Como padre de cuatro hijos, sé lo importante que es el acceso a una atención sanitaria de buena calidad. Todos los padres aspiran a poder ofrecer lo mismo a sus hijos. Por eso, en el Grupo Banco Mundial trabajamos con nuestros socios de todo el mundo para hacer la cobertura sanitaria universal una realidad para todos.
Unir las finanzas y el desarrollo ha sido una pasión de toda mi vida. Al inicio de mi carrera, apoyé al entonces presidente francés Jacques Chirac en la creación de un impuesto internacional de solidaridad sobre los billetes de avión , destinado a aportar bienes públicos mundiales en beneficio de los pobres. Este tipo de pensamiento innovador acabó dando lugar a la creación de UNITAID , que trabaja para prevenir, tratar y diagnosticar el VIH/sida, la tuberculosis y la malaria con mayor rapidez, a menor coste y con más eficacia. Otros mecanismos de financiación innovadores incluyen la International Finance Facility for Immunization y la Global Vaccine Initiative.
Hoy en día, la cobertura sanitaria universal significa que los ciudadanos reciben la atención sanitaria que necesitan sin sufrir graves penurias financieras, un concepto fundamental para alcanzar los dos objetivos gemelos del Grupo Banco Mundial: poner fin a la pobreza extrema en 2030 e impulsar la prosperidad compartida. Aun así, 400 millones de personas carecen de acceso a servicios sanitarios esenciales. En los países en desarrollo, el 6 % de la población se encuentra en la pobreza, o cae más en ella, al pagar la atención sanitaria que necesita para sí misma y para su familia.
El acceso a una atención sanitaria de calidad y la protección financiera frente a los gastos médicos catastróficos son fundamentales para ayudar a los pobres a ascender en la escala económica.
Tailandia ofrece un buen ejemplo: la Thai Network of Rural Doctors aumentó el número de médicos y enfermeras que atienden a la población rural del país, al tiempo que elevó los salarios básicos e introdujo incentivos para atraer y retener a los profesionales sanitarios. En consecuencia, Tailandia ha registrado un descenso significativo de los gastos sanitarios catastróficos. De hecho, en la región nordeste, la más pobre y rural de Tailandia, el número de hogares empobrecidos descendió del 3,4 % en 1996 a menos del 1,3 % en 2006-2009.
En Turquía, una crisis económica a principios de los años 2000 impulsó importantes reformas sanitarias que situaron al país firmemente en el camino hacia la cobertura sanitaria universal. Hoy en día, más del 95 % de la población turca está cubierta por un seguro sanitario formal. La tasa de mortalidad infantil se redujo de 28,5 por cada 1.000 nacidos vivos en 2003 a 10,1 por cada 1.000 nacidos vivos en 2010, y la razón de mortalidad materna descendió de 61 defunciones por cada 100.000 nacidos vivos en 2000 a 16,4 defunciones por cada 100.000 nacidos vivos en 2010.
En todo el mundo, el sector sanitario ha crecido a un ritmo acelerado: representa alrededor del 10 % del PIB mundial y es una importante fuente de empleo incluso durante la reciente recesión mundial.
Sin embargo, este crecimiento no siempre ha sido equitativo ni eficiente. La inversión se ha concentrado en las zonas urbanas y en los grupos de mayores ingresos. Si no actuamos para contrarrestar esta tendencia, corremos el riesgo de que aumente la disparidad en el acceso y en los resultados sanitarios entre los países de ingresos bajos y altos, y entre los pobres y los ricos.
Al orientar las inversiones hacia la consecución de la cobertura sanitaria universal, podríamos cerrar estas brechas. Podríamos poner fin a las muertes maternas y infantiles evitables de aquí a 2030 y salvar unos 10 millones de vidas al año, al tiempo que aumentaríamos la productividad y el empleo de las personas e impulsaríamos el crecimiento económico.
Tenemos la tecnología y los recursos para ayudar a todos los países a alcanzar tasas universalmente bajas de infecciones y de muertes maternas e infantiles. Pero necesitamos liderazgo y compromiso político a escala mundial, regional y nacional para convertir estos beneficios potenciales en inversiones y programas reales sobre el terreno.
Por eso, el Grupo Banco Mundial y sus socios respaldan la Global Financing Facility en apoyo de Every Woman Every Child. Esta asociación, impulsada por los países, reúne a las partes interesadas en materia de salud materna, neonatal, infantil y de los adolescentes, para proporcionar una financiación inteligente, a escala y sostenible que acelere los esfuerzos por poner fin a las muertes evitables de aquí a 2030.
La semana pasada estuve en Oslo para el evento patrocinado por las Naciones Unidas, “Building the Path to Universal Health Coverage: Innovative Financing in Access to Medicines.” La magnitud del reto financiero no debe subestimarse. Para los 63 países con las mayores tasas de mortalidad materna e infantil, se calcula un déficit de financiación de 33 000 millones de dólares este año. Movilizar más recursos nacionales e internacionales, tanto del sector público como del privado, es fundamental para cerrar esta brecha.
Los países también deben invertir en otros sectores además de la salud, para sentar las bases esenciales de una sociedad resiliente. Por ejemplo, poner dinero en manos de las madres pobres mediante transferencias monetarias condicionadas puede mejorar la salud infantil y materna.
Sabemos qué funciona y contamos con abundantes pruebas de que invertir en salud resulta rentable.
Garantizar la igualdad de oportunidades para el desarrollo saludable de cada hombre, mujer y niño, en todas partes, debe ser una piedra angular de la labor de la comunidad mundial para poner fin a la pobreza en una generación.
Este artículo se publicó originalmente en The World Bank’s Voices Blog. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Bertrand Badré, como director gerente y director financiero del Grupo Banco Mundial, es responsable de las estrategias de gestión financiera y de riesgos del Grupo Banco Mundial.
Imagen: Las vacunas se colocan en una bandeja. REUTERS/Nicky Loh.


