Las ONG suelen promover la excavación de pozos como solución a las largas distancias que recorren las mujeres de las zonas rurales para recoger agua. Estos pozos sí mejoran la calidad de vida, aunque hay que tener cuidado al excavarlos, ya que podrían provocar la sobreexplotación de los acuíferos.
Es cierto que se ha defendido el uso de pozos porque son fáciles de utilizar y por la percepción de que el agua subterránea está presente en todas partes. Además, el coste de construir un pozo, en comparación con otras infraestructuras de abastecimiento de agua, es mínimo.
Sin embargo, el International Institute for Environment and Development ha señalado que se han invertido hasta US$360 millones en sistemas de abastecimiento de agua rural que hoy están fuera de servicio. Esto equivale a unos 50.000 puntos de agua o infraestructuras que se han instalado y que ya no funcionan.
En Bangladesh, por ejemplo, las ONG han presionado para que se excaven pozos. No obstante, una reciente investigación sugiere que la alteración humana del paisaje, la construcción de estanques y la adopción de la agricultura de regadío son responsables de un patrón de aumento de la concentración de arsénico en el subsuelo.
A esto se suma el problema de la extracción insostenible. Esta se produce de múltiples formas. Las consecuencias pueden ser devastadoras.
Lamentablemente, esta es la única agua de la que disponen las personas de la región. Se ven obligadas a beberla y sufren callosidades en las manos y los pies causadas por el arsénico.
Una situación similar se produjo hace unos años en una pequeña localidad sudafricana. Los estudios realizados en la zona detectaron un descenso de los niveles de agua subterránea de hasta 25 metros en un periodo de 20 años, debido a la extracción insostenible. La situación era tan grave que se pidió a las personas que pasaban por la localidad que transportaran agua hasta el pueblo.
La Cenicienta de los recursos hídricos
Los acuíferos de toda África son fundamentales para el abastecimiento de agua potable y contribuyen hasta en un 70 % del suministro total de agua en algunos países. La gestión de estos es crucial.
Por ejemplo, las aguas subterráneas abastecen a la mayoría de las pequeñas localidades de Sudáfrica, pero casi ninguno de los municipios emplea a un hidrogeólogo a jornada completa. Esto ha provocado la mala gestión de la reserva de agua subterránea y, en determinadas ocasiones, el deterioro de la calidad del agua subterránea y la explotación excesiva de los acuíferos.
Deben tenerse en cuenta varios factores técnicos en cada emplazamiento para garantizar que el agua subterránea se extraiga de forma sostenible.
Es un error común creer que, al perforar, accedemos a un río subterráneo. Esto no es así.
El agua subterránea se desplaza lentamente a través de, o se almacena en, rocas permeables denominadas acuíferos. Un acuífero puede ser una capa de prácticamente cualquier tipo de grava, arena o roca que tenga espacios entre los poros capaces de retener humedad. La conectividad de estos poros y el tamaño del poro, o cavidad, determinarán la capacidad de extraer agua del subsuelo.
Hay argumentos tanto a favor como en contra del uso del agua subterránea. Pero el seguimiento es fundamental. El problema es que las estaciones de seguimiento se cierran con regularidad y hay menos datos disponibles para gestionar el recurso.
La situación se vuelve crítica cuando se necesitan suministros de emergencia y las reservas de agua subterránea pueden reponer las reservas de agua superficial ya agotadas. Cuando surge la necesidad, la respuesta automática es bombear agua subterránea para complementar el agua superficial, pero sin los sistemas de gestión y seguimiento necesarios.
Trabajar juntos por el agua
En algunos países africanos se ha adoptado un enfoque descentralizado para gestionar el recurso. Por ejemplo, en África Occidental, se recauda periódicamente dinero de los usuarios de un pozo de abastecimiento de una aldea para ayudar a financiar el mantenimiento del pozo.
Este enfoque no siempre funciona. The International Institute for Environment and Development ha demostrado que el nepotismo está muy extendido y que la mala gestión de las finanzas a una escala tan pequeña es habitual.
En esencia, se requiere un esfuerzo más coordinado en el que participen el gobierno, las ONG, el mundo académico y el sector privado para desarrollar y gestionar de forma sostenible el agua subterránea. Esto significa que la concesión de licencias, tal como existe en la legislación sudafricana, es necesaria antes de perforar un pozo o un sondeo para el abastecimiento de agua o el riego.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Gaathier Mahed es hidrogeólogo, investigador y profesor titular en la Cape Peninsula University of Technology.
Imagen: Una mujer recoge agua potable de un pozo junto a un río seco. REUTERS/Philimon Bulawayo.


