Asia envejece rápidamente. Entre 2020 y 2050, la proporción de la población sénior de 65 años o más en la región se duplicará, del 9,2 % al 18 %, y superará el promedio mundial del 16 % para 2050.
Muchas economías de Asia en desarrollo corren el riesgo de envejecer antes de hacerse ricas. Algunas experimentarán una drástica reducción de su población en edad de trabajar (15-64 años), así como el envejecimiento de la fuerza laboral actual. La población activa de Hong Kong (China) y la República de Corea se reducirá un 10 % entre 2017 y 2030. Entre 2015 y 2050, se prevé que la edad promedio de la fuerza laboral de la región aumente de 37 a 40 años.
El envejecimiento acelerado y prematuro suscita la preocupación de que algunos países tengan dificultades para proporcionar servicios sociales adecuados y programas de apoyo a los ingresos para las personas mayores, mientras siguen estimulando el crecimiento económico mediante inversiones a gran escala en infraestructura y desarrollo del capital humano.
Una manera de reactivar el crecimiento de la productividad en las economías asiáticas que envejecen rápidamente es recurrir a la tecnología. La experiencia de las economías avanzadas «envejecidas» sugiere que la tecnología puede contribuir a mejorar la salud y la longevidad, transformar los empleos y los lugares de trabajo, y mejorar el desempeño del mercado laboral mediante la capacitación de los trabajadores y la actualización de los servicios de emparejamiento laboral que vinculan a los candidatos con los puestos adecuados.
El primer motor de este proceso son los avances en las ciencias médicas y la biotecnología, que contribuyen a la longevidad y a una vida saludable más prolongada, lo que permite una vida laboral más larga y saludable. Por ejemplo, la capacidad laboral estimada de los hombres adultos (55-69 años) aumentó un promedio de 5,5 años en los países de la OCDE entre 1977 y 2010. Los datos muestran que los trabajadores más sanos también son más productivos.
En segundo lugar, la tecnología fomenta la participación laboral de los trabajadores mayores y también aumenta su productividad. La automatización ha transformado los empleos al reducir la cantidad de tareas manuales y físicamente exigentes que realizan las personas. Se prevé que la adopción de robots industriales en la región crezca un 120 % entre 2016 y 2020. La tecnología también permite a las empresas aplicar prácticas laborales flexibles.
En tercer lugar, los servicios de búsqueda de empleo y capacitación asistidos por nuevas tecnologías tienen un gran potencial para incorporar a más personas mayores a la fuerza laboral. La capacitación innovadora, personalizada e interactiva que utiliza tecnología moderna también ayudará a desarrollar sus habilidades.
La experiencia de las economías avanzadas que ya han atravesado la transición demográfica demuestra que aprovechar el dividendo de la longevidad es factible si se presta más atención desde las políticas públicas y se adoptan medidas proactivas e innovadoras. Los estudios muestran que el crecimiento de estas economías avanzadas se ha moderado (en comparación con algunas economías de ingreso medio de rápido crecimiento), pero sigue siendo sostenido.
Por ejemplo, la proporción de la población en edad de trabajar en la UE disminuyó del 67 % al 65 % entre 2006 y 2016, mientras que la proporción de personas mayores (de 65 años o más) alcanzó el 19 % de la población total. El crecimiento de la UE se moderó, pasando de alrededor del 3 % al 2 % durante el mismo período.
En los países de la OCDE, actualmente hay más personas mayores de 65 años, la edad habitual de jubilación, que tienen empleo. La participación promedio en la fuerza laboral del grupo de 65-69 años aumentó del 20 % en 2006 al 26 % en 2016, y la tasa de quienes tenían entre 70 y 74 años también subió del 12 % al 15 % durante el mismo período. Cabe destacar que la proporción de personas mayores empleadas en el grupo de 65-69 años pasó del 28 % al 43 % en Nueva Zelanda, del 18 % al 26 % en Australia y del 35 % al 43 % en Japón.
El cambio tecnológico es un factor clave que puede aumentar la participación en la fuerza laboral por encima de las edades de jubilación actuales, así como la productividad de estos trabajadores. Por ejemplo, la automatización y la inteligencia artificial complementan el trabajo y hacen que los empleos y las tareas exijan menos esfuerzo físico y se realicen con mayor precisión.
Asia en desarrollo necesita aprovechar la tecnología para superar las consecuencias negativas de una fuerza laboral que se reduce y envejece, y maximizar los beneficios de la longevidad para lograr un crecimiento inclusivo y sostenido. Sin embargo, los beneficios no son automáticos. Estas son tres maneras de hacerlos realidad.
En primer lugar, es preciso promover activamente la innovación y la adopción de tecnología mediante una financiación suficiente para la investigación y el desarrollo. Las economías de la región que corren mayor riesgo por el envejecimiento deben hacer lo necesario para fomentar la innovación, la adopción de tecnologías relacionadas con la edad y el aprendizaje a lo largo de la vida, además de ofrecer entornos laborales propicios para los trabajadores mayores.
En particular, se pueden intensificar los esfuerzos para cerrar la «brecha gris» atendiendo a las necesidades y preocupaciones específicas de las personas mayores. Por ejemplo, adaptar los dispositivos digitales a sus necesidades, como se hace en Japón con teléfonos inteligentes para personas mayores fáciles de usar, puede facilitar su acceso a la tecnología digital. Las personas mayores también prefieren aprender sobre nuevas tecnologías y dispositivos mediante capacitación informal (con familiares y amigos), en lugar de programas de formación formales.
Una segunda manera de incorporar a más personas mayores al trabajo productivo es ofrecer aprendizaje a lo largo de la vida y seguir mejorando sus habilidades cognitivas y no cognitivas. Es importante ofrecer a trabajadores de todas las edades oportunidades para mejorar continuamente sus habilidades y adquirir nuevas competencias a lo largo de sus carreras, al tiempo que se desarrolla el capital humano y se asignan recursos para promover la innovación y la adaptación tecnológicas.
Por último, un tercer paso es mejorar la movilidad transfronteriza de los trabajadores, lo que puede ayudar a reducir la escasez de mano de obra y los desajustes de competencias que se observan en gran parte de Asia en desarrollo. Los países jóvenes y populosos pueden complementar la transición demográfica de los países que envejecen.
Para aprovechar la posible complementariedad entre economías con perfiles demográficos diversos, los países deben invertir en conectividad y desarrollo de habilidades, reducir las barreras a la movilidad laboral y la migración, y fortalecer la cooperación regional para abordar sus desafíos comunes.
Asia está envejeciendo, pero puede seguir logrando un crecimiento sólido e inclusivo. Es posible obtener beneficios de la longevidad aprovechando el potencial de la población mayor de maneras que pongan en valor su talento, sus habilidades y su experiencia.


