A medida que aumenta la presión para que África asuma una mayor responsabilidad en el desarrollo, la paz y la seguridad del continente, la cuestión del liderazgo regional cobra urgencia. Un reciente artículo de African Futures analiza la evolución de las capacidades de poder de Argelia, Egipto, Etiopía, Nigeria y Sudáfrica (los llamados «Cinco Grandes») durante los próximos 25 años. Estos países son líderes en sus respectivas regiones y cuentan con parte del mayor potencial de poder de África.
En conjunto, representan el 60% de la economía africana, el 40% de la población de África y el 58% del gasto militar del continente. Se espera que estas proporciones se mantengan durante los próximos 25 años. El futuro de estos países ofrecerá una respuesta bastante directa a la pregunta, a menudo planteada, de si África está o no en ascenso. En efecto, si estos Estados caen o fracasan, África no podrá ascender.
Los autores del artículo, publicado por el Institute for Security Studies y el Frederick S. Pardee Center for International Futures, utilizan el sistema de previsión International Futures para proyectar las trayectorias futuras del poder. En un mundo cada vez más interconectado, donde las instituciones importan, los Estados que no establezcan redes tendrán poca influencia en cuestiones de gobernanza regional y mundial.
Las proyecciones examinadas en el artículo se basan en un nuevo índice para medir el poder nacional, que incluye los vínculos diplomáticos además de las medidas tradicionales, como la demografía, la economía y la tecnología.
Si el mundo fuera una democracia, los africanos sin duda tendrían más voz
Hoy, el poder combinado de los 55 países de África representa cerca del 9% del poder mundial. Es más que el de Japón, Rusia o India, pero menos que el de Estados Unidos (EE. UU.) o China, que representan alrededor del 18% y el 13% del poder mundial, respectivamente. Para 2040, se prevé que el poder relativo total de África supere al de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, cuyo poder está en declive, aunque solo alcanzaría alrededor del 11% del poder mundial. Esto contrasta con la evolución demográfica del mundo. Para 2050, una de cada cuatro personas será africana. Si el mundo fuera una democracia, los africanos sin duda tendrían más voz.
En las próximas dos décadas, África seguirá al margen del poder mundial. Y esto es quedarse corto, ya que África claramente no es un país ni una unión de Estados con ningún tipo de disposiciones supranacionales. Incluso con avances importantes en la integración regional y continental, es muy poco probable que África hable con una sola voz en materia de política exterior o pueda actuar al unísono.
Solo Nigeria tiene potencial para convertirse en un actor de importancia mundial. Pero esto exigiría cambios de gran alcance en su estabilidad interna actual, su capacidad de gobernanza y su liderazgo político, un escenario poco probable. Se espera que todos los demás países africanos sigan siendo las llamadas «potencias menores», lo que afecta la influencia de África en cuestiones de gobernanza mundial.
En el caso de los Cinco Grandes, los datos cuentan la historia de dos potencias emergentes y tres cuyo potencial está menguando. Se espera que las capacidades de Nigeria y Etiopía crezcan considerablemente en los próximos 25 años. En cambio, se prevé que las de Egipto, Sudáfrica y Argelia permanezcan estancadas o experimenten un ligero descenso.
Se espera que la economía de Nigeria, ya la mayor de África, represente casi el 3% de la economía mundial para 2040. Está previsto que su gasto militar aumente significativamente durante los próximos 25 años y que supere al actual peso pesado militar de África, Argelia, en aproximadamente 10 años. Se prevé que, para 2040, Nigeria represente casi una quinta parte de las capacidades de poder totales de África.
Se prevé que, para 2040, Nigeria represente casi una quinta parte del poder total de África
Etiopía, la otra potencia en ascenso, parte de una base baja y seguirá siendo el país más pobre de los Cinco Grandes. No obstante, se espera que para 2040 sea la sexta economía más grande de África, debido a las elevadas tasas medias de crecimiento económico. Es probable que Argelia, Egipto y Sudáfrica crezcan por debajo de la tasa media de crecimiento africana del 6,3% anual. El tamaño de sus poblaciones también se estancará, aunque esto se debe a niveles generales de desarrollo más altos, asociados con tasas de fecundidad más bajas.
