¿Cuál es el futuro de la convergencia económica? 

Final numbers for the Dow Jones industrial average are displayed after the close of trading on the floor of the New York Stock Exchange (NYSE) in Manhattan in New York, U.S., October 11, 2018. REUTERS/Brendan McDermid? - RC110DE21200
Why have so many countries found it hard to grow in a sustained manner?Image: REUTERS/Brendan McDermid
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Cada vez parece más plausible que el equilibrio de la actividad económica se desplace parcialmente de Estados Unidos y sus aliados posteriores a la Segunda Guerra Mundial hacia las nuevas posibles superpotencias económicas, China y la India. Pero ese cambio no necesariamente transformará el funcionamiento del mundo.

¿Quién puede sostener ahora un rápido crecimiento económico? La respuesta a esta pregunta determinará no solo la geografía de la prosperidad en las próximas décadas, sino también cómo será el equilibrio de la actividad económica mundial en 2030 o 2050. Cada vez parece más plausible que este equilibrio se desplace parcialmente de Estados Unidos y sus aliados posteriores a la Segunda Guerra Mundial hacia las nuevas posibles superpotencias económicas, China y la India. Pero ese cambio no necesariamente transformará el funcionamiento del mundo.

Sobre el papel, el crecimiento económico —un aumento sostenido de la productividad— puede parecer sencillo. La productividad de una economía, o su producción per cápita, depende del capital existente, la mano de obra (el número de trabajadores y su nivel educativo) y un factor residual, ciertamente impreciso, conocido como «productividad total de los factores», que se refiere a cómo se organizan el capital y la mano de obra. La idea básica del crecimiento económico moderno —que comenzó a finales del siglo XVIII— es que implica construir capital físico (edificios, máquinas e infraestructuras), elevar los niveles educativos y combinar estos «factores de producción» de manera que aumente la productividad. La innovación tecnológica, ya sea propia o importada, suele contribuir.

No hay aquí secretos profundos. Los países llevan más de 200 años creciendo de esta manera. Se puede adaptar una estrategia de crecimiento a los recursos naturales disponibles, como la abundancia de carbón o el acceso al mar. Se puede crecer apoyándose en un papel más importante del gobierno (como en Singapur) o principalmente en el sector privado (como en Hong Kong).

Entonces, ¿por qué tantos países han tenido dificultades para crecer de forma sostenida? Durante al menos 50 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, hubo una convergencia sorprendentemente escasa de los ingresos per cápita . Las economías ricas (Europa occidental, Estados Unidos, Canadá y Australia) avanzaron de manera constante, mientras que la mayoría de los países más pobres, pese a algunos episodios de crecimiento aceptable, no se acercaron significativamente a los niveles de productividad e ingresos de los países líderes.

Las relativamente pocas grandes sorpresas positivas de crecimiento de los últimos 50 años se han producido casi todas en países asiáticos que al principio se centraron en exportar productos manufacturados baratos y luego encontraron formas de mejorar su calidad y ofrecer productos más sofisticados. Japón puede considerarse el primer país no europeo que siguió esta vía de desarrollo; Corea, Singapur, Hong Kong y otros lo hicieron después. A menudo se considera que el desarrollo de China siguió líneas muy similares, como documenta un informe reciente del McKinsey Global Institute.

La explicación más sencilla es que las élites de esos países comprendieron que se beneficiarían de las exportaciones y del crecimiento económico asociado. En consecuencia, resolvieron los problemas políticos, mantuvieron la corrupción bajo control y organizaron el funcionamiento del gobierno de manera razonable.

Al analizar los datos recientes sobre el desempeño económico en todo el mundo, Arvind Subramanian, exasesor económico jefe del Gobierno de la India, y sus colegas sostienen que la convergencia de los ingresos per cápita se está extendiendo de forma más generalizada. Esto es totalmente plausible y, en mi interpretación, puede significar que ahora más élites favorecen el crecimiento. El efecto demostrativo de China puede ser convincente: la lección es que es posible aplicar las reformas necesarias para crecer rápidamente y mantenerse en el poder. Puede sonar cínico, pero en realidad es un mensaje optimista, al menos en cuanto a las perspectivas de reducir la pobreza en todo el mundo.

Por ello, hay buenos motivos para pensar que China y la India podrían mantener tasas de crecimiento anual cercanas al 7 %, mientras que los países desarrollados, como Estados Unidos, suelen registrar un crecimiento medio del 2-3 %. La extrapolación de estas tasas de crecimiento sugiere que los mercados emergentes podrían representar mucho más del 50 % del PIB mundial, medido a tipos de cambio de mercado, para 2030. Sin duda habrá contratiempos, pero parece probable que se avance de forma constante.

El impacto en el sistema mundial, con su estructura actual de instituciones multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio) y una multitud de organizaciones que establecen normas y fomentan el consenso, podría ser menor de lo que se piensa. Es difícil crear nuevas reglas y normas. Si el sistema actual permite el crecimiento, ¿por qué no trabajar dentro de él?

Para Estados Unidos, mientras el dólar siga siendo la principal moneda de reserva mundial y el refugio seguro preferido, el impacto de caer al segundo o incluso quizá al tercer puesto en términos de producción económica podría no ser tan grande. De hecho, Estados Unidos podría prosperar como fuente de innovación y nuevos productos, vendiéndolos a un mercado mundial más amplio.

Los principales factores que socavan las perspectivas de prosperidad de Estados Unidos se deben, en su mayoría, a sus propias decisiones políticas. Los déficits fiscales insostenibles, una política comercial cuestionable, un alto nivel de desigualdad, infraestructuras en ruinas, escuelas con resultados deficientes y una atención sanitaria inasequible son consecuencia de decisiones internas. Que los estadounidenses afronten o no esos problemas tiene poco que ver con China o la India.

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