¿Recuerdan esta época el año pasado, cuando estaba de moda predecir que 2014 sería un año bastante malo para los mercados emergentes? No ocurrió, ¿verdad? Ahora oigo a analistas decir que la crisis que esperaban solo se ha pospuesto. Ocurrirá el año que viene. Es posible, pero yo no apostaría por ello.
En este debate, hay un hecho crucial que es a la vez evidente y siempre se olvida: los llamados mercados emergentes son todos muy distintos. No se mueven al unísono. Pensemos en el impacto del petróleo más barato. Al igual que en las economías avanzadas, es una buena noticia para algunos (el equivalente, en la práctica, a una rebaja de impuestos) y una mala noticia para otros (el equivalente a una reducción de sus ingresos). No es útil generalizar. Muchas de las economías con mejor desempeño del mundo en 2014 fueron mercados emergentes. Lo mismo ocurrirá en 2015.
La falacia de la agregación se agrava por la incapacidad de comprender las escalas relativas. Juntos, ambos errores ofrecen una imagen completamente distorsionada de la actividad mundial.
La desaceleración de la expansión de China es un tema recurrente en estos días. De acuerdo, pero recuerden que China será una economía de 10 billones de dólares a finales de 2014 y que, durante la desaceleración de este año, añadió aproximadamente 1 billón de dólares a la producción mundial. En términos de paridad de poder adquisitivo, China tiene ahora un tamaño similar al de Estados Unidos. Por tanto, si crece a un ritmo «decepcionante» del 7,0-7,5 por ciento, el año que viene añadirá a la producción mundial más del doble de lo que Estados Unidos añadió en 2014.
Sin embargo, el comentarista financiero mediano está entusiasmado con Estados Unidos y pesimista respecto de China. ¿Qué se me escapa?
A tipos de cambio corrientes, la economía china ya tiene más del doble del tamaño de la japonesa. Una vez más, los inversores parecen mostrar un entusiasmo desproporcionado por el caso menor. Japón tendría que crecer a más del 10 por ciento para contribuir más a la producción mundial que China. China supera en tamaño a Alemania, Francia e Italia juntas: las mayores economías del euro tendrían que crecer más del 7 por ciento para igualar su contribución a la actividad mundial.
Aunque muy por detrás de China, India también se está convirtiendo en una economía de importancia mundial: tiene aproximadamente el mismo tamaño que Italia, o tres cuartas partes del tamaño de la economía del Reino Unido, a tipos de cambio corrientes. Ajustada por la paridad de poder adquisitivo, su aportación a la producción mundial superará con creces la de esos países en 2014.
De hecho, pese al desánimo general, el crecimiento de la producción mundial rondará este año el promedio registrado hasta la fecha en la década: el 3,3 por ciento. Es cierto que está por debajo del 3,9 por ciento de 2001 a 2010, pero es aproximadamente igual al de cada una de las dos décadas anteriores. Lo principal es que el crecimiento de Estados Unidos no es el único motor de esta tendencia.
Los mercados financieros parecen ofrecer una mejor idea de la dinámica subyacente que la que se obtiene al calibrar el ánimo de los analistas. La «desacelerada» China ha visto subir más del 25 por ciento este año su índice de referencia de Shanghái. El índice de Shenzhen, que probablemente representa mejor el sector moderno de la economía china, ha subido alrededor del 35 por ciento. Es más o menos lo mismo que el aumento del principal índice bursátil de India. Indonesia ha subido cerca del 20 por ciento y Turquía, un 25 por ciento. Varios otros mercados bursátiles han tenido un desempeño mucho mejor que los de las economías avanzadas. A la vista de esas cifras, no parece tanto una crisis como un año bastante excepcional.
Entonces, ¿será 2015 el año en que todo se desmorone? La ya tradicional previsión de fin de año anticipa un fuerte aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses. Si eso ocurriera, las economías de mercados emergentes con déficits crecientes en cuenta corriente y una dependencia correspondientemente elevada del capital importado podrían tener dificultades. Pero conviene tener presentes dos factores que contrarrestan ese efecto.
En primer lugar, algunas de las economías consideradas más expuestas a este escenario —entre ellas India e Indonesia— son grandes importadoras de energía y se beneficiarán del abaratamiento del petróleo.
En segundo lugar, los bancos centrales de las economías avanzadas tienen un margen limitado —y, en algunos casos, ninguno— para endurecer la política monetaria y elevar los rendimientos a largo plazo.
En Japón y la zona del euro, parece más probable que se produzca una nueva flexibilización que un endurecimiento de las condiciones monetarias. Estados Unidos ha puesto fin a su programa de expansión cuantitativa, pero no tendrá prisa por adelantar su calendario de endurecimiento monetario. Por ahora, hay pocas perspectivas de que la Reserva Federal vuelva a poner en el mercado los bonos que ha comprado. Y no considerará que unos rendimientos globales más altos de los bonos redunden en interés de Estados Unidos. Al fin y al cabo, los exportadores estadounidenses necesitan clientes.
Es suficiente para pensar que la crisis podría volver a posponerse.
Publicado en colaboración con Bruegel
Autor: Jim O’Neill es investigador visitante en Bruegel.
Imagen: Skyline de la ciudad de Mandaluyong, Metro Manila. REUTERS/Cheryl Ravelo.



