África ha logrado avances notables en una serie de indicadores sociales y económicos en los últimos años, pero aún queda mucho por hacer para desarrollar la resiliencia del continente frente a riesgos interconectados a escala regional y mundial.
El Banco Mundial informa[1] de que el PIB de África subsahariana ha crecido a una tasa anual del 4,4 % en las últimas dos décadas, y se prevé que aumente un 4 % más en 2015.
Ese progreso económico se ha visto acompañado de un desarrollo social. En un informe de 2014,[2] la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África señala que los avances en los Objetivos de Desarrollo del Milenio se han acelerado en el continente desde 2003, y ocho de los diez países con mejores resultados en esos objetivos son africanos.
El informe destaca los avances en la reducción de la pobreza, el desempleo, la mortalidad infantil y materna, las tasas de infección por VIH y las muertes relacionadas con la malaria. Al mismo tiempo, señala una mejora constante en el acceso al agua potable, a los mercados exteriores y a los servicios financieros.
Fragilidad
Por alentadores que sean estos logros, África sigue enfrentándose a desafíos fundamentales y continúa siendo vulnerable a una serie de factores de riesgo externos e internos en constante evolución.
África subsahariana sigue siendo la región peor clasificada del mundo en términos de desarrollo humano, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo[3], con casi la mitad de la población todavía por debajo del umbral de pobreza de 1,25 USD al día[4]. Además, es la región con mayor número de países con estrés hídrico de todas las regiones, lo que alimenta una amplia red de riesgos sociales y económicos.
Global Risks 2015, un informe publicado por el Foro Económico Mundial en colaboración con instituciones líderes, entre ellas Zurich Insurance Group, destaca los riesgos para los que los líderes mundiales consideran que su región está menos preparada. En África subsahariana, uno de cada tres encuestados señaló el desempleo y el subempleo. Las crisis alimentarias, la propagación de enfermedades infecciosas, los conflictos interestatales y los atentados terroristas también se consideraron cuestiones importantes. En el norte de África, la atención se centró principalmente en los conflictos por el agua y la inestabilidad social.
Estas preocupaciones responden a una serie de males de fondo, entre ellos, y no menor, que, pese al reciente crecimiento económico, África en su conjunto sigue siendo muy dependiente de las exportaciones de materias primas.
La región «en gran medida deja de lado la industrialización como motor principal del crecimiento», según el Banco Mundial señala[5], gran parte del reciente aumento del PIB del continente procede de las industrias extractivas y los servicios, mientras que la participación de la manufactura y la agricultura en la producción se reduce.
Como consecuencia de este desequilibrio en la producción, la reciente caída del precio del petróleo y de otras materias primas, junto con el débil crecimiento de Europa, provocó que las previsiones de crecimiento para África subsahariana en 2015 se redujeran en más de un punto porcentual.
Gobernanza
También existen importantes desafíos en materia de gobernanza. La mayoría de los países africanos se encuentran en una fase relativamente temprana de su proceso de democratización y, como reconoció la Comisión Económica de la ONU en un informe de 2013,[6] el proceso «sigue siendo frágil y discutible».
La mayoría de los países presenta importantes deficiencias en materia de eficacia legislativa, independencia judicial, derechos humanos y respeto del Estado de derecho.
Agravamiento de los riesgos
Esta percibida debilidad de la gobernanza hace aún más difícil que la región responda a las catástrofes y agrava enormemente los riesgos interconectados.
Un ejemplo reciente y contundente es el brote en curso del virus del ébola en Guinea, Liberia y Sierra Leona. Aunque la enfermedad se ha limitado a estos tres países, sus efectos se han dejado sentir en toda la región.
Según Abdoulaye Mar Dieye, director de la Oficina Regional para África del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, «el estigma y la aversión al riesgo han causado daños considerables, al cerrar fronteras e incidir indirectamente en las economías de un gran número de países de la subregión».
El Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo calcula[7] que la enfermedad costará a África Occidental en su conjunto unos 3.600 millones de USD al año entre 2014 y 2017, lo que reducirá la renta per cápita en unos 18 USD al año durante ese periodo. Calcula que la tasa de pobreza en Costa de Marfil ya ha aumentado medio punto porcentual, mientras que en Senegal el número de personas que viven por debajo del umbral de pobreza podría haber aumentado hasta un 1,8 % a causa de la enfermedad. Se prevé que la inseguridad alimentaria aumente en los países vecinos.
Fomento de la resiliencia
La Unión Africana ha reconocido la necesidad de actuar y se ha comprometido, a través de la Common African Position (CAP) on the Post-2015 Development Agenda[8] para abordar «los retos que plantean el cambio climático, la desertificación, la degradación de la tierra, la sequía y la pérdida de biodiversidad; la promoción de la paz y la seguridad; y la implantación de una arquitectura de gobernanza mundial receptiva y responsable mediante, entre otras cosas, la representación plena y equitativa de los países africanos en las instituciones financieras y económicas internacionales».
La CAP incluye medidas para diversificar las economías africanas, mejorar las técnicas agrícolas y superar algunos de los desafíos sociales de la región, pero para que tengan éxito estos cambios necesitarán el apoyo del mundo empresarial.
Las empresas deben implicarse de forma proactiva con los gobiernos para fomentar las condiciones que apoyen la inversión futura en la región, y deben desempeñar un papel en la lucha contra la corrupción y en el desarrollo de soluciones a la fragilidad social.
por Patrick Manley, director general de la división de Seguros Generales de Zurich en Europa, Oriente Medio y África.
[1] Banco Mundial, «Africa Pulse: Volumen 11, abril de 2015»
[2] Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, «mdg2014 report»
[3] PNUD. Human Development Report 201:4 Sustaining Human Progress:Reducing Vulnerabilities and Building Resilience,
[4] PNUD, http://www.africa.undp.org/content/rba/en/home/regioninfo.html
[5] Banco Mundial, «Africa Pulse: Volumen 10, octubre de 2014»
[6] Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, African Governance Report III, 2013 – http://www.uneca.org/sites/default/files/publications/agriii_eng_fin.pdf
[7] PNUD, Impacto socioeconómico del ébola en los países de África Occidental, http://www.africa.undp.org/content/dam/rba/docs/Reports/ebola-west-africa.pdf
[8] Unión Africana, «COMMON AFRICAN POSITION (CAP) ON THE POST-2015 DEVELOPMENT AGENDA»
Este artículo se publica en colaboración con Zurich Knowledge Hub. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Patrick Manley es director general de la división de Seguros Generales de Zurich en Europa, Oriente Medio y África.
Imagen: Vista del edificio de la Bolsa de Valores de Nigeria en el distrito financiero central de Lagos, el 10 de abril de 2013. REUTERS/Akintunde Akinleye.


