No se puede exagerar la importancia de la educación —y, en especial, de la escolarización—. La expansión de la educación primaria y secundaria no solo se ha vinculado con un crecimiento económico acelerado, la erradicación de la pobreza y una mayor igualdad de ingresos, sino que la educación también parece estar estrechamente relacionada con el enriquecimiento y la inclusión sociales, la mejora del capital humano, el aumento de las oportunidades y una mayor libertad y bienestar. Por eso, como primer ministro de Pakistán, he situado el acceso universal a la educación muy arriba en la agenda nacional.
La educación influye en la manera en que las personas perciben el mundo que las rodea, comprenden los problemas y encuentran soluciones. Les hace más conscientes de sus derechos y deberes e influye en cómo interactúan dentro de sus comunidades y con el Estado y sus instituciones. Sobre todo, les permite pensar de forma crítica y cuestionar las ideas establecidas, lo que les permite superar los prejuicios, los mitos y las limitaciones heredadas de la historia.
En este sentido, la educación es un importante motor del progreso social. Y es la clave para cumplir la promesa que hice al asumir el cargo hace dos años: crear un nuevo marco para el cambio social en Pakistán que garantice la igualdad de oportunidades y la justicia social para todos, ponga fin a la explotación de los pobres y aproveche su potencial.
A medida que se acerca la Cumbre de Oslo sobre Educación para el Desarrollo , mantengo firme mi compromiso de garantizar el derecho a una educación de alta calidad para todos los niños de Pakistán, especialmente para las niñas, que desde hace mucho tiempo se enfrentan a grandes barreras para acceder a la educación. Pero aún quedan obstáculos considerables para cumplir ese compromiso.
De hecho, actualmente casi seis millones de niños pakistaníes no asisten a la escuela, y muchos más no están aprendiendo ni siquiera matemáticas básicas o lectura. Las tasas de abandono escolar son altas. Y quizá lo peor de todo es que terroristas y extremistas han atacado escuelas, haciendo estallar sus edificios y amenazando a sus docentes, sobre todo en el norte del país. En un incidente particularmente trágico ocurrido en diciembre pasado, terroristas atacaron a jóvenes estudiantes y docentes en una escuela de Peshawar.
Reitero ahora la promesa que hice después de aquel ataque. Mi gobierno no permitirá que las escuelas de Pakistán —tan vitales para el futuro de nuestro país— se conviertan en blancos del terrorismo. La educación es la inversión más importante que podemos hacer en nuestros bienes más preciados —nuestros niños— y no toleraremos ni la menor amenaza contra ella.
Proteger hoy las escuelas de los extremistas ayudará a frenar mañana el auge del extremismo. Dado que la ignorancia, la falta de opciones y las privaciones socioeconómicas contribuyen al auge del extremismo en algunas zonas de Pakistán y Afganistán, garantizar que las generaciones futuras reciban una mejor educación, desarrollen mejores capacidades y tengan más oportunidades evitará que la próxima generación se convierta en presa fácil de las organizaciones terroristas.
Además del riesgo de que algunos se sientan tentados por el extremismo, es seguro que, si no cumplimos nuestro compromiso con la educación universal, millones de niños quedarán condenados a una vida de pobreza y dificultades, con sus esperanzas, sueños y potencial desperdiciados, lo que socavará el potencial de desarrollo del país. Más de la mitad de la población de Pakistán tiene menos de 25 años; esa generación tiene el potencial de impulsar el progreso y la prosperidad del país, siempre que reciba la educación que merece.
Dado lo improbable que es que un enfoque de libre mercado conduzca a una provisión equitativa de educación, mi gobierno se ha comprometido a aumentar los recursos públicos destinados a la educación —que promediaron apenas el 2.4% del PIB entre 2004 y 2013— hasta el 4% por ciento del PIB en los próximos tres años. Estos fondos respaldarán las medidas necesarias para cumplir la promesa contenida en la Constitución de nuestro país: que el Estado “proporcionará educación secundaria gratuita y obligatoria en el plazo mínimo posible”.
Estas medidas incluyen la cooperación con los gobiernos provinciales —que tienen la responsabilidad principal de la educación primaria y secundaria en Pakistán— para elaborar una hoja de ruta hacia la matriculación universal. Para mejorar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje, trabajamos no solo para ampliar las instalaciones de formación docente, sino también para atraer a más personas talentosas a la profesión mediante el reconocimiento y la valoración de la labor del profesorado. Además, invertimos en computadoras y otras herramientas de aprendizaje avanzadas para garantizar que nuestros niños puedan competir a nivel internacional.
También hemos puesto en marcha varias iniciativas nuevas para ampliar el acceso a la educación. Una de ellas es National Endowment Scholarships for Talent, que financia la educación de estudiantes pobres.
Por último, estamos reforzando la estructura institucional del sistema educativo de Pakistán. Por ejemplo, hemos creado el Consejo Nacional de Currículo, que normalizará los planes de estudio escolares en todo el país y, al mismo tiempo, garantizará que se ajusten a los requisitos nacionales y a los parámetros internacionales de referencia. Se están introduciendo reformas del sistema de exámenes para complementar esta labor.
Mi promesa se está convirtiendo en acción. Pero mi gobierno no puede hacerlo solo. Para superar los desafíos que enfrentamos y cumplir nuestra promesa a nuestros niños, necesitamos el apoyo activo de la comunidad internacional. Se esperaba que el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) de lograr la educación primaria universal alcanzara su meta este año; no ha sido así. Por eso, este es el momento ideal para que el mundo renueve su compromiso con la educación.
Debemos abordar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo propósito es dar continuidad a la labor de los ODM, con una dirección clara, sentido de propósito y firme determinación. Por nuestra parte, hemos creado una unidad de los ODS en nuestro Ministerio de Planificación, Desarrollo y Reforma para coordinar su cumplimiento oportuno. Esperamos que otros países demuestren el mismo compromiso.
Para Pakistán, la educación no es simplemente una prioridad: es un imperativo de política pública.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Muhammad Nawaz Sharif es primer ministro de Pakistán.
Imagen: Escolares cachemires muestran sus pizarras en una escuela al aire libre. REUTERS/Thierry Roge.

