Este artículo se publicó originalmente en The World Bank’s Water Blog.
Los inodoros tienen un efecto significativo en la salud y la nutrición de los niños; el acceso a ellos puede ayudar a los niños a alcanzar su pleno potencial físico y mental. Lo contrario, sin embargo, también es cierto, y la ausencia de un inodoro puede tener repercusiones profundas. Consideremos la vida de un niño que vive en una aldea con un saneamiento deficiente. Sale al exterior, juega en el mismo campo donde la gente defeca y se mete los dedos en la boca. Puede que no sea consciente de los contaminantes que tiene en los dedos.
Tener en cuenta estas cuestiones no es tarea de un niño pequeño, pero sí es importante para su familia, su aldea, los gobiernos y la comunidad del desarrollo. Disponemos de un creciente cuerpo de conocimientos sobre los efectos multigeneracionales y cíclicos de lo que ocurre cuando el entorno de un niño se contamina con heces. La ONU estima que 2.400 millones de personas aún carecen de acceso a instalaciones de saneamiento mejoradas, de las cuales casi 1.000 millones practican la defecación al aire libre.
Este año, el tema del Día Mundial del Inodoro se centró en poner de manifiesto el vínculo entre los inodoros y la nutrición. La malnutrición es un problema multifacético que implica algo más que la disponibilidad y la asequibilidad de los alimentos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 58 % de las diarreas están asociadas a la falta de agua, saneamiento e higiene adecuados.
Los niños que sufren episodios repetidos de diarrea presentan cambios permanentes en la estructura de sus intestinos, lo que provoca dificultades para absorber nutrientes y conduce al retraso del crecimiento, una forma de malnutrición crónica. Cuando los patógenos del entorno, especialmente los patógenos fecales, atacan constantemente el intestino, las infecciones, que pueden permanecer como infecciones subclínicas y, por tanto, pasar desapercibidas, dañan el revestimiento intestinal y lo privan de su capacidad para absorber nutrientes, lo que conduce a la malnutrición. El intestino delgado se vuelve más permeable y los patógenos causantes de enfermedades entran más fácilmente en el torrente sanguíneo, activando una respuesta inmunitaria y desviando energía del crecimiento humano.
Disponer de alimentos, de servicios de salud, de un entorno saludable y de buenas prácticas de cuidado se considera esencial para lograr buenos resultados nutricionales. Sin embargo, ninguno de estos tres elementos esenciales (alimentación, salud o cuidados) es suficiente por sí solo. Por ejemplo, la abundancia de alimentos puede aportar poco para nutrir a comunidades que están en contacto constante con gérmenes fecales, donde las enfermedades relacionadas con el agua y las excretas se propagan como consecuencia de un saneamiento, un abastecimiento de agua y unas prácticas de higiene insuficientes. La malnutrición puede ser generalizada incluso en regiones con abundancia de alimentos asequibles, porque este alimento no es bien absorbido por el organismo [1].
El retraso del crecimiento podría importar menos si sus consecuencias se limitaran a la estatura de los niños. Pero también se asocia con deficiencias cognitivas graves y permanentes, respuestas inmunitarias a las vacunas deterioradas, una predisposición futura a la obesidad y a enfermedades crónicas, y la perpetuación de la transmisión intergeneracional de la pobreza [2].
Quizá sea aún más preocupante que el retraso del crecimiento y la pobreza provocada por la defecación al aire libre persistan a lo largo de las generaciones. Las mujeres con retraso del crecimiento tienen más probabilidades de dar a luz a niños con retraso del crecimiento; la mala nutrición materna y la exposición a enfermedades infecciosas tienen efectos incluso antes de que nazca el niño, situándolo en una trayectoria de crecimiento más lento a lo largo de su vida [3] y condicionándolo a peores resultados de salud y a una menor productividad económica en etapas posteriores de la vida [4].
La visión restringida de la comunidad del desarrollo centrada en la diarrea puede haber subestimado en gran medida los efectos sobre la salud que pueden tener la mejora del agua, el saneamiento y la higiene (WASH) en los niños y en el capital humano futuro de los países. La importancia de estos vínculos ha cobrado impulso en los últimos años para movilizar proyectos de inversión en los sectores de salud, nutrición y WASH. Este nuevo enfoque ayudará a garantizar que, además de otros determinantes de la nutrición, como la disponibilidad de nutrientes y las prácticas de cuidado, se aborden también las limitaciones relacionadas con WASH. El Grupo del Banco Mundial está integrando actualmente WASH, nutrición y salud en al menos 13 proyectos en India, Pakistán, la República Democrática Popular Lao, Camboya, Vietnam, Etiopía, Mozambique, Uganda, Zambia y Haití, por un total de unos 440 millones de US$ en inversiones. A medida que la evidencia sobre esta sinergia sigue creciendo, la demanda de integración aumenta junto con la necesidad de reforzar los mecanismos para el seguimiento de estas inversiones.
Los equipos del Grupo del Banco Mundial de salud y de agua trabajan conjuntamente en una subvención de 31 millones de US$ para apoyar la ejecución de inversiones en saneamiento sensibles a la nutrición en Pakistán, lo que ha permitido ampliar a escala un piloto exitoso del enfoque en las provincias de Sindh y Punyab. El proyecto está formando a movilizadores sanitarios de base para que realicen visitas de seguimiento a los hogares con el fin de promover el saneamiento y supervisar el avance de las aldeas hacia el estatus de «libres de defecación al aire libre». El proyecto subraya un elemento esencial de los proyectos de saneamiento: el cambio de comportamiento a nivel individual y comunitario [5]que es esencial para mejorar los resultados en salud y nutrición y para obtener los beneficios de la inversión en infraestructuras.
Si queremos alcanzar nuestros objetivos de impulsar la prosperidad compartida y acabar con la pobreza extrema, debemos trabajar estrechamente con nuestros socios y clientes para estructurar nuestra labor en favor de mejores resultados en salud. Al trabajar de forma estrecha en ámbitos que durante mucho tiempo se consideraron compartimentos estancos, podemos poner de manifiesto el vínculo entre los inodoros y la nutrición y ayudar a que los niños crezcan más altos gracias a los inodoros.
[1] Bhutta et al. 2008, 2013. [2] Guerrant 2013. [3] Victora C.G., de Onis M., Hallal P.C., Blössner M., Shrimpton R. 2010. Worldwide timing of growth faltering: revisiting implications for interventions using the World Health Organization growth standards. Pediatrics. [4] Barker 1990. [5] “Sanitation and Externalities: Evidence from Early Childhood Health in Rural India,” Luis A. Andres, Bertha Briceno, Claire Chase y Juan A. Echenique, World Bank Policy Research Working Paper 6737, enero de 2014.
Andres et al. 2014, Gunther and Fink 2010.
La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autores: Martin Gambrill es actualmente especialista principal en agua y saneamiento de la Práctica Mundial de Agua del Banco Mundial, encargado recientemente de dirigir la agenda de saneamiento urbano y rural de dicha práctica. Meera Shekar es responsable mundial de nutrición y especialista principal de HNP en la Práctica Mundial de Salud, Nutrición y Población del Banco Mundial.
Imagen: Niños caminan por un callejón donde corren aguas residuales a cielo abierto en Pikine, Senegal, 16 de octubre de 2015. REUTERS/Makini Brice.


