El liderazgo de China en una nueva institución financiera mundial, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), está resultando divisivo. Este mes, varios países europeos han solicitado ser miembros fundadores, entre ellos el Reino Unido, Francia y Alemania, para disgusto de Estados Unidos. Sin embargo, ahora Estados Unidos propone que el banco trabaje en asociación con las instituciones de desarrollo que lidera, como el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo.
China y otros 20 países asiáticos acordaron crear el BAII en octubre de 2014. Como su nombre indica, se centrará en financiar proyectos de desarrollo de infraestructuras en Asia, donde sigue habiendo una necesidad considerable de inversión. China encabeza la iniciativa y desea que la sede esté en Pekín (aunque Indonesia también ha reclamado esta posibilidad).
Aunque China está liderando la financiación del banco, ha subrayado su deseo de que participen otros miembros, entre ellos India, Kuwait y Qatar. En este sentido, China ha reducido su participación propuesta del 50% al 20% y ha renunciado a su poder de veto (que Estados Unidos conserva en el Banco Mundial). También hay mucho margen para colaborar con las instituciones financieras mundiales existentes: la directora del FMI, Christine Lagarde, expresó recientemente su deseo de cooperar con el BAII.
Una franja, una ruta
Sin embargo, la creación del BAII y la reacción de Estados Unidos ante la participación de sus aliados tienen una clara dimensión política y estratégica. Estados Unidos presionó intensamente a sus aliados para que no se sumaran a la iniciativa, y la Casa Blanca manifestó una clara inquietud ante la decisión del Reino Unido de sumarse la semana pasada.
La decisión de muchos de los aliados de Estados Unidos de sumarse refleja la influencia mundial de China. Ningún otro país cuenta con el capital necesario para crear un banco de este tipo y recabar el apoyo de tantos países. Ha habido muchos momentos destacados en el ascenso económico de China, pero este podría marcar otro hito histórico: la influencia mundial de China supera a la de Estados Unidos, que pierde oportunidades de inversión e influencia futuras.
El BAII ayudará a China a impulsar su nueva estrategia de desarrollo, «Una franja, una ruta», cuyo objetivo es convertir a China en una potencia mundial y aumentar su impacto político y económico tanto en Asia como en la UE. Con aliados clave de Estados Unidos —entre ellos Corea y Japón en Asia, y el Reino Unido, Francia y Alemania en Europa— sumándose al BAII, China considerará esto una victoria en la pugna por la influencia mundial.
¿Hace falta otro banco?
La mayor diferencia entre el BAII y las instituciones financieras internacionales existentes radica en quiénes son sus accionistas. El Banco Mundial se encarga de prestar asistencia a los países en desarrollo de todo el mundo, y su presidente es propuesto por el presidente de Estados Unidos y suele ser estadounidense. El Banco Asiático de Desarrollo, por su parte, se centra en Asia, pero está dominado por Japón (todos sus presidentes han sido japoneses) y Estados Unidos, que son sus mayores accionistas.
Aunque China es miembro tanto del Banco Mundial como del Banco Asiático de Desarrollo, no ejerce ninguna influencia real. Crear el BAII y tener en él el mayor bloque de acciones significa que China tendrá la influencia principal, lo que reducirá el control de Estados Unidos sobre el sistema financiero internacional.
También hay margen para otro banco, dada la cantidad de infraestructura que Asia aún necesita. En 2010, el Banco Asiático de Desarrollo pronosticó una demanda de 8 billones de dólares estadounidenses para financiar infraestructuras hasta 2020 , y los niveles actuales de inversión del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo distan mucho de ser suficientes para cubrirla. Además, la competencia es beneficiosa para los préstamos destinados al desarrollo, así como para otros mercados.
Un atractivo duradero
La oleada de países europeos que buscan sumarse refleja el reconocimiento de que China es un colaborador fiable y responsable, así como la convicción de que será una potencia mundial en el futuro previsible. China tiene la segunda economía más grande del mundo, la mayor población y las mayores reservas de divisas, además de un enorme poder adquisitivo de los consumidores.
Por tanto, es sumamente beneficioso para los países europeos estrechar sus relaciones con China, especialmente ante sus actuales dificultades económicas. Los miembros del BAII tendrán acceso a la considerable inversión que este conlleva. Por esta razón, el primer ministro británico, David Cameron, dijo que era de interés nacional para el Reino Unido convertirse en miembro fundador.
Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Lea el artículo original. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Yu Xiong ocupa la cátedra de Gestión de Tecnología y Operaciones de la Newcastle Business School de la Universidad de Northumbria, en Newcastle.
Imagen: Un hombre habla por teléfono móvil cerca del distrito financiero de Pudong, en Shanghái. REUTERS/Carlos Barria.


