presencial y virtual – aprendizaje combinado – maximiza los beneficios para el estudiante.
Las competencias del siglo XXI requieren un sistema educativo del siglo XXI. Esto ha dado lugar al debate sobre la Educación 4.0 en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial.
Raju es un estudiante de sexto grado. Es atento y asiste con regularidad a todas sus clases. Es muy bueno en matemáticas, tiene un nivel medio en geografía y no es tan bueno en inglés.
Con el sistema educativo tradicional presencial, Raju recibe tres horas de clase por semana en cada una de las tres asignaturas. Esto puede ser un poco excesivo para él en matemáticas, suficiente en geografía y completamente insuficiente en inglés.
Imagine ahora la disponibilidad de clases fuera del aula –de forma digital–, impulsada por la COVID-19.
Tiene la oportunidad de dejar de quedarse atrás en inglés y de convertirse en un mejor estudiante en general. Tiene más control sobre su proceso de aprendizaje.
Este ejemplo demuestra claramente el poder de complementar un enfoque educativo tradicional en el aula, igual para todos, con medios de aprendizaje virtuales habilitados por la tecnología: el aprendizaje combinado.
Lo que en 2019 era casi exclusivamente presencial pasó a ser prácticamente digital en su totalidad en 2020. Ambos tienen sus ventajas: la interacción presencial es fundamental para el aprendizaje socioemocional, la interacción, la colaboración y el trabajo en equipo; lo digital, por su parte, es muy eficaz para una educación personalizada, a ritmo propio, basada en proyectos y orientada por la evaluación formativa.
Hemos experimentado los dos extremos del espectro y hemos aprendido a gran escala los puntos fuertes y débiles de cada uno. Por ello, ahora debemos tomar lo mejor de ambos mundos y combinarlos para desplazar el equilibrio hacia un punto intermedio del espectro.
Cinco elementos clave constituyen un marco sólido de aprendizaje combinado, que puede observarse en la imagen anterior. Para comprenderlos mejor, podemos plantearnos estas cinco preguntas:
1. ¿Cuál es la filosofía de base?
Todo gira en torno a proporcionar a los estudiantes competencias esenciales para la nueva normalidad, mediante una combinación de métodos sincrónicos y asincrónicos.
Con el aprendizaje sincrónico, los participantes pueden recibir retroalimentación inmediata. Con el aprendizaje asincrónico, los participantes pueden aprender a su propio ritmo. Por consiguiente, el aprendizaje presencial y el digital contribuyen de distintas maneras a ambos. Y, con la estrategia adecuada, en ambos entornos se pueden lograr una comunicación y una colaboración eficaces.
Para estar preparados para aprovechar la Cuarta Revolución Industrial, que ya está en marcha, los líderes del futuro deben adquirir las competencias necesarias y hacerlo hoy.
Internet no puede ser la única opción si la Educación 4.0 pretende llegar a las comunidades más vulnerables.
Anir Chowdhury
Cuando se aplica con éxito, una filosofía de aprendizaje combinado genera pensadores críticos y solucionadores creativos de problemas. Uno de los valores clave del aprendizaje combinado es también la salud mental y el bienestar social tanto de los docentes como de los estudiantes.
2. ¿Con qué vamos a aprender?
Una filosofía de base es muy buena, pero no sirve de nada sin recursos.
El acceso es, y seguirá siendo, el principal problema. Internet no puede ser la única opción si la Educación 4.0 pretende llegar a las comunidades más vulnerables.
Cuando se utiliza internet, los contenidos deben ser accesibles; los recursos digitales no pueden estar tras muros de pago para los estudiantes.
La educación digital debe ser asequible, reutilizable, interactiva y personalizada. Los recursos educativos abiertos (REA) son el camino a seguir, ya que tienden un puente sobre la brecha entre los estudiantes privilegiados, que tienen acceso a todos los recursos necesarios, y los de comunidades vulnerables, que carecen de los medios.
El portal de “edutainment” en línea para estudiantes de Bangladesh, Konnect, es un gran ejemplo. Gestionado por el Gobierno con el apoyo de a2i, ayuda a unos 300.000 adolescentes bangladesíes a utilizar 30.000 piezas de contenido para aprender competencias para la vida del siglo XXI.
3. ¿Cómo sabemos que los estudiantes han aprendido?
