Por qué necesitamos enfoques radicales frente al cambio climático

Por qué necesitamos enfoques radicales frente al cambio climático
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Quienes siguen de cerca las negociaciones internacionales sobre el cambio climático reconocerán muchas cosas en el texto de cinco páginas surgido de las conversaciones de la ONU sobre el clima en Lima. Las «partes» (los países) llevan mucho tiempo aceptando el objetivo de limitar el calentamiento a un máximo de 2 °C; que la mitigación y la adaptación deben ir de la mano; y que las emisiones pasadas de los países desarrollados deben contabilizarse conforme a las «responsabilidades comunes pero diferenciadas».

Sin embargo, las promesas concretas de ayuda financiera a las naciones en desarrollo apenas muestran avances hacia el objetivo de 100.000 millones de dólares estadounidenses, y los compromisos de reducción de emisiones hasta ahora distan mucho de los niveles compatibles con un calentamiento de 2 °C. El documento, fruto de arduas negociaciones, reitera el compromiso de todos los países de elevar su nivel de ambición para llegar a la próxima reunión en París en diciembre de 2015 con un plan convincente para resolver sus diferencias de una vez por todas.

Se necesitarán enfoques radicales. El cambio climático es un problema particularmente difícil de resolver: persiste una profunda incertidumbre sobre sus posibles repercusiones; hay puntos de vista muy divergentes y conflictos de intereses; y no existe una autoridad central que aplique las soluciones acordadas. Quienes planifican políticas sociales denominan «problemas retorcidos» a estas cuestiones de política pública que desafían el pensamiento convencional.

Lo más incómodo de todo es que el clima y el desarrollo están profundamente interconectados, lo que abre una profunda brecha entre los bloques de países desarrollados y en desarrollo. Los cambios que ocurren ahora son consecuencia del desarrollo basado en combustibles fósiles de los países más ricos, mientras que las cuestiones de salud pública y seguridad energética de las naciones más pobres pueden parecer ajenas al cambio climático a largo plazo, al menos hasta que intervienen la subida del nivel del mar o la disminución de las cosechas.

Las políticas climáticas que animan a los negociadores cada diciembre deben estar plenamente integradas en la lucha cotidiana por salir de la pobreza, que todavía afecta a la mayor parte de la humanidad. El cambio climático es para toda la vida, no solo para Navidad.

Cerrar la brecha de conocimiento sobre el crecimiento verde

Por tercer año consecutivo, una conferencia de la ONU sobre el clima expresa su grave preocupación por la importante brecha entre los compromisos de reducción de emisiones de los países y los niveles necesarios para no superar los mágicos dos grados. Sin embargo, la lamentable falta de acción se debe en parte a una brecha paralela de conocimiento: los políticos necesitan saber cómo reducir las emisiones sin frenar el crecimiento.

El cambio climático está alejando los sistemas climáticos y socioeconómicos de sus estados de equilibrio, y los investigadores se esfuerzan por seguir el ritmo. Los modelos económicos tradicionales se basan en supuestos de equilibrio, mercados perfectos y pleno empleo, pero la magnitud de la transición necesaria invalida muchos de esos supuestos. El crecimiento verde consiste en aprovechar las oportunidades resultantes para movilizar recursos infrautilizados.

Los economistas no pueden resolver todo el problema por sí solos. Tampoco pueden hacerlo los científicos del clima, los juristas, los sociólogos, los expertos en sostenibilidad ni quienes trabajan en los efectos sobre la salud del cambio climático. Todos estos campos y otros deben trabajar juntos para idear las mejores políticas posibles.

Si ustedes no lo hacen, lo haremos nosotros

Pero si los políticos no pueden o no quieren encontrar una solución al cambio climático, hay otros actores dispuestos a intervenir. Lo que antes era el ámbito exclusivo de los negociadores nacionales ahora incluye, por ejemplo, a grupos de empresas líderes y grandes ciudades que reclaman una acción coordinada. Ampliar así la participación es una de las tres propuestas fundamentales para acelerar el progreso que respaldó el Diálogo sobre el Clima de Yale antes de Lima.

Como señaló Lord Stern, la clave del éxito en París tiene menos que ver con regatear transferencias financieras entre gobiernos movidos por sus propios intereses y más con orientar hacia opciones limpias y de bajas emisiones de carbono los billones de dólares que se gastan cada año en infraestructura y transiciones energéticas en los países en desarrollo.

Hay numerosas ideas e iniciativas para lograrlo, pero antes de que una visión de un futuro sostenible pueda convertirse en una realidad cotidiana, nuestros líderes necesitan soluciones de la comunidad investigadora que reflejen la verdadera magnitud del problema y sus múltiples y complejas dimensiones.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Neil Edwards es profesor titular de Ciencias del Sistema Terrestre en The Open University.

Imagen: Fragmentos de hielo se desprenden de uno de los flancos del glaciar Perito Moreno en un proceso de ruptura inesperada durante los meses de invierno del hemisferio sur, cerca de la ciudad de El Calafate, en la provincia patagónica de Santa Cruz, en el sur de Argentina, el 7 de julio de 2008. REUTERS.

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