La depresión puede arruinar la vida de las personas y las familias, pero también obstaculiza el desarrollo económico en algunos de los países más pobres del mundo. ¿Cómo podemos abordar eficazmente esta enfermedad tan extendida y limitar su impacto no solo en las personas y las familias, sino también en las comunidades y las naciones?
La depresión es la principal causa de discapacidad en todo el mundo, y más de 350 millones de personas la padecen. El setenta y cinco por ciento de quienes la padecen probablemente viven en zonas con pocos recursos, y es poco probable que el 85 por ciento de estas personas reciban tratamiento. Cabe sostener que quienes viven con depresión en países en desarrollo la padecen de manera desproporcionada: su depresión contribuye a la falta de comprensión y tratamiento, y se ve agravada por ella, así como por la insuficiencia de alimentos, ropa y vivienda y la negación total de oportunidades de cambio.
A pesar de la magnitud evidente del problema, para mi sorpresa he descubierto que a veces se presenta la lucha contra la depresión como un lujo tanto en las naciones más ricas como en las más pobres, algo a lo que aspirar cuando se hayan alcanzado unos niveles de vida básicos y unos niveles básicos de salud física. Sin embargo, la realidad es que, sin una buena salud mental, todas las demás áreas de la vida se desmoronan. La depresión impide que las personas estudien o trabajen y perjudica sus relaciones con los demás. También puede dañar la salud física, ya que disminuye la capacidad de una persona para cuidarse. En entornos con pocos recursos, quienes la padecen ven cómo su posición social queda arrasada al volverse incapaces de contribuir económicamente a su familia; además, su comportamiento inusual hace que su comunidad les tema y les rechace.
La depresión afecta de manera desproporcionada a los jóvenes, por lo que su presencia sin tratar puede frenar el crecimiento económico de un país. Un informe del Foro Económico Mundial y la Escuela de Salud Pública de Harvard estima que el efecto macroeconómico de las enfermedades no transmisibles (como las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades respiratorias crónicas, el cáncer, la diabetes y los trastornos de salud mental) representa «una pérdida acumulada de 47 billones de dólares en las próximas dos décadas». El componente de salud mental de este grupo por sí solo cuesta 16,1 billones de dólares.
En BasicNeeds, la organización que fundé en 2000, hemos constatado que diagnosticar la depresión puede ser complicado. Hay elementos culturales específicos, que varían de un país a otro, en la forma de entender y experimentar la depresión. Por ejemplo, en algunas partes de África no es infrecuente creer que la enfermedad mental está relacionada de algún modo con el pecado o con problemas espirituales, lo que lleva a las familias y comunidades, en el mejor de los casos, a intentar tratamientos ineficaces con curanderos locales. En el peor de los casos, se encierra o se excluye a quienes padecen depresión.
Este fuerte componente cultural de la depresión se ve acentuado por la falta de síntomas visibles o fáciles de describir, que suelen acompañar a las enfermedades físicas. Sin embargo, la ubicuidad de los síntomas de la depresión —tristeza, pérdida del interés por la vida, baja autoestima y letargo—, junto con la similitud mundial de los tratamientos eficaces, significa que un marco universal para mejorar la calidad de vida de quienes padecen depresión puede tener mucho éxito, incluso teniendo en cuenta las diferencias culturales. Por ejemplo, si una mujer no prospera debido a una depresión posparto, quizá le resulte más difícil establecer un vínculo con su hijo; esta afección común puede manifestarse de una manera culturalmente específica y, aun así, compartir un contexto reconocible. El tratamiento funciona en distintos países.
Cuando empecé BasicNeeds hace unos 14 años, ideé un sencillo modelo que combinaba aspectos médicos, sociales y económicos y que, a mi juicio, sería especialmente valioso para las personas con problemas de salud mental en entornos con pocos recursos. Desde entonces, gracias a los programas de la organización en 12 países distintos, he aprendido cómo llegar mejor a las personas con depresión:
Ofrecer tratamiento y apoyo basados en la evidencia a las personas. La medicación y el apoyo psicológico pueden ayudar a personas de diversas culturas. Hace poco pudimos demostrar que las «terapias conversacionales» pueden impartirse eficazmente de esta manera a personas que padecen trastorno de ansiedad generalizada y depresión en nuestro programa vietnamita.
