Alrededor del 32 % de la población mundial sigue sin conexión efectiva.
Proporcionar internet a estas personas es esencial para su calidad de vida, pero resulta costoso.
Los créditos de conectividad pueden ofrecer incentivos financieros a quienes construyen la infraestructura de internet para que trabajen en zonas de difícil acceso.
Hoy, pese a la ubicuidad de internet y la tecnología digital en algunas partes del mundo, 2.600 millones de personas siguen desconectadas. Esta es la brecha digital mundial.
A medida que avance la tecnología, esta brecha no hará sino agravar las diferencias de riqueza y nivel socioeconómico. La proliferación de la IA frenará el PIB en las zonas desconectadas y ampliará la brecha educativa. Las dificultades para acceder a la atención sanitaria harán que las zonas desconectadas sean menos saludables.
Sin embargo, dado que alrededor del 32 % de la población mundial sigue sin conexión efectiva, los gobiernos por sí solos no pueden financiar suficientes redes para revertir esta exclusión digital. El sector privado debe participar, y los créditos de conectividad podrían ayudar a cerrar esta brecha y llevar a estas personas todos los beneficios de la conectividad a internet.
Créditos de conectividad para cerrar la brecha digital
Los créditos de conectividad asignan «créditos» a escuelas (u otras instalaciones públicas) en función de la dificultad de conectarlas. A continuación, los proveedores de servicios de internet (ISP) obtienen estos créditos al ofrecer un servicio fiable. En las primeras versiones del sistema, los créditos se financian con subvenciones públicas o inversiones de responsabilidad social corporativa. Cuanto más remota o difícil sea la ubicación, mayor será la asignación de créditos. Así se crea una recompensa tangible por proporcionar conectividad allí donde resulta menos rentable.
La iniciativa Giga es una alianza entre UNICEF y la UIT centrada en apoyar a los gobiernos para conectar todas las escuelas a internet. Giga ha cartografiado más de 2,2 millones de escuelas en todo el mundo, muchas de las cuales siguen sin conexión, y ha creado una plataforma de datos en tiempo real que hace seguimiento de la conectividad en casi 100.000 escuelas. El mapa puede verificar automáticamente si una escuela está conectada y recibe la conectividad estipulada en su contrato. Estas herramientas de datos, en conjunto, constituyen la infraestructura de código abierto básica que sustenta los créditos de conectividad
Nuevo impulso: cuatro prototipos de créditos de conectividad
En 2024, tras investigar en los 34 países y territorios que participan en Giga, el equipo responsable de los créditos de conectividad comenzó a crear prototipos en cuatro países. Aunque cada modelo es distinto, todos comparten un enfoque sencillo: incentivar a los ISP locales para que amplíen el servicio a escuelas rurales y otros espacios públicos a cambio de créditos canjeables por dinero, subvenciones o ventajas en las licencias.
Así podría funcionar:
Malawi: Las escuelas rurales reciben subvenciones parciales (de fondos de servicio universal y enlaces satelitales con descuento) durante el primer año. Después, pequeños ISP despliegan redes wifi y revenden conexiones a las comunidades cercanas para generar ingresos continuos.
México: Un modelo similar, pero en zonas con ingresos ligeramente más altos, por lo que se espera que los ISP reembolsen parte del capital inicial. El objetivo es mostrar cómo los créditos pueden llegar a autofinanciarse si aumenta su uso.
Sudáfrica: IHS Towers utiliza créditos para contabilizar sus contribuciones al cumplimiento de los requisitos gubernamentales. Ayuda a financiar pequeños ISP que conectan escuelas y, a cambio, IHS puede documentar inversiones sociales verificables.
Kenia: Empresas de telecomunicaciones como Liquid Telecom abren espacio infrautilizado en sus redes de fibra y torres, mientras que los ISP de última milla obtienen créditos al conectar escuelas. Con el tiempo, los ISP pueden utilizar esos créditos para compensar futuras tasas de licencia o atraer inversiones adicionales.
