Robert Gordon, de la Universidad Northwestern, ha abierto un debate animado e importante sobre el futuro ritmo de crecimiento económico de Estados Unidos. Aunque su libro The Rise and Fall of American Growth no se publicará hasta enero de 2016, su tesis ya ha recibido cobertura en The Economist y Foreign Affairs. Sin duda, la valoración pesimista de Gordon sobre las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos merece ser tomada en serio. ¿Pero es acertada?
Gordon sostiene que los grandes cambios tecnológicos que elevaron el nivel de vida en el pasado son mucho más importantes que cualquier cosa que pueda ocurrir en el futuro. Señala ejemplos como el agua corriente en el interior de las viviendas, los automóviles, la electricidad, el teléfono y la calefacción central, y sostiene que todos ellos fueron mucho más importantes para el nivel de vida que innovaciones recientes como internet y los teléfonos móviles.
Coincido con Gordon en que preferiría renunciar a mi teléfono móvil e incluso a internet antes que vivir sin agua corriente y electricidad. Pero eso solo significa que tenemos suerte de vivir ahora y no hace un siglo (y aún más afortunados de vivir ahora que hace dos siglos o en la Edad Media). El hecho de que estas grandes innovaciones se produjeran en el pasado no es motivo para ser pesimistas sobre el futuro.
Gordon también señala la reciente desaceleración del crecimiento del PIB real (ajustado por inflación). Según las estadísticas oficiales de Estados Unidos, el PIB real por trabajador creció a una tasa media anual del 2,3 % entre 1891 y 1972, pero solo un 1,5 % desde entonces.
Pero las estadísticas oficiales sobre el crecimiento del PIB no logran captar la mayor parte de las mejoras en nuestro nivel de vida que proceden de bienes y servicios nuevos y mejorados. Eso significa que la tasa de crecimiento oficial no refleja el aumento de los ingresos reales que llegó con el aire acondicionado, los medicamentos contra el cáncer, los nuevos procedimientos quirúrgicos y las muchas innovaciones más cotidianas. Además, dado que el gobierno estadounidense no contabiliza en el PIB nada que no se venda en el mercado, la enorme expansión del entretenimiento televisivo y la llegada de servicios como Google y Facebook han quedado por completo excluidos de las cuentas nacionales.
Esto significa que el verdadero aumento de los ingresos reales fue en realidad más rápido de lo que indican las estadísticas oficiales, posiblemente mucho más rápido. Eso es cierto para los datos de la primera mitad del siglo XX, y sigue siéndolo hoy. No está claro si el problema de medición era mayor en el pasado remoto que en la actualidad; pero es irrelevante cuando pensamos en el futuro. Tanto si el crecimiento de la renta per cápita, estimado oficialmente en un 1,5 %, se acerca en realidad más al 3 %, disfrutamos del mayor nivel de ingresos reales heredado del pasado. Así lo harán también las generaciones futuras.
De hecho, no existe motivo alguno para la opinión, expresada a menudo en encuestas y presente en el libro de Gordon, de que los hijos de la generación actual no disfrutarán de un nivel de vida tan alto como el de sus padres. Puede que eso sea cierto para algunas personas, especialmente las de ingresos relativamente altos, pero desde luego no lo es para la mayoría.
Piense en una madre primeriza de 30 años situada en la mitad de la distribución de la renta. Dentro de 30 años, el hijo tendrá la misma edad que tiene hoy su madre, que se sitúa en la renta mediana. Si la renta real crece solo un 1,5 % anual, la renta mediana dentro de 30 años será casi un 60 % superior a la del individuo de renta mediana actual.
Incluso si el hijo gana un 30 % menos que la mediana en ese momento, sus ingresos seguirían siendo superiores a la renta mediana actual. Y si las innovaciones y mejoras de productos implican que la renta real per cápita crece un 3 % anual, la renta mediana de una persona dentro de 30 años sería más del doble de la renta mediana actual.
Así pues, los estadounidenses tienen suerte de haber heredado las innovaciones del pasado y de que los ingresos reales seguirán creciendo en el futuro.
Pero eso no es motivo de complacencia. Estados Unidos puede aumentar su tasa de crecimiento futura mejorando su sistema educativo, elevando sus tasas de ahorro e inversión a los niveles que tenían en el pasado, y corrigiendo los rasgos de sus sistemas fiscal y de transferencias que reducen el empleo y los salarios.
Gordon se centra en el efecto de la innovación tecnológica sobre los ingresos reales de los estadounidenses. Pero una limitación importante de su argumento es que dedica muy poca atención a la innovación en políticas. La economía de Estados Unidos, y la de otros muchos países, podría crecer más rápido en el futuro si los responsables políticos adoptan las reformas adecuadas.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Martin Feldstein, catedrático de Economía en la Universidad de Harvard y presidente emérito del National Bureau of Economic Research, presidió el Consejo de Asesores Económicos del presidente Ronald Reagan entre 1982 y 1984.
Imagen: La palabra “Bankruptcy” está pintada en el costado de un edificio en Detroit. REUTERS/Joshua Lott.