Entre los Cinco Grandes, Egipto ha dominado tradicionalmente la categoría de participación diplomática mundial. Esta puede evaluarse según el número de embajadas en el extranjero, la cantidad de membresías en organizaciones internacionales y el número de tratados internacionales ratificados por un país. La ubicación estratégica de Egipto y su importante papel tanto en el nacionalismo árabe como en el africano hacen que esté profundamente conectado a nivel internacional. Le siguen de cerca Sudáfrica, Nigeria y Argelia, mientras que Etiopía queda rezagada. No sorprende que Sudáfrica diera grandes pasos tras el fin del apartheid en 1994, cuando el país se reintegró a la comunidad internacional.
La forma en que los Cinco Grandes proyectan su poder no necesariamente se ajusta a sus capacidades. Al fin y al cabo, el poder depende tanto del potencial como de su proyección concreta. Algunos países pueden influir en más actores, instituciones o regímenes internacionales de lo que cabría esperar según sus capacidades, mientras que otros no están a la altura de su potencial.
Es cuestionable que Sudáfrica siga teniendo una influencia superior a la que cabría esperar por su peso
Este es el caso de Nigeria, que ha tenido una influencia inferior a la que cabría esperar por su peso, pese a contar con un sólido conjunto de capacidades. Los altos niveles de inestabilidad interna y corrupción, junto con una economía política de la violencia, comprometen las perspectivas del país. También falta una visión estratégica en el ámbito de la política exterior, situación que se ha visto agravada recientemente por la creciente amenaza de Boko Haram.
El papel de Argelia en África también contrasta con sus capacidades relativamente sólidas, aunque en declive. Ante importantes amenazas internas y regionales, Argelia sigue centrada en la necesidad de mantener una gran capacidad militar para fines internos.
Egipto ejerce una influencia internacional superior a la que cabría esperar por su peso, pero inferior en el contexto africano. El país tiene dificultades para hacer frente a las secuelas de la Primavera Árabe, así como a los efectos indirectos del conflicto en la vecina Libia. Los desafíos internos parecen restarle capacidad para proyectar poder fuera del país; sus prioridades externas giran en torno al conflicto en Oriente Medio y a los esfuerzos por contener el terrorismo.
En cambio, tanto Sudáfrica como Etiopía han ejercido, en gran medida, una influencia superior a la que cabría esperar por su peso. Pese a sus capacidades limitadas, Etiopía es el mayor contribuyente africano a las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas y desempeña un papel importante en cuestiones de paz y seguridad en el Cuerno de África. De hecho, la seguridad regional es una prioridad interna para Etiopía.
Por su parte, Sudáfrica ha sabido aprovechar el milagro de la transición a la democracia; el legado de Nelson Mandela; el activismo internacional de su sucesor, Thabo Mbeki; así como varios años de crecimiento económico sólido y un entorno mundial favorable. Sin embargo, es cuestionable que el contexto actual de capacidades estancadas o incluso en declive y la falta de un liderazgo creíble permitan a Sudáfrica seguir teniendo una influencia superior a la que cabría esperar por su peso en el futuro a medio plazo.
Lo que parece seguro es que la distribución del poder relativo en África seguirá siendo multipolar, con varios países desempeñando el papel de líderes regionales.
Este artículo se publica en colaboración con ISS Africa. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: .Julia Schünemann es investigadora sénior y directora de proyecto del African Futures Project.
Imagen: Una fotografía de larga exposición muestra la niebla estacional iluminada por las luces del puerto de Ciudad del Cabo, mientras la ciudad se prepara para el comienzo del invierno en el hemisferio sur. REUTERS/Mike Hutchings.


