Cómo nos beneficiaría a todos un impuesto sobre las transacciones financieras

Company stock price information for LVMH Moet Hennessy Louis Vuitton SA, is displayed on screens as they hang above the Paris stock exchange, operated by Euronext NV, in La Defense business district in Paris, France, December 14, 2016. REUTERS/Benoit Tessier - RTX2V13L
A Financial Transaction Tax is the "nuanced approach that is needed"Image: REUTERS/Benoit Tessier - RTX2V13L
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Como antiguo gestor de un fondo de cobertura que apoya un impuesto sobre las transacciones financieras (ITF), sé que soy algo atípico.

Para que conste, no me entusiasman especialmente los impuestos.

Como la mayoría de los capitalistas que se precian, solo quiero que me dejen tranquilo para ocuparme de mi negocio y conservar tanto como pueda del dinero que gano.

Pero sí creo que el ITF es una buena idea.

Bien diseñado, desempeñará un papel importante a la hora de frenar el tipo de actividad financiera que no aporta ningún beneficio a la sociedad y nos expone a todos a riesgos considerables.

Al oponerse a un ITF europeo —cuya decisión final se espera en una reunión de los ministros de Finanzas de la UE a finales de esta semana—, mis colegas del sector financiero plantean dos objeciones principales: en primer lugar, que reducirá la liquidez; y, en segundo lugar, que perjudicará a las pensiones.

Bueno, ¿qué otra cosa iban a decir?

A menudo hablo de «jugar la carta de la liquidez». Se supone que es el as de triunfo, el argumento que zanja el debate.

Pero sencillamente no es así.

Negociación de alta frecuencia

El tipo de transacciones financieras que el ITF pretende frenar —la negociación de alta frecuencia impulsada por ordenadores, en la que las acciones cambian de manos en una fracción de segundo— aporta poco a la liquidez del mercado.

Es cierto que dan la impresión de que circula mucho dinero por el sistema, pero, en cuanto el mercado se sale del guion con algo que los algoritmos no habían visto antes, pueden apostar a que los desconectarán para «investigar más» y la liquidez se evaporará.

Lo vimos durante el desplome relámpago de 2010. Por eso, es mejor no depender de algo tan volátil como la negociación de alta frecuencia para obtener liquidez.

En cuanto a las pensiones, supongamos que se traslada al consumidor un pequeño impuesto sobre las transacciones y que esto afecta a su pensión. ¿De qué magnitud sería el efecto?

Si la pensión está invertida en operaciones de negociación de alta frecuencia, quizá sí saldrían perdiendo. Pero los fondos de pensiones típicos mantienen sus inversiones durante meses o años, no milisegundos.

El efecto de un ITF en la pensión de una persona sería mínimo.

Desplomes relámpago

Por otro lado, si la negociación de alta frecuencia provoca más desplomes relámpago, eso sí tendría un efecto, y podría ser enorme.

Ya me imagino la disculpa: «La mala noticia es que un desplome provocado por un algoritmo ha hecho desaparecer el 20 % de su pensión. La buena es que no hemos tenido que cobrarle 1,20 £ para cubrir el coste del impuesto sobre las transacciones».

Ahorrar un céntimo y perder una libra.

Quienes apoyan el ITF suelen arremeter contra los mercados financieros y propugnar el fin del mal de la especulación. Desde luego, eso es absurdo.

Los mercados financieros permiten a las empresas obtener dinero para crear empresas emergentes o expandirse; permiten a los propietarios pasar a otras actividades y ayudan a las personas o a las empresas a controlar los riesgos.

Lo que necesitamos es un ITF que proteja los aspectos positivos de los mercados financieros y reduzca los negativos. A mi juicio, es perfectamente posible.

Especulación útil

Buena parte de las operaciones en los mercados financieros se desarrolla a lo largo de semanas, meses o años. Compras acciones porque crees que a la empresa le irá bien y esperas conservarlas durante bastante tiempo. Si aciertas, el precio de las acciones sube y obtienes beneficios.

Esto es especulación, pero gran parte de ella resulta muy útil.

Compárese con la negociación algorítmica de alta frecuencia, en la que las acciones se poseen durante fracciones de segundo. Los ordenadores que negocian entre sí determinan el precio, y la empresa no es más que el símbolo de su cotización. Este tipo de especulación puede perjudicar gravemente a los accionistas, a la empresa, a sus empleados y a la economía en general. El ITF podría controlar precisamente estas últimas formas de especulación perjudicial.

También se negocia por otros motivos.

Pensemos en la cobertura. Se utiliza para reducir el riesgo y ayudar a las empresas y a los inversores a minimizar las fluctuaciones de sus costes y del valor de sus carteras.

Es evidente que la cobertura para controlar el riesgo es beneficiosa. Por ejemplo, si un productor quiere protegerse de la caída de los precios del maíz, puede fijar el precio en el mercado de futuros.

Encontrar el equilibrio

Este tipo de cobertura puede realizarse con bastante frecuencia, quizá varias operaciones al día; pero es muy distinta de la negociación de alta frecuencia, que puede tener lugar varias veces por segundo y no aporta ningún beneficio económico.

Para mí, la cuestión no es si deberíamos tener un ITF, sino cuál debería ser el tipo impositivo.

Si es demasiado bajo, no tendrá ningún efecto sobre la negociación de alta frecuencia. Si es demasiado alto, obstaculizará las coberturas beneficiosas.

Un tipo de alrededor del 0,01 %, es decir, un punto básico por cada transacción, debería lograr el equilibrio adecuado.

¿Afectaría este tipo a las coberturas beneficiosas? No. ¿Afectaría a la especulación a medio y largo plazo? No.

¿Frenaría la negociación de alta frecuencia, la especulación a corto plazo y las estrategias de cobertura que no aportan ningún beneficio económico y desestabilizan las finanzas?

Por supuesto que sí.

Este es el tipo de enfoque matizado que necesitamos.

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