Educar sin saber si los estudiantes han aprendido algo es un ejercicio inútil.
Hay que evaluar, sí, pero cambiar la forma en que lo hemos hecho hasta ahora.
Tradicionalmente, la evaluación ha sido un sistema único para todos. En cambio, debemos considerar aspectos como la disposición del estudiante a aprender, su deseo de utilizar el conocimiento de forma práctica, su intención de comunicarse y colaborar con sus compañeros, y su ingenio para pensar y aplicar este conocimiento en la resolución de problemas.
Es cierto que resulta difícil medir estos aspectos de la educación. Pero hay que encontrar la forma, porque estos parámetros son precisamente las competencias del siglo XXI que se requieren.
El método de evaluación tradicional tampoco considera a los estudiantes como individuos. Se basa en malos hábitos, como el aprendizaje memorístico y la repetición mecánica en exámenes sumativos. Debemos sustituirlo por una metodología de evaluación en tiempo real, basada en el desempeño y formativa.
4. ¿Cómo nos aseguramos de contar con los docentes y educadores adecuados?
Un componente que a menudo se pasa por alto son los propios docentes; la evaluación tradicional perjudica a los docentes tanto como a los estudiantes, al frenar su creatividad y su crecimiento.
Del mismo modo que los estudiantes necesitan contenidos y evaluaciones personalizados, también los docentes los necesitan en lo que respecta a su formación y al desarrollo de sus capacidades. ¿Cómo se puede dotar a un estudiante de las competencias necesarias si el docente encargado de hacerlo no cuenta con el mismo nivel de empoderamiento?
Los docentes necesitan competencias importantes como la colaboración, el aprendizaje entre pares, el pensamiento crítico y la combinación digital-presencial
Anir Chowdhury
La colaboración, el aprendizaje entre pares y el pensamiento crítico son competencias que los docentes necesitan. Y hay que prestar especial atención a la capacidad de cada docente para seguir una pedagogía combinada digital-presencial.
El Portal del Docente, desarrollado por a2i con la orientación del Ministerio de Educación y del Ministerio de Educación Primaria y de Educación de Masas, es la respuesta de Bangladesh a la creación de un espacio para docentes centrado en el desarrollo de capacidades para el futuro. Unos 558.000 docentes registrados crearon más de 416.000 piezas de contenido digital para este portal.
Es emocionante y una señal de cambio de paradigma hacia el futuro que el Portal del Docente fomente las competencias importantes de colaboración, aprendizaje entre pares, pensamiento crítico y combinación digital-presencial.
5. ¿Cómo nos aseguramos del acceso?
Imagine una ciudad con casas maravillosas, restaurantes fantásticos y muchos espacios recreativos. Sin embargo, la mayoría de sus carreteras están en mal estado, salvo algunas autopistas de peaje para quienes pueden permitírselas. Esta analogía describe de forma cruda la marcada brecha digital inherente a la educación actual, que la COVID-19 dejó al descubierto.
Al replantear el componente digital de la infraestructura para la educación combinada, la inclusión debe ser el principio rector. Ya no podemos seguir viendo cómo los niños de determinadas comunidades se ven privados de educación. Tampoco podemos tolerar que los niños se vean excluidos de una educación de calidad por no poder pagarla.
Las decenas de miles de aulas inteligentes («aulas multimedia») establecidas en Bangladesh, con internet fiable y de alta velocidad, ofrecen una muestra de lo que puede lograrse.
Conectar las escuelas es el primer paso, seguido de conectar los hogares de los estudiantes. Al fin y al cabo, es allí donde continúan la tarea de aprender y colaborar en línea con otros estudiantes.
No debemos olvidar tampoco las necesidades de los estudiantes con discapacidad. Requieren disposiciones especiales en cuanto a la infraestructura de internet, tanto en las escuelas como en los hogares.
«Inclusivo desde el diseño» debe ser el lema de nuestra infraestructura educativa digital-presencial.
Construir hacia delante mejor
Se ha hablado mucho de «reconstruir mejor» tras la COVID.
¿Por qué no, en cambio, comprometerse a tomar lo mejor de los mundos digital y físico y «construir hacia delante mejor», creando un paradigma centrado en el estudiante, personalizado, equitativo e inclusivo?
