¿Por qué es importante empoderar a las mujeres para el desarrollo rural?

¿Por qué es importante empoderar a las mujeres para el desarrollo rural?
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Este artículo se publicó originalmente en el blog «Oportunidades para todos» del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

«Cuando la empresa nos falló, solo impusimos una multa. Debemos ser firmes con las empresas y con los proveedores; de lo contrario, no cumplen con su parte. Así es como se puede hacer avanzar el proyecto». Este testimonio me impresionó profundamente cuando lo escuché de una mujer indígena en Bolivia, orgullosa de formar parte del comité directivo y de defender los intereses de su comunidad en el proyecto.

Bolivia tiene una historia de éxito extraordinaria que contar sobre el impulso a las mujeres rurales para que asuman el liderazgo en sus comunidades y organizaciones, y para que se saquen a sí mismas y a sus familias de la pobreza.

Hay dos proyectos en particular financiados por el Banco Mundial, ejecutados por EMPODERAR , que merecen destacarse porque, aunque tienen objetivos, zonas geográficas y poblaciones beneficiarias distintas, ambos basan su éxito en la participación plena de las mujeres en cada etapa del proceso, especialmente en lo relativo a la gestión de los fondos. Ambos proyectos demuestran que, sin mujeres empoderadas, no hay futuro para las zonas rurales.El primer proyecto, PICAR, atiende a comunidades rurales e indígenas en las zonas más vulnerables de Bolivia. Se trata de un proyecto de desarrollo impulsado por la comunidad (CDD), en el que las comunidades participantes satisfacen necesidades básicas y productivas mediante la ejecución de pequeños subproyectos de infraestructura. Al igual que en otros CDD, son las propias comunidades las que definen y priorizan las inversiones y gestionan los fondos públicos. Los resultados han sido sobresalientes. Hasta la fecha, PICAR ha beneficiado a casi 150.000 habitantes rurales mediante aproximadamente 700 subproyectos. Para 2019 se prevé que PICAR beneficie a unos 300.000 habitantes rurales.El otro proyecto, PAR, ayuda desde 2006 a unos 41.000 pequeños agricultores a mejorar su acceso a los mercados. Las organizaciones de productores, que mantienen alianzas comerciales con compradores, reciben y gestionan fondos públicos para mejorar la infraestructura productiva, modernizar equipos y contratar asistencia técnica. El subsidio ayuda a los productores a cumplir los requisitos de los compradores en cuanto a volumen y calidad de los productos, a mejorar sus ingresos y a consolidar sus vínculos con mercados dinámicos.Estos proyectos son destacables no solo por los resultados alcanzados, sino también porque involucran activamente a las mujeres en la gestión y la rendición de cuentas sobre el uso de los recursos públicos. Los resultados positivos de ambos proyectos demuestran que empoderar a las mujeres para que contribuyan de forma sustancial puede marcar una gran diferencia.En ambos proyectos, los beneficiarios han constituido comités de gestión y comités de control social encargados de adquirir bienes para los subproyectos, pagar a los proveedores y registrar de manera precisa las contribuciones de contrapartida y los gastos. En PICAR, las mujeres representan dos tercios de todos los miembros activos de los comités constituidos. Muchos de los beneficiarios con quienes conversé durante mis visitas de campo creen firmemente que la participación de las mujeres en esos comités ha elevado el nivel de transparencia del proyecto y que su mayor implicación se ha convertido en un activo valioso e intangible para las comunidades. Esto no solo aporta beneficios inmediatos a estas zonas rurales, sino que también es un buen augurio para futuros proyectos que contribuyan a seguir desarrollando las comunidades.

Por su parte, el PAR se centra en subsectores agropecuarios de alto valor agregado, como el cacao, en los que las mujeres son las principales protagonistas de la producción y el preprocesamiento. Varios estudios confirman que, en la última década, la participación de las mujeres en la agricultura, tanto como parte de la fuerza laboral como de productoras por cuenta propia, ha aumentado significativamente y ha beneficiado a la región. Al dar a las mujeres rurales la oportunidad de organizarse, asumir funciones comerciales de mayor peso y mejorar sus ingresos, el proyecto PAR está impulsando el dinamismo de las familias y las regiones. En las dinámicas comunidades cacaoteras que abarca el PAR, las mujeres se han convertido en la fuerza motriz de la creación de prosperidad gracias a su implicación, entereza y capacidad.

Dado el poder de estas historias, nuestros socios de EMPODERAR decidieron recogerlas en un breve documental que puede ver en la parte superior de esta entrada. Se presentó en las Reuniones Anuales de Lima ante una audiencia mundial, y ahora lo compartimos con los lectores para ofrecer una visión del desarrollo rural en Bolivia y de por qué es tan importante empoderar a las mujeres rurales.

La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.

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Autor: Francisco Obreque es especialista sénior en desarrollo rural del Banco Mundial.

Imagen: Bolivianos nativos posan con plantas de quinua, un grano andino cultivado a gran altitud. Foto tomada el 8 de abril de 2013. REUTERS/David Mercado.

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