Los cuatro proyectos piloto incluyen verificación en tiempo real: el software de monitorización de Giga comprueba permanentemente la calidad de la conexión de cada escuela. Si el enlace cae por debajo de un umbral, no se emitirán nuevos créditos. Esta transparencia busca resolver un problema habitual de las subvenciones públicas: garantizar que el dinero se traduzca realmente en un servicio de internet operativo. Prevemos un mecanismo que incentive a la plataforma, actualmente en desarrollo en la red de pruebas de Ethereum, por los datos que proporciona.
¿Qué ha cambiado?
Desde que se concibió la idea de los créditos de conectividad en 2021, una oleada de interés y apoyo ha impulsado la iniciativa.
Interés empresarial: IHS Towers se convirtió en la primera empresa global en «comprar» créditos mediante su programa de responsabilidad social corporativa en Sudáfrica. Esto está animando a otros socios y colaboradores empresariales a considerar la compra de créditos allí donde necesitan más infraestructura digital sobre el terreno. Equinix, que gestiona el intercambio de tráfico de internet (conexiones entre redes), ha hecho de los créditos de conectividad un pilar de su trabajo con Giga.
Alianzas gubernamentales: varios ministerios nacionales ya mencionan los créditos de conectividad en sus acuerdos de comunicación y colaboración con UNICEF y Giga. Aunque cada país adapta el esquema a su marco de políticas, el principio subyacente es el mismo: pagos por un servicio verificado.
Datos abiertos, código abierto: el mapa de Giga muestra públicamente qué escuelas están conectadas y con qué calidad. Los organismos reguladores locales pueden basarse en estas mediciones para respaldar la emisión de créditos con una burocracia mínima. Este enfoque de datos abiertos recuerda al seguimiento del carbono en tiempo real, aplicado aquí a la conectividad. La mentalidad de código abierto es fundamental para la «financiación de código abierto» y ocupa un lugar central en organizaciones como la Fundación Ethereum.
Infraestructura digital: ante el aumento de la demanda de IA en el borde, así como de otros recursos de computación y energía, los créditos de conectividad se consideran «créditos de infraestructura digital». Los créditos podrían intercambiarse no solo por ISP, sino también por proveedores de datos, clústeres de computación y otros actores que trabajan en infraestructura digital en zonas emergentes y desconectadas.
Un camino más claro hacia adelante
Es necesario valorar cuidadosamente los créditos. Ofrecer demasiados por ubicación puede sobreestimular el mercado; ofrecer muy pocos hace que no compensen los costes del ISP. También hemos aprendido mucho al crear vínculos entre los actores de la infraestructura digital —empresas de torres, proveedores de fibra e ISP locales—, que pueden colaborar mejor cuando un sistema de créditos cuantifica las contribuciones y los beneficios individuales.
El Centro de Conectividad de Ginebra será un núcleo de trabajo sobre los créditos de conectividad, gracias a la claridad de la regulación suiza sobre la industria basada en blockchain. Un centro neutral mantendrá las normas técnicas, certificará los datos de cada proyecto piloto nacional y, con el tiempo, gestionará un mercado mundial de créditos. El recién creado Laboratorio de Investigación Giga de la Universidad de Ginebra respaldará la investigación académica.
La conectividad a internet suele ser un entramado confuso de regulaciones, tecnologías, intereses políticos y marcadas desigualdades. Un mercado de créditos de conectividad puede ayudar a pagar en función del rendimiento y corregir esas desigualdades. También puede reducir el coste del capital para las pequeñas empresas que conectan las zonas de más difícil acceso. La tecnología, y en particular la transparencia de las cadenas de bloques públicas, ofrece la oportunidad de entender un mercado complejo en todos sus detalles y garantizar que bienes públicos esenciales, como internet, estén al alcance de todos.
Agradecemos a los otros autores que contribuyeron a este artículo: Alex Wong, asesor sénior de la Oficina Ejecutiva y colíder de Giga, UIT; Andile Ngcaba, presidente de Solcon Capital; Bill Tai, inversor de capital riesgo y cofundador de ACTAI Global; Marieke Flament, asesora especial de Giga; y Harry Wilson, responsable de producto de Giga.