Fortalecer los sistemas de salud y atención existentes, en lugar de crear nuevos canales específicamente para brindar atención de salud mental. Cuando hay pocos profesionales de salud mental, BasicNeeds aplica un enfoque de «redistribución de tareas» cuyo objetivo es proporcionar conocimientos básicos de salud mental a todas las personas que trabajan en la atención de salud (por ejemplo, médicos de familia, personal de enfermería y otras personas de clínicas de atención primaria, trabajadores de salud comunitaria y voluntarios comunitarios). BasicNeeds también colabora con otras organizaciones y ofrece una franquicia social del modelo BasicNeeds. Este enfoque flexible permite que el diagnóstico, el tratamiento y el apoyo lleguen a más personas.
Involucrar a las familias y las comunidades. Esto permite que entiendan que la depresión es una enfermedad tratable. También les ayuda a reconocer los síntomas y buscar la ayuda y el apoyo adecuados, en lugar de excluir a quienes la padecen.
Empoderar a las personas mediante grupos de autoayuda. Esto les da control sobre sus vidas, un componente clave del proceso de recuperación. Canalizar el apoyo a través de grupos permite que las personas se beneficien del apoyo colectivo, lo que reduce el riesgo de que se sientan abrumadas por nuevas responsabilidades en un momento en que podrían correr el riesgo de recaer, y al mismo tiempo responde a sus apremiantes necesidades económicas y materiales. Los grupos de autoayuda también son un espacio seguro para que las personas compartan sus problemas, identifiquen soluciones y defiendan sus necesidades. El valor de este enfoque se ha demostrado claramente.
Empoderar a las personas mediante el trabajo productivo. Ayudar a las personas a obtener ingresos o encontrar un trabajo productivo puede ser una de las formas más eficaces de combatir la depresión. Por ejemplo, en los grupos de autoayuda descritos anteriormente, los participantes aprenden habilidades como la agricultura, la horticultura y la cría de animales, fundamentales para mantener su recuperación y reducir la pobreza de los hogares. Volver a realizar un trabajo productivo también alivia la presión sobre quienes cuidan de ellos, la mayoría de los cuales son mujeres. Cuando las personas pueden alimentarse y vestirse por sí mismas y contribuir a sus familias, se sienten aceptadas y valoradas en la sociedad.
Una de nuestras muchas historias de éxito es la de Akela, de 41 años (no es su nombre real), del distrito de Khamkeut, en la RDP Lao. Akela, casada y madre de cinco hijos, y que ahora se dedica a la agricultura, dice: «Solía trabajar como enfermera en la clínica de un campamento militar y tuve que renunciar en 2008 debido a mi enfermedad. Me sentía muy decepcionada por estar desempleada y porque mi familia y mis vecinos me consideraban una persona inútil. Después de recibir tratamiento desde diciembre de 2010 con el programa BasicNeeds, mejoré y recuperé la confianza en mí misma. Puedo ayudar a mi familia a ganarse la vida. Ahora puedo cultivar setas y venderlas en el mercado. ¡Gano unos 600.000 LAK (o 50 £) a la semana vendiendo setas! La situación económica de mi familia ha mejorado y me siento muy orgullosa de volver a ser un aporte para mi familia». La importancia económica del modelo BasicNeeds constituye una contribución muy importante a la supervivencia y a la autoestima.
La historia de recuperación exitosa de Akela se repite en todos nuestros programas. Hasta la fecha hemos llegado a 624.926 personas con enfermedades mentales y epilepsia, a quienes las cuidan y a sus familiares en 12 países de África y Asia. Hemos mejorado el acceso al tratamiento para el 86 por ciento de las personas con enfermedades mentales en las zonas donde operan nuestros programas, hemos mejorado la reducción de los síntomas para el 73 por ciento y hemos ayudado al 80 por ciento a encontrar un trabajo productivo.
No abordar la depresión en entornos con pocos recursos es una injusticia especialmente grave, porque existen métodos de tratamiento eficaces y de bajo costo. Esto significa que millones de personas sufren innecesariamente, tanto por la depresión como por el escaso progreso económico: un doble golpe para su desarrollo personal y el de su país.
Este artículo se publica en colaboración con Medium. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Chris Underhill es el fundador de BasicNeeds.
Imagen: Un hombre está sentado encorvado en una escalera en Tokio, el 17 de noviembre de 2008. REUTERS/Yuriko Nakao.



