Las acusaciones formuladas por celebridades de Hollywood contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein han desencadenado una conversación más amplia sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo. Con etiquetas como #MeToo, #balancetonporc, #yotambien y otras, mujeres (y algunos hombres) de todo el mundo han recurrido a las redes sociales para compartir sus experiencias de acoso y agresión sexual.

Un problema del que se informa poco
La magnitud del acoso en el lugar de trabajo —incluido el acoso sexual— está bien documentada. Un estudio de 2016 de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de Estados Unidos reveló que había recibido 90.000 denuncias en 2015 por alguna forma de acoso y señaló que el problema no se denuncia lo suficiente.
Y en el Reino Unido, una encuesta realizada el año pasado a 1.533 mujeres reveló que el 52% había sufrido acoso sexual en el lugar de trabajo.
Lo sorprendente es que hay poca investigación actualizada sobre el impacto económico del acoso sexual en las víctimas, en términos de oportunidades profesionales perdidas, y en las empresas y organizaciones que no impidieron que ocurriera desde el principio.
Una encuesta estadounidense muy citada, respondida por directores de personal y recursos humanos y oficinas de igualdad de oportunidades que representaban a 3,3 millones de empleados de 160 empresas, concluyó que una empresa típica de Fortune 500 con 23.750 empleados perdía 6,7 millones de dólares al año debido al absentismo, la baja productividad y la rotación de personal como consecuencia del acoso sexual.
Sin embargo, el estudio data de 1988 y es difícil encontrar investigaciones más recientes y basadas en pruebas sobre el daño financiero que causa el acoso sexual.
A pesar del coste financiero y reputacional que los acuerdos de gran repercusión suponen para las empresas —como los 45 millones de dólares que 21st Century Fox pagó en el primer trimestre de 2017 para resolver acusaciones de acoso sexual—, los ejecutivos parecen desconocer la magnitud del problema o eligen ignorarlo.
La lucha por la igualdad
Sin embargo, hay abundantes pruebas de que las mujeres no tienen el mismo estatus en muchos lugares de trabajo y no ascienden a puestos directivos, lo que puede dificultar la lucha contra el acoso sexual. Los estudios también demuestran sistemáticamente que las mujeres están infrarrepresentadas en ciertos sectores, entre ellos el tecnológico.

Abundan los relatos sobre el maltrato a las mujeres en Silicon Valley. Travis Kalanick, antiguo director ejecutivo de Uber, se vio obligado a dejar el cargo a principios de este año tras una investigación sobre una cultura corporativa que había ignorado las denuncias de discriminación y acoso sexual, aunque Kalanick sigue formando parte del consejo de administración.
Y un ingeniero de Google provocó una polémica a principios de este año al sugerir en una entrada de blog que las mujeres quizá no fueran aptas para desempeñar funciones tecnológicas debido a las «diferencias genéticas».
Las pruebas de todo el mundo —desde el debate sobre la discriminación salarial por género en la BBC hasta estudios que muestran que 59 países no tienen leyes contra el acoso sexual en el lugar de trabajo— tienden a respaldar la teoría de que las mujeres siguen siendo tratadas como ciudadanas de segunda clase en distintos países y sectores.
Esto ocurre a pesar de que cada vez más mujeres se incorporan al mercado laboral. Por ejemplo, el porcentaje de mujeres económicamente activas en los Emiratos Árabes Unidos aumentó del 9,6% en 1990 al 12,5% en 2016, y en el Reino Unido pasó del 43,3% al 46,4% durante el mismo período, según las estimaciones del Banco Mundial.
Sin el apoyo de los líderes empresariales y los responsables políticos, es difícil imaginar cómo cambiarán las cosas. Como señaló en 2016 la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de Estados Unidos, el liderazgo en este asunto debe venir de arriba, aunque todos podemos marcar la diferencia. Añadió: «El acoso en el lugar de trabajo no cesará por sí solo: depende de todos nosotros formar parte de la lucha para poner fin al acoso laboral».



