Por qué los acuerdos comerciales no deberían intentar evitar la manipulación de divisas

Por qué los acuerdos comerciales no deberían intentar evitar la manipulación de divisas
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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sigue presionando para obtener la Autoridad de Promoción Comercial y utilizarla para concluir las negociaciones de la Asociación Transpacífica (TPP) y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) con la Unión Europea. Sin embargo, muchos miembros del Congreso de Estados Unidos insisten en que se añadan disposiciones a los acuerdos para evitar la manipulación de divisas.

Seamos claros: si Estados Unidos insistiera en que los acuerdos comerciales incluyeran «normas cambiarias estrictas y exigibles», no se cerrarían acuerdos. Otros países se negarían, y tendrían razón. Vincular los esfuerzos para evitar la manipulación de divisas con los acuerdos comerciales siempre ha sido una mala idea, y lo sigue siendo.

Es cierto que hay ocasiones en que puede considerarse que las monedas de determinados países están infravaloradas o sobrevaloradas, y también ocasiones en que sus socios comerciales tienen un interés legítimo en plantear la cuestión. Pero incluso cuando la desalineación cambiaria es relativamente evidente, los acuerdos comerciales no son la vía adecuada para abordarla. Entre los foros más apropiados para resolver cuestiones cambiarias se encuentran el Fondo Monetario Internacional, el G-20, el G-7 y las negociaciones bilaterales.

Por ejemplo, la infravaloración del renminbi se abordó con éxito en conversaciones bilaterales entre China y Estados Unidos de 2004 a 2011. China permitió que la moneda se apreciara un 35 % a lo largo del tiempo.

Hoy se encuentra dentro de un rango normal.

Pero sigue siendo cierto que casi siempre es imposible determinar si una moneda está sobrevalorada o infravalorada. La manipulación no es como la existencia de un arancel o una cuota, que pueden verificar observadores independientes.

Una condición necesaria para concluir que un país está manipulando su moneda es que sus autoridades intervengan en el mercado de divisas. Por ejemplo, el Banco Popular de China compró una cantidad récord de dólares entre 2004 y 2014, impidiendo así que el tipo de cambio del renminbi se apreciara tan rápido como lo habría hecho de otro modo. Pero los chinos ya no hacen eso. Si acaso, durante el último año han estado vendiendo dólares, manteniendo el valor del renminbi por encima de lo que habría sido en otras circunstancias.

Además, a menudo hay razones legítimas para intervenir en los mercados de divisas. Por ejemplo, en virtud del Acuerdo del Plaza, Estados Unidos se unió a Japón, Alemania y otros países del G-7 en 1985 para intervenir de manera coordinada y debilitar el dólar. De hecho, la mayoría de los países aplican tipos de cambio fijos, objetivos cambiarios o flotación gestionada; todos ellos implican, por definición, comprar y vender divisas para moderar o eliminar las fluctuaciones del tipo de cambio.

China no forma parte del TPP, pero Japón sí, y muchos críticos del Congreso lo señalan como objetivo de su insistencia en incluir en el acuerdo disposiciones para evitar la manipulación de divisas. El yen se ha depreciado drásticamente durante el último año, y algunos intereses económicos de Estados Unidos, en particular la industria automotriz, acusan a Japón de manipularlo para mantener la moneda infravalorada. Pero la última vez que el Banco de Japón intervino en el mercado de divisas fue en 2011. En 2013, Japón se sumó a otros países del G-7 al aceptar una propuesta del

Departamento del Tesoro de Estados Unidos para abstenerse de intervenir en el mercado de divisas.

El euro también se ha depreciado significativamente frente al dólar durante el último año, y algunos críticos comerciales de Estados Unidos quieren que se añadan al TTIP disposiciones para evitar la manipulación de divisas. Pero el Banco Central Europeo no ha intervenido en el mercado de divisas desde 2000, y entonces lo hizo para respaldar el euro, no para debilitarlo.

Los críticos que acusan a Japón y a otros países de manipular sus monedas presumiblemente saben que no han intervenido en el mercado de divisas en los últimos años. En general, señalan en cambio la reciente flexibilización monetaria. El efecto secundario previsible de la expansión cuantitativa (QE), es decir, la compra de bonos nacionales por parte del BOJ y del BCE, ha sido la depreciación del yen y del euro. Pero difícilmente se puede impedir que los bancos centrales relajen la política monetaria cuando las condiciones económicas internas lo justifican, como ha sido claramente el caso en Japón y Europa (y en Estados Unidos cuando la Reserva Federal adoptó la QE).

Si la expansión monetaria no justifica la acusación de manipulación de divisas, aún menos la justifican otros tipos de políticas económicas. Algunos sostienen que, aunque el Banco Popular de China ha dejado de comprar activos estadounidenses y otros activos extranjeros, los fondos soberanos de China siguen haciéndolo, y que eso también cuenta como manipulación.

Pero es perfectamente razonable y legítimo que China invierta parte de sus ahorros en el extranjero. (Estados Unidos se preocuparía si China y otros países no quisieran comprar sus activos). Todos los países toman cada semana decisiones de política de muchos tipos, muchas de las cuales pueden tener un efecto indirecto en el tipo de cambio, en un sentido u otro. El mero hecho de que una política concreta pueda debilitar la moneda no convierte a ese país en manipulador.

Por último, las disposiciones dirigidas contra otros bancos centrales también podrían aplicarse a Estados Unidos. No se trataría de hacer un uso indebido de una herramienta (algo frecuente en la política comercial, cuando grupos de interés presionan para obtener protección frente a la competencia extranjera), sino de utilizarla exactamente de la manera prevista. Conviene tenerlo presente, dado que la adopción de la QE por parte de la Fed en 2008 (que mantuvo hasta el año pasado) tuvo el efecto de debilitar el dólar entre 2009 y 2011, lo que suscitó contra Estados Unidos las mismas acusaciones de «políticas de empobrecer al vecino» que los congresistas dirigen ahora contra otros.

Tales acusaciones siempre son poco sólidas, sea cual sea su origen. El estímulo monetario en un país puede incluso beneficiar al resto del mundo, ya que la recuperación del crecimiento de sus propios ingresos impulsa las importaciones de sus socios comerciales. Tanto si se consideran las acusaciones de manipulación de divisas contra Estados Unidos en 2010, contra sus socios comerciales en 2015 o contra un futuro acusado, designar a una agencia comercial para que se pronuncie al respecto no haría más que causar problemas.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a estas opiniones.

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Autor: Jeffrey Frankel, profesor de la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, fue miembro del Consejo de Asesores Económicos del presidente Bill Clinton.

Imagen: Un buque portacontenedores sale de Burrard Inlet, en Vancouver. REUTERS/Andy Clark.

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