Por qué el acceso a la electricidad es clave para el éxito de África

Por qué el acceso a la electricidad es clave para el éxito de África
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Una década después de la Cumbre de Gleneagles, África está experimentando una transformación extraordinaria. El nivel de vida está aumentando, se prevé que la clase media se duplique en los próximos diez años y un continente que entonces era una mancha en la conciencia del mundo es ahora el más apasionante. Los desafíos de África siguen siendo más conocidos que sus perspectivas; pero, con una revolución digital en pleno auge y una revolución de los datos en marcha, las naciones africanas tienen la oportunidad de saltarse etapas de desarrollo.

A principios de los años noventa, el crecimiento medio en el África subsahariana rondaba el -2 %. Casi dos tercios de la financiación externa procedían de la ayuda, mientras que las exportaciones apenas alcanzaban los 700 millones de dólares. Hoy, 10 de las 15 economías de más rápido crecimiento están en África; países como Kenia, Ruanda y Ghana crecen entre un 6 % y un 8 % al año, las exportaciones superan los 150.000 millones de dólares y la ayuda representa alrededor de una quinta parte de la financiación externa.

También se ha producido una explosión del crecimiento de las tecnologías digitales. Actualmente hay 650 millones de abonados a la telefonía móvil en el continente, más de 40 veces la cifra de 2000. En países como Nigeria, la proporción de adultos que poseen un teléfono móvil es la misma que en Estados Unidos. Este crecimiento supera con creces el del acceso a los servicios básicos. Pero la tecnología móvil es ahora, sencillamente, una tecnología personal universal, y tiene el potencial de revolucionar la prestación de servicios en África, tanto en el sector privado como en el público.

Este cambio es profundo y ya está ocurriendo. El servicio de dinero móvil M-Pesa transformó drásticamente los pagos de bienes y servicios en Kenia: puso fin de inmediato a las colas para pagar los servicios públicos y puso patas arriba la economía basada en el efectivo. Fue una innovación con una aplicación clara e inmediata para los servicios públicos. De manera similar, los servicios de salud móvil, o mHealth, tienen el potencial de mejorar radicalmente los resultados sanitarios en África mediante usos sencillos, como recordar a los pacientes que acudan a sus citas o difundir mensajes públicos como los emitidos durante el brote de ébola.

Al aprovechar el mercado mundial de ideas y aplicar tecnologías existentes para crear nuevos sistemas de prestación de servicios, las naciones africanas tienen la posibilidad de saltarse las etapas tradicionales de desarrollo. Pero quienes triunfen hoy no solo tendrán que buscar continuamente nuevas ideas, sin importar de dónde procedan, sino también crear nuevos conocimientos.

Por eso, la educación será crucial. A medida que el poder económico se traslada a las industrias del conocimiento, el capital humano de una nación determinará si prospera o no. La industria mundial del software, que no existía hace una generación, genera ahora ingresos de alrededor de 500.000 millones de dólares al año. Por tanto, las naciones africanas deben invertir en la calidad de sus sistemas educativos y en crear universidades de primer nivel, pero también estar abiertas a establecer alianzas con instituciones de fuera de sus fronteras.

«El próximo Silicon Valley no será un lugar específico, sino que podría ser una red global de personas afines, abiertas y comprometidas, que ideen productos y soluciones para la economía moderna»

Las colaboraciones entre países, como Carnegie Mellon en Kigali y el Civic Design Lab del MIT en Nairobi, pueden transferir competencias y conocimientos especializados, además de profundizar el entendimiento entre estudiantes de distintas religiones y culturas. Y nuevas innovaciones educativas globales, como los cursos masivos en línea (MOOC), tienen el potencial de crear efectos de red globales, con la transferencia de conocimientos e ideas entre estudiantes que viven en Monrovia y Múnich, Freetown y Fráncfort. Estas innovaciones podrían significar que el próximo Silicon Valley no estará en un lugar específico; en cambio, podría ser una red global de personas afines, abiertas y comprometidas, que piensen en cómo crear los productos y las soluciones que necesita la economía moderna.

Sin embargo, el requisito previo más importante para el éxito de un país será el acceso a la electricidad. En una economía del conocimiento, el acceso a la electricidad —incluso a un simple cargador solar— es la base de todo; supone un cambio radical. No solo se dispone de lo que tradicionalmente proporcionaba la electricidad, sino que también se obtiene acceso a la tecnología. Hoy, las carreteras, los ferrocarriles, los puertos y los aeropuertos también deben estar conectados. Por eso mi fundación, la Africa Governance Initiative, hizo de la provisión de electricidad una prioridad. Hemos trabajado con los gobiernos de Ruanda y Sierra Leona para ayudar a encender las luces y ahora apoyamos la iniciativa Power Africa del presidente Obama, cuyo objetivo es proporcionar 60 millones de nuevas conexiones eléctricas en el continente.

El desarrollo de esta infraestructura requerirá socios, no solo de los gobiernos y los organismos internacionales, sino también del sector privado. También exigirá adoptar formas de pensar nuevas e innovadoras. Tradicionalmente, a los gobiernos no se les da bien innovar. Pero tienen un papel clave en la creación del entorno adecuado y de las instituciones propicias, así como en el fomento de la receptividad a las nuevas ideas. Estas son las bases sobre las que se construyen las economías dinámicas y lo que muchos líderes africanos están construyendo hoy.

Esto significa que en gran parte de África existe un auténtico sentimiento de optimismo y oportunidad. A pesar de los desafíos, hay un espíritu inquieto, un deseo de progreso y expresión, y la convicción de que el cambio está en marcha. Las revoluciones digital y de los datos ofrecen la oportunidad de hacer realidad este cambio y, con ello, de distribuir el futuro de manera más equitativa.

Este artículo se publica en colaboración con Quartz Africa . La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Tony Blair fue primer ministro de Gran Bretaña e Irlanda del Norte entre 1997 y 2007. Es fundador y presidente honorario de la Africa Governance Initiative.

Imagen: El anochecer cae sobre Luanda, la capital de Angola. REUTERS/Mike Hutchings.

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