¿Dentro de quince años, recordará dónde estaba cuando la Asamblea General de la ONU adoptó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)?
Es posible que el viernes 25 de septiembre de 2015 no sea uno de esos días que el público general recuerde, pero constituye un hito en la historia del desarrollo. Los ODS establecen una agenda nueva y ambiciosa que nosotros, en el Grupo Banco Mundial, junto con nuestros socios, trabajaremos para alcanzar, junto con nuestros propios objetivos de poner fin a la pobreza y impulsar la prosperidad compartida para 2030.
Alcanzar los ODS requerirá un compromiso concertado para invertir en algunos de los países más pobres y vulnerables del mundo. Una niña que va a la escuela en la Camboya rural debe contar con una carretera segura por la que pueda caminar hasta el colegio. El hospital de la RDC necesita electricidad para garantizar el parto seguro y saludable de una madre y su bebé. Y el agua potable segura es fundamental para los medios de vida de los agricultores de Bangladés.
La financiación a largo plazo desempeña un papel fundamental para generar un mayor crecimiento y bienestar. Sin ella, las empresas tienen dificultades para expandirse, los hogares invierten menos de lo necesario en salud y educación, y las economías pierden inversiones críticas en infraestructura. Sin embargo, nuestro reciente informe Global Financial Development Report on Long-Term Finance señala que la financiación a largo plazo se queda muy por debajo de las necesidades de inversión de los países en desarrollo.
Esta falta de financiación se da aunque muchos países han introducido reformas para desarrollar sus mercados financieros nacionales y han disfrutado de un mayor acceso a los mercados internacionales de capital en la última década. La brecha es especialmente significativa en lo que respecta a la financiación de infraestructuras. Como señalamos en las Reuniones de Primavera, necesitaremos pasar de “Billions to Trillions” para poder financiar nuestros objetivos a largo plazo.
La falta de infraestructura tiene un enorme costo económico y social. Más de 1.100 millones de personas —casi el 16 % de la población mundial— todavía no tienen acceso a electricidad. Unos 663 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a agua limpia, y 2.400 millones no disponen de saneamiento adecuado. Y un tercio de la población mundial no cuenta con una carretera transitable en todas las estaciones.
La infraestructura es la columna vertebral de cualquier país, ya que genera empleo, mejora la calidad de vida de los más pobres e impulsa el crecimiento económico. Como he escrito en mi blog anteriormente, esta inversión es parte integral de la lucha contra la pobreza. Mientras asistía a la World Infrastructure Summit en Barcelona esta semana, escuché a numerosos participantes reforzar el mensaje de que necesitamos soluciones globales para abordar este déficit. Debemos aprovechar tanto la financiación del sector público como la del privado para responder a las inmensas necesidades de infraestructura del mundo.
Los bancos multilaterales de desarrollo están en una posición única para ayudar a los países a cerrar la brecha de financiación a largo plazo. Pueden ayudar a identificar áreas de fallo de mercado y proporcionar los incentivos necesarios para atraer al sector privado.
El Grupo del Banco trabaja con los países para identificar debilidades en el entorno macroeconómico y de inversión que impiden que fluya la financiación del sector privado, y puede actuar como “un intermediario honesto” entre los intereses comerciales y los responsables de políticas. Podemos ofrecer herramientas de mitigación de riesgos, como garantías, seguros contra riesgos y financiación combinada, para que este tipo de inversiones resulten atractivas.
Por eso el Global Infrastructure Facility (GIF) es tan importante. Como plataforma mundial de colaboración, facilita la preparación y estructuración de complejas infraestructuras de asociación público-privada (APP) para movilizar capital del sector privado e inversores institucionales y ayudar a ampliar la cartera de proyectos bancables. Once de los mayores fondos de gestión de activos, de pensiones y de seguros del mundo, junto con varios bancos comerciales, que en conjunto representan más de 12 billones de dólares en activos bajo gestión, colaborarán en este esfuerzo. Los gobiernos de Australia, Canadá, China, Japón y Singapur, junto con los bancos multilaterales de desarrollo (BMD), entre ellos el Banco Asiático de Desarrollo, el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Interamericano de Desarrollo, también se han sumado.
Este tipo de financiación innovadora a largo plazo permitirá a la comunidad mundial alcanzar esta ambiciosa agenda de desarrollo. Si queremos ver cambios significativos para 2030 –un mundo más equitativo y libre de pobreza–, la financiación a largo plazo para infraestructura es el punto de partida adecuado.
Esta entrada apareció originalmente en el Voices Blog del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Bertrand Badré, director gerente y director financiero del Grupo Banco Mundial, es responsable de las estrategias de gestión financiera y de riesgos del Grupo Banco Mundial.
Imagen: Trabajadores laboran en un paso elevado que se encuentra en construcción. REUTERS/Krishnendu Halder.



