¿Qué inquieta a India?

¿Qué inquieta a India?
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Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI, es profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Harvard.

Kenneth Rogoff, antiguo economista jefe del FMI, es profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Harvard. Asiste con regularidad a la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos.

CAMBRIDGE – La reciente caída de India desde su buena posición macroeconómica es un giro lamentable de los acontecimientos. Tras muchos años de crecimiento superior al de otros países, el crecimiento del PIB se ha frenado bruscamente. Lo más probable es que la producción anual aumente menos de un 5 % este año, frente al 6,8 % de 2011 y al 10,1 % de 2010.

Las reformas se han estancado en medio de una profunda parálisis política. Todas las grandes economías emergentes se enfrentan a una demanda externa cada vez más débil, pero la desaceleración de India se ha agravado por una caída de la inversión que refleja una pérdida más profunda de orientación oficial y de confianza empresarial. Incluso la previsión del Fondo Monetario Internacional de una modesta mejora en 2013 depende de la capacidad del Gobierno para reactivar una serie de reformas económicas estancadas.

La reciente languidez de India ha propiciado un notable cambio en la opinión mundial. Hace apenas un par de años, India se estaba ganando la reputación de ser el lugar idóneo para invertir. Los jefes de Estado competían por reunirse con líderes empresariales en Mumbai, con la esperanza de allanar el camino a una expansión significativa del comercio y la inversión. Ahora su interés se ha desvanecido, junto con las cifras macroeconómicas.

Y, sin embargo, los cambios que están en marcha podrían darle la vuelta a la situación. El octogenario primer ministro de India, Manmohan Singh, se ha dado cuenta recientemente de la urgente necesidad de recuperar el impulso. Los economistas de todo el mundo han tomado nota de la llegada de Raghuram Rajan como economista jefe del Ministerio de Finanzas. Rajan es un destacado investigador académico, un brillante escritor de economía política y antiguo economista jefe del FMI. Pero está lejos de ser evidente que Sonia Gandhi, presidenta del Congreso Nacional Indio y la política más poderosa del país, comparta la agenda de reformas de Singh.

Es cierto que el gabinete se está reorganizando para dar protagonismo a ministros más jóvenes. Pero el proceso apunta a la continuidad de la tradición según la cual la mayoría de los ministros son designados por su lealtad a la familia Gandhi y no por su mérito y sus logros.

Por desgracia, en un país tan pobre como India, solo un crecimiento rápido y sostenido puede generar avances duraderos en el desarrollo. La tasa de pobreza de India (un indicador que, es cierto, resulta difícil de medir tanto conceptual como prácticamente) se redujo a la mitad entre 1981 y 2010, hasta situarse justo por debajo del 30 %, un logro notable. Pero Asia Oriental, que crece más deprisa, ha registrado un progreso considerablemente mayor, con una tasa de pobreza que bajó del 77 % al 14 % en el mismo período.

¿Por qué se ha desvanecido la aceleración del crecimiento de India? Durante muchos años, India se benefició del impacto duradero de la liberalización económica a principios de la década de 1990. En aquel momento, Singh, como ministro de Finanzas, desempeñó un papel central. Podía contar con el FMI, que tenía una influencia real en las políticas debido a la necesidad de India de un programa de rescate en 1991, para ofrecer apoyo externo que contrarrestara los enormes obstáculos internos a la reforma. Hoy, sin embargo, no existe ningún contrapeso externo a la presión política interna que frena una mayor liberalización.

Es cierto que el Gobierno de India debe considerar ahora las crecientes amenazas a la calificación crediticia de grado de inversión del país. Las principales agencias calificadoras se quejan cada vez más de la falta de una estrategia de crecimiento y de los desorbitados déficits presupuestarios del país. Pero el impacto ha sido limitado, debido a la capacidad de las autoridades para endosar deuda a la fuerza a bancos locales, compañías de seguros y fondos de pensiones cautivos.

En efecto, este impuesto de “represión financiera” a los ahorradores nacionales sigue siendo una enorme fuente opaca de financiación para el endeudado Gobierno de India. Además, impide que los fondos se canalicen hacia proyectos de inversión del sector privado con tasas de rentabilidad mucho más elevadas que las que el Gobierno puede ofrecer.

La buena noticia es que, desde una perspectiva económica, todavía hay mucha fruta al alcance de la mano para restaurar el crecimiento. Aunque India hace bien en evitar llevar la liberalización financiera al extremo al que llegó Estados Unidos en las décadas previas a la reciente crisis, puede hacer bastante sin asumir riesgos inapropiados, como una comisión presidida por Rajan detalló hace unos años.

El sector minorista es una enorme fuente de ineficiencia que, en la práctica, impone un gravamen masivo a los pobres de India al hacer subir los precios. En lugar de demandar a minoristas extranjeros como Wal-Mart, India debería encontrar formas de emular y aprovechar sus métodos hipereficientes. La infraestructura mejora lentamente, pero las carreteras, los puertos, el acceso al agua y la red eléctrica siguen siendo espantosos en amplias zonas del país.

Por supuesto, el Gobierno democrático de India no puede simplemente arrasar con las personas y el medio ambiente para crear infraestructuras. Pero los obstáculos también incluyen capas de burócratas y políticos corruptos: una vasta red de resistencia a la reforma.

Algunos sostienen que la parálisis del Gobierno central es inevitable en una democracia de 1.200 millones de personas, y que la única forma de reactivar a India es establecer una confederación más laxa de sus estados constituyentes. La descentralización liberaría a los estados económicamente más exitosos. Y, al combatir la cultura de dependencia de la ayuda en los estados económicamente más débiles, las regiones más pobres de India también podrían beneficiarse a largo plazo.

Por disfuncional que parezca hoy una Europa descentralizada, India podría beneficiarse de avanzar algunos pasos en esa dirección, incluso mientras Europa lucha por centralizarse aún más. La descentralización podría sonar poco realista, pero en su momento también lo sonó la Unión Europea. Si la nueva agenda de reformas de Singh vuelve a bloquearse, quizá llegue el momento de una evaluación más radical.

Las opiniones expresadas aquí son las del autor y no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con Project Syndicate.

Imagen: Un corredor de bolsa indio reacciona mientras opera en una casa de bolsa en Mumbai REUTERS/Arko Datta

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