Para 2030, deberíamos vivir vidas más sanas y prósperas en un planeta más verde y limpio, gracias a políticas sólidas para combatir el cambio climático y utilizar con prudencia recursos valiosos, como el agua.
Es decir, si los líderes mundiales cumplen la promesa de los ambiciosos objetivos de desarrollo de poner fin a la pobreza y el hambre y de promover un modo de vida más sostenible, durante los próximos 15 años.
Pero para que los gobiernos alcancen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que se adoptarán en una cumbre de la ONU este mes, es preciso impulsar la mejora de los datos para poder hacer un seguimiento de los avances y exigir cuentas a los líderes, según los expertos.
Con demasiada frecuencia, los datos que se producen son imprecisos, están determinados por las prioridades de los donantes, se publican tras un largo retraso o excluyen a los grupos marginados de la sociedad. Como resultado, tanto los países ricos como los pobres saben mucho menos sobre sus ciudadanos de lo que creen.
“No hay datos sobre el valor de los datos”, afirmó Elizabeth Stuart, investigadora delOverseas Development Institute (ODI), think tank británico que analizó las deficiencias de los datos en un informepublicado a principios de este año.
“Me asombra que hagamos toda esta planificación de políticas basándonos en meras estimaciones, extrapolaciones e interpolaciones, bajo la apariencia de empirismo”, afirmó Stuart a la Thomson Reuters Foundation.
Tomemos como ejemplo la pobreza. La más actualizada estimación del Banco Mundial sobre el número de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día es de poco más de 1.000 millones.
Pero esa cifra tiene cuatro años y podría ser un cuarto inferior a la cifra real, porque hasta 350 millones de personas en todo el mundo no se contabilizan en las encuestas de hogares, según el ODI.
Asimismo, unas 133.000 mujeres del África subsahariana podrían haber fallecido por causas relacionadas con el parto en 2013, o quizá el doble, según el ODI.
Datos erróneos, políticas erróneas
Los expertos coinciden en que, pese a este panorama irregular, los datos han mejorado desde que se pusieron en marcha los últimos objetivos de desarrollo de la ONU en 2000. Pero la tarea que se avecina —encontrar datos para medir 17 objetivos y 169 metas, frente a los ocho objetivos y 18 metas anteriores— es ardua.
Las lagunas de datos no se dan únicamente en los países más pobres, que luchan contra problemas como los cortes de energía, la inseguridad o la escasez de estadísticos para contabilizar comunidades nómadas o aisladas por montañas, ríos y malas carreteras.
Un proyecto para poner a prueba los ODS y evaluar los datos disponibles en ámbitos clave, como la educación, la pobreza y la sostenibilidad medioambiental, reveló que Canadá carecía de datos sobre sus pueblos aborígenes, que representan el 4,3 % de la población.
Las minorías étnicas, las mujeres, las personas mayores y las personas con discapacidad son los grupos menos cubiertos por los datos y corren el riesgo de quedarse atrás si los países no mejoran su forma de contabilizarlos, según los expertos.
“La gran pregunta para los países de ingresos altos será la relativa a la agenda de «no dejar a nadie atrás», y eso se convierte en una decisión política sobre quién se mide y por qué se le mide”, afirmó Shannon Kindornay, líder del proyecto Post-2015 Data Test.
El «qué» que se mide también requiere una atención cuidadosa.
En Nigeria, las tasas netas de matriculación escolar se utilizaron como indicador de los avances hacia la educación primaria universal.
Una vez que se introdujeron pagos en efectivo para animar a los padres a enviar a sus hijos a la escuela, las tasas de matriculación se dispararon. Pero cuando las autoridades midieron posteriormente las tasas de alfabetización, se constató que estaban disminuyendo.
«Los padres matriculaban a sus hijos para cobrar las transferencias y otras prestaciones y después los retiraban de la escuela para ayudar en casa y en sus granjas», declaró en julio Yemi Kale, estadístico general de Nigeria, en una sesión informativa en el Chatham House de Londres.
Al centrarse en las tasas de matriculación, se ignoraron la calidad de la educación y si los niños completaban o no su escolarización. «Este es un ejemplo de datos erróneos, diagnóstico erróneo y política errónea», afirmó Kale.
«Muchos países africanos se quejan con frecuencia de que los compromisos internacionales nos obligan a seguir indicadores establecidos que son más pertinentes para los países avanzados que para nuestras economías», afirmó.
Una revolución de datos
La solución pasa por invertir más en las oficinas nacionales de estadística, aprovechar mejor los datos ya disponibles, mejorar la precisión de los datos y utilizar fuentes de datos alternativas, según los expertos.
«Las estadísticas de registro civil de Botsuana tienen más de dos décadas de retraso. Al mismo tiempo, el país es fotografiado por satélite cada 24 horas», afirmó David McNair, responsable de las labores de promoción y de políticas de transparencia en el grupo de campaña contra la pobreza ONE.
«Estas fotografías podrían utilizarse para saber dónde vive la gente en situación de pobreza, cómo crecen los cultivos y dónde los gobiernos o los donantes deben intervenir con antelación para evitar el hambre y la malnutrición», declaró a la Thomson Reuters Foundation.
En Namibia, los investigadores han utilizado datos de satélite y de telefonía móvil para combatir la malaria, según el proyecto Data Impacts.
Mediante la consulta de imágenes de satélite sobre las condiciones en las que proliferan los mosquitos, como las lluvias y la densidad de la vegetación, y de registros de telefonía móvil para seguir los desplazamientos de la población, las autoridades pudieron distribuir mosquiteras en los focos de transmisión.
En Uganda, otro proyecto de investigación analizó datos de Facebook para conocer las actitudes de los jóvenes ante los métodos anticonceptivos y la planificación familiar.
«La revolución de los datos es muy popular», afirmó Amanda Glassman, directora de política sanitaria mundial en el Center for Global Development.
«Todos coinciden en que hay un problema y deberíamos hacer algo al respecto, pero las soluciones tienden a centrarse en arreglos tecnológicos rápidos o en cubrir una laguna de datos.»
El foco debería estar en obtener indicadores básicos como el producto interno bruto o la cobertura de vacunación, afirmó.
La revolución de los datos puede que ya haya comenzado, pero para ser realmente eficaz, los datos generados por los ciudadanos y otros tipos de datos deberían complementar los métodos tradicionales de recopilación, como las encuestas de hogares y los censos, según los expertos.
Otros advierten de que más datos no garantizarán una mejor elaboración de políticas ni una mayor rendición de cuentas.
«No se puede dar por hecho que, por tener los datos, los gobiernos vayan a prestarles atención y empiecen a cambiar sus políticas en consecuencia», afirmó Stuart, del ODI.
Tanzania, por ejemplo, es miembro de la Alianza para el Gobierno Abierto, una iniciativa mundial para promover la transparencia, desde 2011. Pero este año aprobó una ley que solo permite publicar los datos avalados por la Oficina de Estadística del Gobierno.
«Paradójicamente, algunos de los gobiernos que tienen las mejores políticas en materia de datos abiertos también … restringen las libertades», afirmó Stuart.
Este artículo se publica en colaboración con la Thomson Reuters Foundation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Katie Nguyen es corresponsal de la Thomson Reuters Foundation con sede en Londres.
Imagen: Una mano se recorta en silueta frente a una pantalla de ordenador en esta ilustración fotográfica tomada en Berlín el 21 de mayo de 2013. REUTERS/Pawel Kopczynski


